Edmundo González Llaca

EL JICOTE

LA JUSTICIA

Me pareció muy positiva la reacción de López Obrador ante el terrible drama del poblado Tlahuelilpan, el Presidente se vio sensible y rápido de reflejos, en el lapso de cuatro horas ya estaba en el lugar de los hechos y giraba las primeras instrucciones a los secretarios de Estado involucrados. Acaba de anunciar diversos programas sociales en las zonas de ordeña. No estoy de acuerdo con su estilo de solucionar los problemas sobre la base de billetazos a los pobres y que el gobierno asuma el papel de Santa Claus laico. Regresamos a la famosa conseja, no des pescados, enseña a pescar. La situación es tan desgarradora y urgente que se pueden justificar esos programas.

Coincido en parte con el diagnóstico  de López Obrados, la causa de la criminalidad es la pobreza. No se dice nada nuevo, desde los griegos con Platón se considera que el fin de la política es la justicia. Escribe: “Sólo ella, la justicia, es capaz de provocar la concordia y la amistad, al revés de la injusticia, que procura odios, violencia, sediciones y luchas entre los ciudadanos y los gobernantes”

Sin embargo, y seguimos con Platón, para alcanzar la justicia y que florezcan todos los valores de los pueblos son fundamentales las leyes. Ellas cuidan al mismo tiempo el bien colectivo y el individual; son ordenadoras y pedagogas. Su acción no sólo propicia la justicia y la virtud, sino que permiten “distribuir la inteligencia”. Es decir, es necesario tipificar el huachicoleo como delito grave.

Reiteramos nuestro reconocimiento a la reacción presidencial, pero insistimos, la respuesta no se puede quedar en curitas de dinero que serán un bálsamo, quizá ahora necesario, pero no perdamos de vista que es una solución fugaz. La tragedia demanda políticas integrales.

Otro tema. Dice mi amigo Luis Bárcenas que soy “antiamlo”, no soy anti nada, perdón rectifico, pensándolo bien si soy un anti, soy anti chivas rayadas del Guadalajara.

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