EDMUNDO GONZÁLEZ LLACA / LÓPEZ OBRADOR Y LA DIVISIÓN

EL JICOTE

Existe un amplio consenso, incluso entre algunos miembros distinguidos de Morena, que el Presidente no puede mantener su discurso binario, maniqueo y polarizador. Al principio de su gobierno denuncié esta vocación de López Obrador de alimentarse con pleitos y escándalos. En tono de broma le hice algunas sugerencias de posibles controversias para que las incluyera en la de por sí espléndida cartuchera. Le propuse que podría inaugurar una polémica sobre las apariciones de la Virgen María; que desmintiera el milagro y que denunciara a Juan Diego como impostor. Actualmente, en sentido contrario, podría acusar de golpista a mi amigo Andrés Garrido por su tesis de negar la fundación de Querétaro. Como le gustan las emociones fuertes, sugerí que podría convocar a un concurso de caricaturas sobre Mahoma y de epigramas humoristas sobre el Corán. En México para tratar de conciliarse con los fifís y además escarbar pasiones, afirmaría que no fue Hidalgo sino Iturbide el verdadero Padre de la Patria. Ya animado demandaría sobre la necesidad de repatriar los restos de Porfirio Díaz para ponerlos en la rotonda de los Hombres ilustres. Zipizape súper garantizado. Por estas sugerencias se me vinieron encima mis amigos de Morena, me acusaron de no comprender la política, que el discurso rupturista con el pasado y con el presente, respondía a la necesidad de imponer la idea de un discurso fundacional y de que el nuevo gobierno era totalmente diferente; hazaña semejante a la de Hidalgo, Juárez, Madero. A mí no me convenció su interpretación del mundo de buenos y malos y permanente confrontación, lo único que agradecí es que el triunfo de López Obrador no lo equiparan al Bing Bang que dio origen al universo. El Presidente tiene más de un año en el poder, si tomamos en cuenta que Peña Nieto prácticamente abdicó y dejó que el candidato triunfador tomara las riendas de la vida pública del país. ¿Resultado? López Obrador ha mantenido su gusto por la reyerta. El colmo, se  ha peleado hasta con  la revista Proceso y La Jornada, medios que durante toda su carrera política le han dado una amplia cobertura y, lo hemos dicho, no se ha peleado con su sombra, porque a pesar de sus esfuerzos no la ha podido alcanzar, Recientemente acusó a Hernán Cortés de corrupto, hay rumores que por su relación con la Malinche lo quiere acusar de trata de personas y, por supuesto demandarle indemnización. Afortunadamente, como cristiano,  no ha pedido  que los judíos pidan perdón por la crucifixión. Bromas malas aparte, el resultado de este discurso pugnaz y bravero ya tiene testimonios muy preocupantes, como la manifestación de sus adversarios en el Monumento a la Revolución el mismo día de su mitin en el Zócalo. No discutiré si en uno había más y en otro menos, si unos eran acarreados y otro una movilización ciudadana espontánea. Lo cierto es que la cainización de su discurso está dividendo al país. Es momento que el Presidente renuncie a su mundo maniqueo de quien no está conmigo está contra mí. Que reconozca la pluralidad del país; que exalte la tolerancia; que invite al diálogo; si gobierna para todos que respete y escuche a todos. Soy escéptico, me conformaría que en esta época de armonía y paz, el Presidente no le arme bronca a Santa Claus ni meta la cizaña entre los Reyes Magos.    

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