EL ADIÓS DE NACHO

Pincelada. Extendió Ignacio Garibay su capa en el ruedo de la Plaza de Juriquilla, la de sus grandes triunfos y en donde este sábado se despedirá de la afición queretana. FOTOS: FERNANDO VENEGAS

Cara a cara, frente a los astados de La Estancia que lidiará el sábado en Juriquilla al lado de Sebastián Castella y Fermín Espinoza “Armillita IV”, el torero Ignacio Garibay se declara “tristón y nostálgico” por su inminente despedida de la fiesta.

¡Reloj no marques las horas! exclama, mientras  se pasea, de jeans y camisa azul, por los corrales y el ruedo de su plaza, a dos tardes del retiro y de cerrar 30 años de vivir para el toro.

Aquí en el lugar de sus triunfos, en donde lidiará la penúltima de las 20 corridas del adiós, habla a PLAZA DE ARMAS, El Periódico de Querétaro, acompañado de su gran amigo el ganadero de La Estancia, Alejandro Martínez, que ha armado un encierro con toda la barba.

Ambos están listos para la cita del sábado. Tan importante para uno como para el otro. De Alejandro fueron los toros de la despedida en la México, en donde Nacho salió en hombros tras triunfar con “Matita de romero”.

“Mira lo que les traje” suelta el criador ante siete ejemplares de postal, cinco negros y dos cárdenos, que esperan en el “hotel de toros” como dice el letrero de esta área desconocida para el público.

-Están fenomenales, responde el matador, que –contra su costumbre y supersticiones aparte- ha venido a ver el encierro para las fotos de nuestro jefe de Información, Fernando Venegas, ante quien también despliega el pétalo de su capa en la fina arena de Provincia Juriquilla.

Dos de estos bureles le tocarán en suerte.

Alejandro Martínez dicta números y nombres: Alondro, como la mamá, 24; Medias Negras, por la canción de Sabina, 29; Coquetón,44; Contador, 22; Buen Amigo, 57 y Cabal, 30, ambos llamados así por Garibay y Vinatero, 21, bautizado así quién sabe por qué.

La penúltima y nos vamos, exclama Nacho.

¿Y qué dice la familia?

Ha sido siempre mi gran apoyo y está muy contenta, mucho más que yo, porque ya no me voy estar jugando la vida.

Aquí estarán el sábado para verlo triunfar como lo ha hecho a lo largo de esta última temporada en las principales plazas del país: la México, Guadalajara, San Luis Potosí, León, Zacatecas, Querétaro y la finalísima del 5 de mayo en la Feria de Aguascalientes.

Sin menosprecio para la Santa María, en donde se despidió en la tradicional de Navidad, dice de Juriquilla: ésta es mi plaza, en donde más he toreado. Tanto que el propio ganadero, con quien lo unen 25 años de amistad, recuerda haber tomado la alternativa con Nacho y haberse presentado aquí por última vez en marzo de 2009, hace diez años, con El Juli, Fernando Ochoa y Garibay en el cartel.

Por eso ha armado un gran encierro con al menos dos astados que habían sido catalogados como sementales, “pero convencí a mi papá de traerlos para esta fecha definitiva y grande”.

No es para menos, se despide una figura del toreo, con casi tres décadas de trayectoria, 600 corridas, ocho de ellas en Madrid, siete salidas en hombros en la México y ocho cornadas: Ignacio Garibay –el último matador de su generación- que se despedirá este sábado de la afición queretana, consciente de que ninguna actividad lo hará tan feliz como el toreo.

Eso confesó el año pasado a este reportero. Cuando le habló de sus triunfos, satisfacciones, miedos y fracasos. Nacho, el torero capitalino, radicado aquí desde hace diez años junto con su esposa, la conductora de televisión Claudia Quijas y su dos hijos nacidos en Querétaro.

La entrevista anterior se hizo en el campo bravo de Coroneo, Guanajuato, en donde se crían hoy los toros de la centenaria ganadería Santín, adquirida por Garibay a sabiendas de que no es negocio y que más bien podría dedicarse a proyectos inmobiliarios.Por lo pronto, aún tristón y con la nostalgia temprana a cuestas, deseando que el reloj no marque las horas, Ignacio garibay, a sus 43 años, está listo para torear su penúltima corrida el sábado ante su público queretano, con toros de La Estancia, junto a Castella y Armillia, y en la plaza de los hermanos Torres Landa, o sea, entre amigos. Después, ¡Dios dirá!

POR: SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN

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