Emerson Segura Valencia / La herencia parlamentaria, sumisión pactada

Posverdad

El parlamento como espacio depositario de las demandas ciudadanas, exige diversas destrezas que van desde la presentación de alguna reforma o iniciativa con un rigor técnico importante, hasta habilidades retóricas que permiten el intercambio fluido de ideas. No obstante, también es un espacio que propicia las condiciones para que los legisladores hagan gala de su vocación democrática y exhiban de cuerpo entero sus aspiraciones e intereses.

México experimentó las mieles de tener un Congreso sin la hegemonía del partido en el gobierno desde 1997, cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y en 2000, pasaría lo mismo en el Senado pero ya con el entonces presidente panista Vicente Fox. México de manera preliminar, daba un paso en su ambición de dejar los antiguos vicios del presidencialismo y del Congreso obediente y sumiso. El ejercicio de la oposición desde la trinchera parlamentaria fue una novedad durante el panismo, ya que el PRI supo mantener los candados y resortes que ampliaron sus márgenes de maniobra y de esta manera, seguir vigentes en la palestra pública a pesar de haber perdido la silla presidencial.

Posteriormente, en 2012 el presidente Enrique Peña Nieto configuró el denominado Pacto por México. Un acuerdo interpartidista gestado para evitar reveses legislativos y la parálisis de las Cámaras, situación que el priismo desconocía. La intención del presidente encumbrado por la televisión, era la de Mover a México.

Un reflexión que ha recorrido la opinión pública a los seis meses de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia es ¿qué tipo de oposición tenemos?, pero otra que nos conduce por ese mismo hilo es, ¿qué tipo de Congreso tenemos?

El debate actual sobre la reforma educativa, la reforma laboral, la aprobación de nombramientos, entre otros, ha exhibido más allá de un escrutinio entre poderes (Legislativo y Ejecutivo), un desdén por los procesos constitucionales. Desde la firma de memorándums para suspender la aplicación de la reforma educativa de Peña Nieto o el nombramiento de un mando militar (si bien en proceso de retiro) al frente de la Guardia Nacional a pesar de que el Congreso había aprobado uno de carácter civil, revelan el desprecio del presidente por las prácticas parlamentarias. Es de extrañarse, como no de los mayores protagonistas de la política contemporánea en México como lo ha sido el presidente, nunca ha ocupado un escaño en alguna cámara, mucho menos liderar un grupo parlamentario. Otro apunte sobre la vocación parlamentaria del presidente es que durante su gestión como Jefe de Gobierno, intentó en más de una ocasión gobernar a través de bandos, en 23 para ser más exactos.

Por otro lado, no es menor la demostración de canibalismo partidista al interior de Morena. Cada liderazgo de Morena juega sus fichas como mejor le conviene para disputarse el poder, esa es la verdadera batalla. Los prematuros forcejeos por el poder al interior de Morena recuerdan a los tiempos del priismo que gobernaba en solitario, donde el límite al poder solo tenía como dique al mismo partido o al presidente.

Mientras que en la Cámara de Diputados, Morena ha iniciado una investigación a David Monreal, hermano del Senador Ricardo Monreal a través de la Comisión de Honor y Justicia por supuestamente haber violado las designaciones electorales como imposición de candidatos y recursos irregulares en Zacatecas, el Senador Monreal avanza a paso rápido y mueve piezas no solo en el Congreso, sino también en el contexto de los comicios en Puebla, tras llenarle el ojo al candidato morenista y ex senador, Miguel Barbosa.
La cultura parlamentaria en nuestro país hereda coordenadas de un ejercicio vertical del poder con raíces profundamente autoritarias. Estas raíces tienen como principal característica el “mayoriteo” y la disciplina partidista. Monreal conoce bien el entretejido del poder en tiempos de alta concentración del poder, por eso, asegura “que no tiene intermediarios con el Presidente”, lo ve todo “directo con él” como lo señala en entrevista para el periodista René Delgado de Grupo Reforma. En esa misma entrevista, aseveró que en el Senado “si hay una oposición” e identifica a la Cámara como “el corazón de la República”. Delgado al cuestionarlo por su opinión respecto a la oposición, Monreal responde sin dudar que los mejores perfiles de ésta se encuentran en el Senado, destacando a perfiles como Osorio Chong por su amplia experiencia política, a Miguel Ángel Mancera por ser una “revelación” como jurista en materia constitucional, así como a Damián Zepeda del PAN calificándolo como “brillante”. Ahora entendemos porque le agrada tanto esa oposición. Si bien no sabemos cuál será la cruzada del zacatecano, podemos deducir que se coloca como un protagonista de la Cuarta Transformación, aunque de momento, no sabremos si como primer oficial, jefe de máquinas o más bien como aduana.

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