Edmundo González Llaca

EL JICOTE

EL CINISMO

Un buen amigo, miembro del partido Morena y, por supuesto, identificado con López Obrador, me interpela con ira. Dice: “Calibraste bien el adjetivo de cinismo al juzgar la decisión presidencial de proponer como ministra de la Corte a tres personas capaces, entre ellas a tu amiga Celia Maya”. Respondo. Por supuesto que evalué este adjetivo que reconozco que es duro y severo, pero aplica. Paso a probarlo.

No es posible distribuir masivamente una cartilla moral que dice: “El bien no debe confundirse con nuestro interés particular… con nuestro provecho, nuestro gusto o nuestro deseo.. el bien es un ideal de justicia y de virtud que puede imponernos el sacrificio de nuestros anhelos, y aún de nuestra felicidad y de nuestra vida”. Al proponer López Obrador  juzgadoras de reconocido compromiso con su él y su mandato, otorga prioridad a su interés particular; se decide por asegurar la lealtad a su persona y a sus causas en lugar de garantizar la indispensable imparcialidad de la justicia.

Para el inmoral existe el mal y el bien, pero prefiere el mal; para el amoral no existe el mal ni el bien, todo le da igual mientras triunfe; para el cínico existen el bien y el mal, pero lo importante es liberarse de la preocupación de distinguirlos. El inmoral es víctima de culpas que tarde o temprano lo acosan; el amoral no tarda en ser descubierto, pues lo delata su falta de escrúpulos. El gran problema es el cínico es que todo es intercambiable. Resumiría Groucho Marx: “¿No le gustan estos principios? No hay cuidado, tengo otros”.

La perversidad de la decisión de López Obrador es que no destruye las relaciones sociales a martillazos, su acción parece hasta inofensiva. Dice: “No hay ninguna ley que prohíba designar ministras de un partido político”.  Diluida la potencialidad y la dicotomía entre el bien y el mal ético, el resultado ha sido el descaro: proponer militantes como ministra de la Corte. Aristóteles decía: “La ley es la razón sin pasión”. Preparémonos, ahora, la aplicación de las leyes estará contaminada por la pasión política.

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