Edmundo González Llaca

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EL JICOTE

Inusitado discurso de Francisco Domínguez

El Gobernador Francisco Domínguez está peleado con la palabra, la hablada y la escrita. Tiene una dislexia evidente y es un gobernante prácticamente ayuno de ideología, pero su discurso del cinco de febrero fue magnífico. Utilizó la celebración de la Constitución del 17 no solamente para dar la clasecita rutinaria de historia sino que se basó en nuestro pasado para lo que realmente debe de servir: como experiencia, cotejo con el presente y actualidad de sus enseñanzas.  Le acercó el caballo Galán a López Obrador y lo hizo con la decencia del anfitrión y una elegante inconformidad con su estilo y políticas presidenciales.

Al leer el texto Domínguez lo hizo en forma telegráfica, vocalizar lo obligaba a no pronunciar más de tres palabras seguidas pero garantizó así la posibilidad de no resbalar en balbuceos ininteligibles y se le entendiera todo, El gobernador, al menos en la forma, ha aprendido. Salvo una que otra floritura retórica de sobra conocida; “La mejor forma de honrar la Constitución no es evocándola, sino cumpliéndola”. El contenido, tal vez un poco largo, pero el mensaje claro e inobjetable.

De todos los aciertos me concentro en dos. Ya es tiempo de evitar los radicalismos y la confrontación que de nada sirven; es necesario promover la reconciliación. El gobernador convocó a ser conscientes de que el lenguaje, en la vida pública, hermana o confronta, aproxima o divide. Lo dijo ante un López Obrador que sigue manejando sus mensajes con una falta absoluta de respeto a sus repercusiones; es el sexenio de la inflación, de la inflación de la palabra. El discurso tiene que superar las rupturas, los calificativos de villanos y concentrarse más en la función integradora de la Presidencia de la República.

El gobernador también pega en el blanco cuando afirma que nuestra República elimina la perpetuación de los caudillos, que van de la mano del centralismo que es esencialmente conservador. Propone el remedio contra estos males de nuestra democracia: el federalismo, la división de poderes con un Congreso y un Poder Judicial independientes, finalmente y no menos importante, una cultura de la legalidad ante quien la practica como se le da la gana.

Magnífico discurso de Francisco Domínguez que todos debemos de tener presente, principalmente López Obrador, tan arrojado como errático y desbrujulado. Después de este cebollazo al Gobernador espero que se deje de acosar a Plaza de Armas y a mí, al menos, me la ofrezcan  de policía de crucero

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