EMERSON SEGURA / EL HAMPA

POSVERDAD

El artista sevillano, Antonio García Villarán, ha creado el concepto de hamparte para definir aquellas “obras de arte” que son presentadas en galerías, museos y grandes casas de subasta con el objetivo de que sean cotizadas a precios exorbitantes a pesar de no contar con algún rigor artístico-técnico importante. De tal suerte, que son utilizadas por el mundo del arte contemporáneo para otorgarles un lugar en la historia justamente cuando de lo que carecen es de eso, de arte. Este concepto lo construye a partir de la yuxtaposición de la palabra hampa, que, según la RAE, significa “conjunto de maleantes, especialmente de los organizados en bandas y con normas de conducta particulares” y de la palabra arte. Es decir, el artista denuncia la falsedad, el abierto engaño y la estafa por parte de un grupo de personas que deciden que merece colocarse en el MoMa de Nueva York, en las galerías Guggenheim o en la Bienal de Venecia. García Villarán asegura que este engaño lo perpetran desde “concienzudos textos teóricos, filosóficos o políticos que no reflejan la realidad de la obra”, que son redactados con una supuesta superioridad intelectual. De esta manera, el mensaje que transmiten a la sociedad es que si consideras incomprensible cierta pieza, es porque tal vez “no estás iniciado en las profundidades del arte conceptual” o simplemente, no gozas de alguna “fibra de sensibilidad” para este tipo de arte superior.

La semana pasada el presidente López Obrador arremetió de nueva cuenta contra la prensa llamándola “hampa del periodismo” tras ser cuestionado por la renuncia de Germán Martínez al frente del IMSS y las fuertes tensiones con la SHCP. Para el presidente la teoría del complot y de camarillas al servicio del poder sigue vigente. Durante varios años, Andrés Manuel denunció el cerco mediático que sufrió como candidato presidencial en la campaña de 2006 y cómo de esta forma se le marginó del espacio público desde las televisoras emprendiéndose así, una campaña de desprestigio en su contra. En un país donde en tan solo cinco meses, seis periodistas han sido asesinados y de seguir así, el 2019 se convertiría en el año más mortífero para la profesión según cifras de Artículo 19, el presidente no tiene recato y lanza dicha declaración. Si bien existen imperios mediáticos con intereses y que se han enriquecido desde el erario, una interrogante importante sería ¿por qué el presidente no le molesta ir a cenar a su casa siempre y cuando el yerno del presidente Trump sea el invitado principal?. El presidente se confunde de hampas. El presidente da a conocer una lista de periodistas que recibieron dinero público durante el sexenio del telepresidente, Enrique Peña Nieto, no como un ejercicio de transparencia y escrutinio, los ofrece para el consumo de la “politiquería” y la “grilla”, sin muchos detalles. El presidente disfruta del escarnio público, decide linchar, señalar y meter en el mismo saco a Ricardo Alemán que a Enrique Krauze o Daniel Moreno de Animal Político. Tal vez como sugiere el artista sevillano, es cuestión de perspectivas y para quien una obra de arte es un vaso de agua medio lleno (Wilfrido Prieto) que se vende en veinte mil euros, para otros, es un timo.

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