EDMUNDO GONZÁLEZ LLACA / IMPUNIDAD Y CORRUPCIÓN (V Y ÚLTIMA)

EL JICOTE

A los sobre vivientes de esta serie de artículos mi agradecimiento. Un resumen. No existe un sistema de prevención contra la corrupción, cuando llegan a investigar las autoridades ya los corruptos andan de turistas VIP con nuestro dinero. La institución responsable  de prevenir la corrupción, la Función Pública, es una marioneta y manejan los hilos quienes supuestamente debe vigilar. Un amigo me decía que Compranet era un elemento de prevención de la corrupción. Como se lo dije a él: achíquele compadre. Esta aplicación sólo registra los contratos y las empresas favorecidas, pero no hace ningún seguimiento a los trabajos correspondientes. Por mi parte he propuesto como instrumentos de prevención la participación de la sociedad civil y de los testigos sociales, que el Presidente acusa de corrupción y le caen como patada en el hígado. Acusación que sin duda es parcialmente cierta, pero que no invalida su importancia, como se demostró con lo de la Estafa Maestra, es como si dijera que el lema promocional del Primer Informe: “Los compromisos se cumplen”, es una total mentira, pues algunos programas sociales adolecen de graves problemas de rezagos y algunos otros hasta los han hasta eliminado. Obviamente todas las generalizaciones son injustas. Procedamos a darnos un baño de pragmatismo, ni se le va a dar autonomía a la Función Pública y la sociedad civil y los testigos sociales seguirán en el limbo.  ¿Entonces? ¿Qué hacer? La institución que cumplió cabalmente su responsabilidad fue la Auditoría Superior de la Federación, quien evidenció el esquema corrupto en complicidad con las universidades. Debería entonces fortalecerse a la Auditoría en todos sentidos, jurídica, técnica y económicamente, como el instrumento institucional de prevención de la corrupción. Juan Manuel Portal, entonces titular de la Auditoría, desde aquí nuestras felicitaciones, informó a Rosario Robles y al Presidente Peña Nieto del saqueo. La denuncia de Portal  permite una deducción obvia, todas las pistas responsabilizan a Rosario Robles y conducen a la culpabilidad del Presidente Peña Nieto, y en otros casos de corrupción a Carlos Salinas de Gortari. Si López Obrador, después de un magnífico precedente de llevar a la cárcel a la ex secretaria, no impulsa hasta sus últimas consecuencias la investigación y el castigo a los más altos responsables, todo habrá sido un miserable escándalo; fuegos de artificio para distraernos del fracaso en otras áreas de gobierno. La otra posibilidad, López Obrador no trataba de luchar contra la corrupción, sino de hacer un llamado de atención a sus enemigos políticos: “Quietecitos y calladitos se ven más bonitos”. El mismo Presidente ha sostenido que Rosario Robles era un chivo expiatorio. Me emociona el solo hecho de pensar que el Presidente cumplirá con su palabra y así lo demostrará, Rosario Robles es sólo el principio. Compraría a los yerberos del mercado de la Cruz todos los laureles para cubrirlo de gloria, pero si todo ha sido una comedia, López Obrador será como tantos otros presidentes y la Cuarta Transformación la misma gata pero revolcada.   

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