DESDE LOS BALCONES

Podríamos iniciar este ensayo con una cuestión que acaba de difundirse  internacionalmente: los sobornos de Odebreck y la conducta pretendidamente moral del Juez Brasileño, Sergio Moro que, por consigna y prejuicio conservadurista interesado, con que encarcelara a Luis Inacio Lula Da  Silva, el hombre que ha dignificado la política brasileña sin adjetivos, en los últimos veinte años por lo menos.

En México acaba de suceder uno de tantos de esos fenómenos; en que se ampara a uno y a otro ex funcionarios de Pemex; entre otros, para que de esta manera, se sustraigan a la acción de las leyes constitucionales, merced a esa categoría moral, tornada categoría jurídica: la presunta inocencia generalizada, para unos cuantos, pero no para todos, así como así, dentro de la positividad civil a la que estamos o estaríamos sujetos todos los mexicanos; incluso los que nunca podrán delinquir a ese nivel, por no ser más que simples individuos,  meros ciudadanos comunes y corrientes si es que vamos a votar algún día y en esa forma  transcurrirá nuestro ciclo de vida, si bien y no nos desaparecen.

Dentro de este análisis se encuentran ocultos otros elementos concretos de nuestra política nacional, partidaria y hasta de oposición pragmática. ¿Cómo qué, o cómo cuál? Pues eso se anda creando estatus dentro del statu, (un estado dentro del estado) y nosotros hemos creado y hecho autonomías de todo. ¿Con qué fin? ¿Con el objeto de desbaratar el Estado, atomizándolo de arriba abajo, en cualquiera de sus partes? Eso es lo que se ha querido hacer y las transnacionales lo hicieron y entienden bien y ponen en práctica eso, cuando le imponen a México modelos administrativos, por ejemplo en Pémex, donde segmentaron y formalizaron esa rama industrial en tanto más cuantos segmentos pudieron dividirla, y eso lo realizó Mackenzie en México, durante el régimen de Ernesto Zedillo, otro tanto se hizo por vía legislativa, cuando idealmente fraccionaron los subproductos industriales de la petroquímica básica, denominando a unos “estratégicos” y a otros “no estratégicos”.

¿Qué fin o que objeto se perseguía con eso? Enajenar esos productos, arrebatarles a cada uno de esos productos su valor o pretendiendo hacer eso a futuro;  de manera tal que el capital mundial se introdujera y se  apropiara valor de los mismos contra el país, el trabajo y la historia de los mexicanos.

La Soberanía, (poder) se divide para su ejercicio en tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. ¿Qué sucede en la realidad? Son tres maneras como la burguesía y las oligarquías dominantes o transitoriamente en turno, alcanzan sus objetivos de clase, representados así “constitucionalmente”, pero sólo en favor suyo y en sus intereses de acumulación capitalista, asociados o no al exterior.

El PAN, por ejemplo, para curarse de espantos frente al PRI, le dio por fragmentar toda la esfera idealmente señalada a cada uno de los tres poderes, en realidad doblemente abstractos y, hoy, hasta el famoso y “omnipotente” poder ejecutivo, o sea la parte más fuerte del Estado Mexicano, históricamente probado, se le ha despojado del interés social en la persecución de los delitos.

¿Para qué y porqué se procedió así? ¿Sabían o adivinaban acaso, lo que se proponían hacer, cuando estas “alternancias” democrática iban a quitarse de enfrente todos los fantasmas de la corrupción y la impunidad, como para que al regreso de un nuevo Ejecutivo Federal no pudiera hacerles absolutamente nada, ya sin manos, merced a un fantasma de Procuraduría,  “Fiscalía Federal Autónoma” que ni siquiera el Vaticano y los Monarcas absolutos pusieron en práctica, caso concreto “La Inquisición”, que fue la mano dura de aquel colonialismo de tres siglos.

¿Cuál es la moral y cuál la política que cada fuerza política quiere imponer desde arriba, desde el Estado al que asciende cada “representante”, para luego devolver un poder sin escaleras de ascenso, ni control, mientras los ladrones y los saqueadores huyen corriendo por las azoteas de todos los niveles de las jurisdicciones y determinaciones judiciales abstractas, que no ven más allá de su reflexión subjetiva con que interpretan la ley; así resulta que los condicionados, condicionan y éstos, a su vez, se erigen en las condiciones “presuntas” de “según el sapo es la pedrada”, dentro de lo más oscuro de la crisis en que hundieron el país?

El abogado Coello Trejo, por ejemplo,  acertadamente dice que él no es inmoral y nadie de los que asisten a sus conferencias le pregunta ¿a qué moralidad se atiene? ¿A la suya propia? Sí; esa es la moral de la autoconciencia, de la suya y la mía y la de cualquiera; y apréseme y encuéntreme cuando pueda y cuando me encuentre, así me halle en Alemania, convertido en ciudadano alemán. ¡También así son las leyes y los tratados internacionales! Múltiples y facciosos si median intereses trasnacionales. ¡A poco no?  ¿a poco sí? Diría por ahí algún admirable queretano nuestro.

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