EDMUNDO GONZÁLEZ LLACA / LA CENSURA (II Y ÚLTIMO)

EL JICOTE

La censura que pretende realizar Max Arriaga, Director General de Bibliotecas de la Cuarta Transformación, a los libros de Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, por considerar que estos autores hacen por su carga ideológica insinuaciones inconvenientes, representa un crimen y un error. Un crimen porque es un atentado contra la libre circulación de las ideas, el debate y la pluralidad. Significa fosilizar el pensamiento y reconocer de antemano su impotencia para debatir ideológicamente con los adversarios.  La censura en cualquier gobierno es una aberración, pero en el gobierno de López Obrador, que siempre denunció lo que llamó un “cerco informativo”, es más penoso que el festejo del crecimiento del 0.1%. La censura también es un error, pues bien decía  Chateaubriand: “La censura ha perdido a todos aquellos que han querido servirse de ella”. Nosotros tenemos un ejemplo reciente, un ex secretario de gobernación, omito su nombre porque ya falleció, solicitó a los maestros de la escuela a la que asistían sus hijos, que prohibiera la lectura de la bastante regularcita novela de Carlos Fuentes, “Aura”, por considerarla obscena. El resultado fue que la editorial tuvo que reimprimir el texto pues la demanda aumentó considerablemente.

El carácter obtuso de los censores, de estos gozadores solitarios de lo prohibido, estos gallardos polemistas sin interlocutores, parece remontarse muchos años atrás. Para quien lo dude, los siguientes extractos, con un finísimo humor – no sé si voluntario o involuntario de  la Guía del perfecto censor, escrita en 1474 por el Papa Alejandro VI:

“1) La censura es el arte de descubrir en las obras literarias o dramáticas, las intenciones perversas.

“2) Lo ideal es descubrir estas intenciones, aun si el escritor no las tuvo.

“3) Un censor capaz debe, a primera vista, detectar en la palabra ‘oficleido’ una injuria a la moral pública.

“4) La divisa del censor es: ‘Cortemos, cortemos, siempre quedará demasiado.

“5) El censor debe estar convencido de que cada palabra de una obra tiene une alusión pérfida. (Insinuación ideológica inconveniente diría Max Arriaga)

6) Cuando el censor llegue a descubrir la alusión, cortará la frase. Cuando no llegue a descubrirla, la cortará también, pues las alusiones mejor disimuladas son las más peligrosas.”

La censura y el autoritarismo caminan tomados de la mano, conscientes de su debilidad y cobardía los dos le echan montón a la democracia, de lo que se trata es borrar su esencia: las diferencias y la libertad. Todos, hasta los simpatizantes de la cuarta transformación, deberemos impedirlo.

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