DAVID PÉREZ / LA ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA COMO EJEMPLO DE DIFUSIÓN

EXPRESIONES CULTURALES

nimos son los contactos que tiene la población en México con los proyectos arqueológicos.  Los más evidentes son los trabajos de descubrimiento y restauración de la mayoría de las zonas arqueológicas de nuestro país: impresionantes estructuras y piezas que atraen al turismo nacional e internacional y colaboran para mantener vivo el mito de la continuidad de los grandes imperios prehispánicos como una de las raíces de la identidad mexicana. 

Tal vez la arqueología sea una de las ciencias sociales más difundidas y apoyadas debido a los resultados que se obtienen de sus proyectos, que a menudo se convierten en tickets de visitantes y derrama económica cercana a las comunidades donde se realizan excavaciones. Comparada con otras disciplinas como la historia, lingüística o antropología, observamos una predilección en promover el patrimonio tangible (y monumental) sobre el intangible (la mayoría de las expresiones culturales), tal como se expresa en uno de los recintos culturales más visitados en nuestro país, el Museo Nacional de Antropología, el cual atrae más por su colección arqueológica que por sus salas etnográficas.

Sin embargo, la difusión de muchos proyectos arqueológicos suelen quedar invisibilizados por aquellos de mayor envergadura e incidencia pública, limitando la circulación de conocimientos generados en la confluencia de diversas disciplinas sociales. Uno de los proyectos que busca contribuir a la generación de conocimiento interdisciplinario es el Proyecto Hoyo Negro, coordinado por la arqueóloga Pilar Luna y situado en Tulum, Quintana Roo, el cual incorpora la Arqueología Subacuática, Paleontología y Geociencias para dialogar sobre las perspectivas de esta iniciativa científica.

Doce años después de la primera inmersión en este sitio subacuático, el Proyecto Hoyo Negro se ha hecho célebre por haber resguardado durante milenios el esqueleto humano más antiguo y completo recuperado en América – al que se le ha dado el nombre de ‘Naia’ – con una antigüedad estimada de al menos 10,000 años (mucho más remota que los famosos restos de la ‘mujer’ de Tepexpan, encontrados a orillas del antiguo lago de Texcoco y estimados recientemente en 4700 años de antigüedad).

Además de los datos genéticos que permiten vincular a Naia con los primeros seres humanos que migraron a América por Beringia, las investigaciones han revelado evidencias e información sobre el Gran Intercambio Biótico Americano (ocurrido al menos hace 2.5 millones de años) y que favoreció el intercambio biótico entre América del Norte y América del Sur gracias al surgimiento del Istmo de Panamá, como lo indican los descubrimientos de restos de una cuarentena de animales, la mayoría extintos, como el tigre dientes de sable o el oso cara corta.

Este proyecto también permite revelar el sistema de cuevas inundadas más grandes del mundo – formado por los complejos subacuáticos Sac Actun y Dos Ojos en Quintana Roo -, conectadas a través de túneles subterráneos con una longitud de mil kilómetros, equivalente a la distancia entre Cancún y Chetumal. La documentación de la gran cantidad de cenotes encontrados en ambos complejos revela una multiplicidad de sitios arqueológicos asociados preservados debajo del agua, la mayoría de ellos asociados a las actividades en superficie, revelando una presencia humana en la península desde hace aproximadamente 8 mil a 10 mil años. Este sistema similar a un ‘enorme pulpo de piedra caliza y agua dulce’ podría desplegarse hacia otros sistemas de cuevas inundadas y cenotes en la zona de Tulum, obteniendo información tanto de contextos arqueológicos previos a la civilización maya como aquellos vinculados a ésta.

La divulgación de estos proyectos arqueológicos confirman la incidencia que pueden tener las ciencias sociales en la generación de conocimiento sobre nuestra especie, el cual puede socializarse en diferentes etapas de aprendizaje fomentando el diálogo de la población con las ciencias y no sólo su recepción limitada, que muchas ocasiones no llega a integrarse en los cuerpos de conocimiento de los centros de enseñanza.  Así, la arqueología y sus objetos de estudio extraordinarios, pueden ser una puerta que abra caminos a la población para interesarse por otras disciplinas sociales que son auténticos abrevaderos de conocimientos sobre nuestra especie y las formas en que las diferentes culturas expresan su diversidad.

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