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Cuba, una mirada miope

El cristalazo

por Rafael Cardona
23 abril, 2026
en Editoriales
Los electores también son responsables
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La manera comprometida como México lleva adelante sus relaciones con Cuba es una gravosa forma del romanticismo revolucionario en favor de un país cuya palabrería antimperialista no depende ni de su fuerza, ni de su posición geopolítica actual–como cuando era una base soviética– de la indecisión y la torpeza de los Estados Unidos en su afán jamás logrado de gobernar el mundo.

Cuando en 1821 (México apenas nacía a la Independencia) John Quincy Adams, “advirtió a los norteamericanos contra su propensión a salir a matar “monstruos distantes”, no pudo haber imaginado el número y la magnitud de los monstruos que existirían en el mundo posterior a la Guerra Fría”; dice Henry Kissinger.

Obviamente el más cercano de esos monstruos lejanos ha estado agazapado (con su ayuda inicial ) debajo de una hamaca desde 1959, a 90 millas de Florida: el comunismo cubano. Por imposibilidad, incompetencia, desinterés, importancia secundaria o como haya sido, la Revolución Cubana, en su condición de bisagra del mundo bipolar durante la Guerra Fría, nunca fue tocada realmente por los afanes imperiales.

El ”bloqueo” jamás tuvo como motivo ni el comunismo ni el capitalismo como doctrinas de Estado, sino como forma primitiva de cobranza por las expropiaciones no cubiertas tras el triunfo castrista. No defendían a Adam Smith; peleaban por Mr. Hilton.

Y cuando en los tiempos primeros se autorizó una operación mercenaria contra Cuba, la pusilánime respuesta de Kennedy, maniatad por el respaldo soviético a Don Fidel, se convirtió en un fracaso vergonzoso cuya única utilidad fue para el gobierno insular vestido de héroe en Playa Girón.

Ayer en Barcelona, en una asamblea de poca importancia y menor trascendencia, el gobierno mexicano ha manifestado su rechazo a una intervención en la Cuba oscura, hambrienta y sin energía. La Cuba de la caridad ajena, ya ni siquiera la Caridad del Cobre. La Cuba necesitada, empobrecida por el bloqueo (de su propia burocracia); la Cuba fraterna cuya manutención la IV-T ya ha convertido en parte de sus programas del bienestar, por cuyo futuro tanto temor se tiene.

Sin embargo, la valiente postura nacional no tiene mucho riesgo. Como no se había presentado antes, hoy los Estados Unidos y Cuba mantienen abiertas negociaciones cuya sola existencia hace poco probable una intervención militar. No ocuparon Venezuela y dejaron a los maduristas al cargo del desvencijado aparato político. Tampoco han logrado tumbar a los ayatolas en Irán (matan uno y salen dos), ni siquiera controlar el estrecho de Ormuz.

Vivimos en el tiempo de las potencias impotentes.

El señor Vladimir Putin, capaz de jinetear osos siberianos y vencer en el judo a oponentes de mayor estatura y peso, no logró dominar a los ucranianos después de tres años de guerra. Los Estados Unidos no pudieron en Corea, salieron corriendo de Vietnam, fracasaron en Afganistán y caducaron como potencia militar en todas partes excepto en Irak con altos costos y a la postre, pocos beneficios.

Por eso, por su real limitación para la Guerra prefieren batallas comerciales y económicas.  En las dos grandes del siglo pasado ganaron porque los demás contendientes ya están disminuidos cuando ellos entraron a la liza y con ayuda de los exiliados alemanes lograron el arma nuclear. Y en Europa compartieron el premio con Rusia.

Las bravatas de Donald Trump quien anuncia el arreglo de Cuba cuando se desocupe del Medio Oriente  no son sino eso: palabrería de orate.

Lo real es esto. La mayor apropiación territorial en la historia de EU fue la guerra contra México. Alaska tiene el doble de territorio de Texas y lo compraron. No batallaron contra Rusia. Y Hawái –otro estado– sí fue producto del derrocamiento de una monarquía indefensa.

Pero con Cuba han llegado por otro camino: la negociación. Y en ese campo van a perder. Los diplomáticos de La Habana son hábiles negociadores. Y Marco Rubio es un pelmazo.

“Necesitamos cambiar el sistema que dirige el país, y es necesario cambiar el modelo económico que tiene. Es el único camino a seguir si la gente quiere un futuro mejor. Lo hemos expresado de forma clara y reiterada durante muchos años, y quizás ahora exista una oportunidad para hacerlo”.

Quien dice quizás, también dice quizás no.

Etiquetas: CubaRevolución

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