EL QUERÉTARO REPUBLICANO

DIVO

ANDRÉS GARRIDO DEL TORAL

CASA DE LA CORREGIDORA

Es posible plantear la hipótesis de que fue durante el primer tercio del siglo XVIII cuando ocurrió el traslado de la sede de las Casas Reales de la Plaza de San Francisco a la llamada Plaza de Arriba, a reserva de que en el futuro se conozca algún documento que confirme o desmienta lo anterior. Para 1739 las Casas Reales ya están en la Plaza Mayor, afirma el investigador Lauro Jiménez en su obra “Las Casas Reales”. Sobre el sitio donde se edificó el nuevo edificio de las Casas Reales, Valentín Frías hace notar que se trataba de “un solar estéril circundado de piedras brutas, heredad de una india, fue la cuna del edificio, llamado a ser con el transcurso del tiempo, el sagrado recinto en donde se alimentara una idea grande, grandísima, que sería la única y más gloriosa en los acontecimientos civiles del país: la Independencia”. “Antes de ser construido ahí ese edificio, el terreno perteneció a una india de nombre María Jimena; después fue adquirido por el Ayuntamiento de la ciudad, el cual empezó a construir el Palacio de Casas Reales y Cárceles, dejando bien pronto inconclusa la obra, por falta de fondos. Desde la llegada de los restos a Querétaro de doña Josefa Ortiz de Domínguez, el 21 de octubre de 1894, se le rindieron honores y manifestaciones, que expresaron la consideración de Querétaro para con su heroína. En el hoy Palacio de Gobierno estuvieron la noche del 21, en el templo de El Carmen fueron las honras fúnebres el 22 y en el Palacio del Archivo Histórico de Madero 70 estuvieron esa noche y parte del día 23. Además de las oficinas del Ayuntamiento y de la Prefectura se encontraban en ese edificio los seis juzgados, la Defensoría de Oficio y el Consejo de Salubridad. Todavía en 1979, año que dejó ser sede del ayuntamiento, el presidente municipal Mariano Palacios Alcocer se encontraba allí y fue el último en despachar en ese lugar de la planta baja. Como sede del Poder Ejecutivo del Estado funge a partir de julio de 1981. Este edificio está asociado con una puntada del general Tomás Mejía, el día 2 de noviembre de 1857, cuando el serrano tomó Querétaro. Decidió arengar al pueblo desde el balcón del palacio al pueblo congregado en la plaza, y montado a caballo atravesó el patio, subió la escalera principal, pasó por la columnata del primer piso y por el salón principal y, todavía a caballo, se presentó en el balcón ante el pueblo que se quedó pasmado. Mientras, en la planta baja del edificio, los presos liberados incendiaban los archivos municipales y estatales para destruir sus antecedentes en expedientes penales. Así se perdieron documentos valiosos de la época de la insurgencia. El Palacio de la Corregidora en el Sitio de Querétaro: El 20 de abril de 1867 se imponen nuevos préstamos forzosos a los vecinos. El rudo general Ramón Méndez manda llamar a los sospechosos de tener dinero a su oficina del palacio de la Corregidora, convertido en palacio departamental y en donde despachan los funcionarios que sirven a Maximiliano en lo administrativo. Entre los más prominentes sospechosos se encuentran don Bernabé Loyola y don Juan Rubio a quienes se les exigen mil pesos por cabeza, afirmando Loyola que no puede dar nada porque simplemente ya no tiene para dar; Rubio da quinientos esperando que sus deudores le paguen a la vez. Otro de los sospechosos era el agiotista Guadalupe Barragán, quien fue sacado de su escondite por un ayudante de Méndez, y quien no quiere dar los cincuenta pesos que se le impusieron. Entonces Méndez le dice que lo va a poner de pie encerrado en un círculo sin poderse mover fuera de él; si sale del círculo recibe de palos y se devuelve al redondel, en donde por cada hora que dure su rebeldía se le aumenta un peso más. Los otros crueles imperialistas encargados de las exacciones a los queretanos fueron el general Severo del Castillo y el coronel Francisco Redonet, que utilizaron el palacio departamental para hacer sus fechorías torturando incluso a los que se negaban a aportar dinero u objetos de valor. Durante el día 10 de mayo de 1867 ha habido una ceremonia de especial relieve y solemnidad, que ha tenido verificativo en el palacio departamental en que se ha convertido la Casa de la Corregidora; allí se han reunido quienes, distinguidos en los diversos combates, se han hecho acreedores a alguna recompensa y han recibido de manos de Maximiliano las condecoraciones que han sabido ganarse. Entre los premiados figura Alberto Hans. Como Leonardo Márquez no ha regresado a Querétaro y, desde luego, a él se le ha encomendado el que traiga las cruces para las condecoraciones, Maximiliano sólo entrega los listones y tiene la ingenuidad de decir a algunos de los condecorados: “Cuando venga Márquez venid a verme y personalmente os entregaré la cruz”, pero ya ni él mismo cree en lo que dice. Por falta de metal, en lugar de cruces se dieron gafetes de papel. Durante los días 12 y 13 de mayo de 1867 se ha recibido a la gente que convocó el general Mejía para darse de alta en las filas de la reacción, los que no pasan de doscientos y a quienes se recluta en el palacio departamental para darles una raquítica preparación militar, tan siquiera que sepan portar las armas, ya que a la salida del ejército regular del imperio ellos custodiarán la ciudad en lo que entran los sitiadores. Se explica la poca respuesta a la convocatoria de Mejía por los fracasos en los asaltos anteriores, y –si acaso alcanzaban el éxito- se expondrían a una persecución larga y fatigosa de la caballería chinaca que terminaría exterminándolos. Maximiliano ordena a S

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