DIEGO VENTURA, EL NÚMERO 1 DEL MUNDO EN JURIQUILLA

El próximo 1 de noviembre regresa a Querétaro, el mejor rejoneador del mundo. FOTO: ELDIARIOMONTANES.ES

SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN

Con la mirada puesta en la corrida del viernes en Juriquilla, Diego Ventura se reconoce como el mejor rejoneador del mundo y admite estar bien dispuesto para volver a alternar con Pablo Hermoso de Mendoza –“por mi encantado”- si los Pollos Torres Landa consiguen lo que ya no han logrado repetir las plazas de Madrid y México.

“Pollo contra Pollo”, punzan los reporteros a los empresarios, a propósito de la gran amistad de Juan Arturo Torres Landa con Pablo y de su hijo Juan Arturo Torres Landa Urquiza con Diego. Ellos podrían reunirlos aquí.

-No han podido Las Ventas ni la México, refunfuña El Pollote.

Pero tú sí, se le dice, que trajiste a José Tomás.

-Bueno, veremos, concede sin ganas. Habría que convencerlos y meter un mexicano a caballo, por reglamento.

Diego, nacido en Portugal pero radicado en Sevilla desde muy niño, sonríe ante directivos de medios y comunicadores, invitados a comer en Los Laureles por las tres generaciones de Pollos Torres Landa, despuesito de la conferencia de prensa con él, Jorge Hernández Gárate y los matadores Pablo Aguado y Luis David Adame, acompañados del ganadero Fernando  de la Mora, que se queja de que él echa toros grandes y le ponen letra chiquita en el llamado “Cartel Cumbre” de este 1 de noviembre en Provincia Juriquilla.

A Ventura –hoy de camisa azul, pantalón blanco, zapatos cafés y con los lentes para sol colgados al pecho- no le molestan las comparaciones con Hermoso de Mendoza. Eso dice, dándole un sorbo a su Coca Cola,  cuando este reportero le pregunta qué le provoca que se anuncie Pablo como el mejor rejoneador del mundo.

-“Lo ha sido, el mejor”, responde, pero… “Hoy yo toreo 40 tardes en las principales ferias y él 20, no en las principales. Yo corto siete orejas y él dos”.  Así de fácil así de difícil, como diría El Armero, nombre con el que, por cierto, Pablo Hermoso de Mendoza lidió un toro el 27 de marzo de 2015 en Juriquilla, según recuerda El Pollito esta tarde, advirtiendo que esa cabeza la debe tener por ahí guardada Ricardo Vielma.

Diego Ventura con uno de sus caballos en la Plaza de toros de Las Ventas. Foto: Antonio Heredia

Pero, volviendo a Diego, ya está haciendo historia. Fue el primer rejoneador en cortar rabo en Las Ventas, en  2018, pero no alterna con Pablo desde el 2 de septiembre de 2016 en la plaza de Mérida. Se habla de un veto, denunciado por el cronista Antonio Lorca en El País:

“Hasta ahora, el único ‘culpable’ conocido es Pablo Hermoso de Mendoza, con influencia capital en la Casa de Misericordia, -organizadora de la Feria del Toro de Pamplona-, y que ha conseguido que su compañero no haya debutado aún en los Sanfermines a pesar de que cumple este año su vigésima temporada como torero a caballo. El propio Ventura ha asegurado que “si hacer historia no me lleva a las ferias es que el toreo está hundido”.

¿Historia?, claro. En más de 70 años de la Plaza México nadie había indultado un toro de rejoneo. Hasta el 11 de febrero del año pasado que lo hizo Diego Espíritu Santo Ventura, con “Fantasma”, marcado con el número 82 de Enrique Fraga, el quinto de la tarde, en una tarde de gloria ante Enrique Ponce, El Payo y Luis David.

Hijo del rejoneador portugués Joao Ventura, de quien recibió la alternativa en 1998, es -a sus 39 años, que cumplirá el 4 de noviembre, tres días después de la corrida- quien más veces ha salido por la puerta grande en Las Ventas, desde 2005.

-Mi sitio está más que claro. Cada torero –Pablo y él- tiene su etapa.

Así que mejor hablemos del toro. Del de allá y el de acá. Hay una diferencia notable, cuenta. El mexicano va de menos a más. El español, al revés. Destaca los de De la Mora –que se lidiarán este viernes- y los de Encinos, Zacatepc, San Isidro y Montecristo, entre otros.

También cuenta, claro, de sus caballos. Especialmente de “Dólar”, un tordo con el que hace la suerte que nadie había hecho, quitarle el bozal o cabezal y enfrentar al toro en lidia insólita, con el mando de las piernas como lo hizo aquí en febrero de este año. Lo educó para eso, primero con vaquillas y luego ante los astados de las ganaderías más bravas.

Diego Ventura no rehúye ninguna pregunta. Ni siquiera la recurrente sobre las supersticiones y la fe, sabido que algunos toreros como José Tomás, Roca Rey y él no pasan, como era tradicional, por las capillas de la plaza.

-Soy creyente, pero si no voy a misa no sería sincero rezar el día que toreo. No pido que me vaya bien, más bien agradezco después, doy gracias porque no haya pasado nada malo.

Eso sí, tiene sus manías. No deja nunca el sombrero sobre la cama. Su primer pisada en la arena es con el pie izquierdo. Así lo hará el próximo viernes cuando parta plaza en su plaza, la de Juriquilla, en la que seguramente será otra gran tarde para el mejor rejoneador del mundo. Y si algún día Pablo Hermoso de Mendoza es convencido por los Torres Landa –“Pollo contra Pollo”- y decide volver a torear con él, aquí lo espera.

 “Por mi encantado”, remata.

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