EDMUNDO GONZÁLEZ LLACA / “LAS MAÑANERAS” Y LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA

EL JICOTE

A mi amigo César Jiménez Arreola, mi más sentido pésame por la muerte de su padre, Raúl Jiménez Martínez, un hombre esforzado, íntegro y siempre gozoso de la vida.

Edmundo González Llaca

Me pregunta una estimada amiga si estoy de acuerdo con las conferencias “mañaneras” del Presidente López Obrador, Respondo. Sí me parecen bien, muy bien, pero para que auténticamente sirvan e incluso sean una gran aportación al debate y a la democracia, se necesitan muchos, pero muchos cambios, entre otros el cuidado del leguaje, que el Presidente maneja con desenfado y hasta irresponsabilidad. A este respecto mucho tenemos que aprender de Colombia.

El país sudamericano tiene fama de ser la nación en la que se habla el mejor español del mundo. No lo sé, lo que es indudable y no tiene discusión es que no hay otro pueblo que sea tan obsesionado por la pureza lingüística como el colombiano. Su admiración a la gramática y al significado de las palabras la extendieron  al poder público, a tal punto que cinco gramáticos colombianos fueron elegidos presidentes de la República. Mario Jurisch Durán nos ilustra al respecto.

En mucho les ayudaba a los políticos los requisitos para aspirar a la presidencia, entre otros, ser mayor de 30 años, ser profesores de alguna ciencia, hablar y escribir con castiza elegancia, dominar como un erudito las literaturas grecorromanas y del Siglo de Oro y tener suficientes conocimientos gramaticales para poder escribir un Tratado de Principios.

Con estos requisitos no podemos dudar de la anécdota que se platica de uno de los presidentes gramáticos, Miguel Antonio Caro, que fue descubierto por su esposa en un contacto con una dama, de los llamados del tercer tipo, en una habitación en el mismo Palacio de Nariño.

“Estoy sorprendida”.- le dijo en tono algo más que airado, su esposa, Doña Anita de Narváez.

•“No mujer –le corrigió el mandatario mientras trataba de recuperar la compostura- Tú lo que estás es estupefacta, el sorprendido soy yo”.

No sabemos si esta corrección lingüística logró momentáneamente intimidar y distraer a su esposa o, al contrario, sobre la infidelidad agregó la agravante molesta de una corrección gramatical. En fin, lo importante es que nuestros políticos, sobre todo el Presidente, nos den ejemplo de la precisión, puntualidad y matiz que encierran las palabras.

Comentarios

Comentarios