Durante décadas, en México hemos tratado el agua residual como un desecho. Hoy, frente a acuíferos sobreexplotados y ciudades que crecen más rápido que su capacidad de abastecimiento, esa lógica ya no se sostiene. Por eso resulta alentador que este 24 y 25 de septiembre el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM sea sede del foro “Hacia un marco jurídico para un reúso del agua inclusivo y sustentable”, con la participación de la Conagua, instituciones académicas, organismos internacionales y operadores del agua.
Tengo el honor de participar como moderadora en este encuentro, convencida de que esta conversación no es menor. Que desde el ámbito federal se ponga sobre la mesa la necesidad de una nueva normativa para el reúso del agua, su incorporación a la economía circular y, eventualmente, su potabilización, marca un cambio de paradigma: dejar de ver el agua tratada como un residuo y empezar a verla como una fuente.
Querétaro conoce bien este debate. Cuando Óscar Zavala Gamboa, subdirector jurídico de la Conagua, visitó nuestro estado, fue claro en que la institución trabajaría en la actualización de la norma para hacer posible el reúso en condiciones seguras. Aquel compromiso hoy encuentra eco en un foro nacional, y eso confirma que la discusión jurídica avanza en la dirección correcta.
¿Por qué insistir en la perspectiva jurídica? Porque la tecnología ya existe. Lo que falta es certeza: reglas claras sobre quién puede reutilizar el agua, para qué usos, bajo qué parámetros sanitarios y con qué responsabilidades. Sin ese andamiaje, la inversión no llega, los organismos operadores no se arriesgan y la ciudadanía desconfía. La norma es lo que convierte una posibilidad técnica en política pública.
Además, la norma debe ser inclusiva. El reúso no puede convertirse en un privilegio de la industria o de los grandes desarrollos mientras las comunidades rurales siguen sin acceso a agua de calidad. Un marco jurídico moderno tiene que garantizar que el agua recuperada fortalezca el derecho humano al agua, nunca que lo sustituya ni lo condicione.
Para un estado como el nuestro, con un semidesierto que cada verano nos recuerda los límites de nuestras fuentes, el reúso no es una alternativa lejana, sino una necesidad inmediata. La industria, la agricultura y las zonas urbanas de Querétaro podrían liberar volúmenes importantes de agua de primer uso si contaran con reglas que permitieran intercambiar agua tratada con certeza jurídica.
Desde el Consejo Consultivo del Agua del Estado de Querétaro llevaremos a este foro la experiencia local y la convicción de que la gestión hídrica del futuro se construye con ciencia, con derecho y con participación social. El agua que regresa puede ser el agua que nos sostenga, siempre que sepamos darle un marco que la proteja.





