En la empobrecida imaginación de la sociedad de nuestro tiempo, los relatos de aventuras han retornado a los clásicos a falta de una escritura más imaginativa que la de Tolkien quien imaginó los escabrosos mundos del Señor de los Anillos, y quienes siguen estas zagas, se olvidan que la conquista de México por don Hernando Cortés y Monroy, haya sido una aventura de correrías por parajes ignotos, de emociones aunadas a la ambición, como el miedo y al mismo tiempo la audacia. Tenemos allí un hecho inspirador para múltiples narrativas. Parafraseo de nuevo a Vilar quien al respecto califica aquellas expediciones como “la más extraordinaria epopeya de la historia humana”.
Aun no había estudiado Historia cuando descubrí el apasionado tema que es Cortés; escuché muchas ocasiones las opiniones de gente que siempre hablaba mal de los conquistadores de México, incluido mi padre y desde entonces, más de veinte años, comencé a leer biografías de don Hernando, tanto de historiadores españoles como nacionales. Ahora, en la docencia, sucede lo mismo; los estudiantes escuchan en la preparatoria los mismos conceptos, la mayoría equivocados, sobre la historia que nos dio origen como país y nación. Hablar de Hernán Cortés en cualquier momento o sobremesa resulta controversial y en un conflicto a veces sin fin. Sin embargo en el ámbito de los historiadores aunque estos se hablan con respeto dentro del tema también la figura del inventor de México como le ha llamado Juan Miralles, despierta disquisiciones sobre las cuales no siempre se ponen de acuerdo, aunque al parecer, en los que conozco por su lectura, existe una admiración subyacente o abierta.
En la biografía de Cortés escrita por Christian Duverger apenas hace unos años, encontré una serie de datos novedosos, habida cuenta de nuevos documentos que se ubicaron en los archivos tanto de México como de Sevilla. En esta nueva biografía del conquistador se encuentra el sabor de una historia de las mentalidades de los protagonistas, de ese proceso histórico acerca del cual sobreviven muchas dudas y datos perdidos, de una gesta repleta de heroicidad, también de confusión, de pasión y con en estos ingredientes, la presencia de la tragedia, de la envidia y la maledicencia, en ambos mundos participantes; el historiador francés recorre la vida del conquistador poniendo de relieve las emociones de las cuales estuvo cargada su vida.
Un hombre que ya ha experimentado el sabor de lo mas negro de la conquista en las islas del Caribe, asqueado de aquel ambiente, llega a México a los 33 años, no comunica lo que planea hacer y cuya adecuación camaleónica en cada circunstancia lo hace un seductor aventurero y rapaz que no se permite dar el primer golpe de estado a la monarquía cuando el momento le era favorable; perderse en el nuevo mundo habría sido tan fácil y declarar la independencia de las exploraciones y descubrimientos que en múltiples ocasiones se hacían con recursos propios, ajenos a la corona. En los hechos, Cortés había financiado su expedición que salió de Cuba sin los permisos legales del gobernador Velázquez quien desde entonces fue su perseguidor y enemigo declarado hasta su muerte que podríamos decir fue, de puro berrinche ante los éxitos de don Hernando.
Desde Extremadura pasando por Salamanca y después a México, la trayectoria de Hernán es la de un joven apasionado y con ambición de oro y gloria; detrás de sí venía un lector ávido y conocedor de las asignaturas universitarias de Salamanca como el latín y el derecho; en aquel tiempo, fin del Medioevo, la entrada y salida de un bachiller era a una edad que correspondería con uno de nuestros adolescentes; en una palabra: no era un ignorante como se dice que eran los de la avanzada de Cortés hacia México-Tenochtitlan, en su correspondencia con el rey mostró conocimiento de la lengua y en muchas ocasiones de la obra de Cicerón y Séneca, éste al cabo su paisano.
De aquellas lecturas y conocimiento, Cortés supo sacar el mayor provecho, pues en cada pueblo donde podía crear un cabildo o ayuntamiento lo hacía para delimitar y declarar la posesión de los nuevos territorios en representación del rey. Al respecto, aclaremos que la posesión de territorios nuevos no se otorgaban de inmediato a los soldados ni al capitán de la expedición como se cree vulgarmente; siempre era en primer término apartar el quinto del rey de todo lo recaudado en las exploraciones, asimismo, el contingente de hombres que se había embarcado en Cuba no eran expresidiarios, ni delincuentes como se dice con la intención de depreciar la moral de los conquistadores.
A diferencia de otros biógrafos de Cortés e historiadores de la Conquista de México, Duverger descubre un rasgo de simpatía del extremeño hacia los nuevos rostros que iba encontrando en el camino; desde el sureste de imperio mexica hasta la ciudad de Moctezuma; Cortés se enamoró de los mexicanos, lo dice con esta misma expresión; su deseo más íntimo sería crear un mundo mestizo con lo mejor de ambas culturas; muchas cosas le sorprendieron gratamente, no podemos dudarlo, cuando se piensa en lo que sucede con las relaciones interculturales, interétnicas o interraciales en esa atracción por lo diferente, por el Otro, ese magnetismo que ejerce lo que no se tiene sin embargo, lo más aberrante lo encontraría en los sacrificios humanos, los cuales prohibió en cuanto fue testigo de los mismos.
La prohibición de los sacrificios humanos por parte del capitán Cortés le ganó de inmediato la voluntad de los enemigos de los mexicas, que vivían aterrorizados con la idea de ser aprehendidos y llevados al Cu. Los tlaxcaltecas, que llegaron a ser sus principales aliados, al encontrarse por primera vez tuvieron enfrentamientos sangrientos que cesaron después de esta disposición. Este detalle se olvida la mayoría de las veces al narrar la vida de los pueblos mesoamericanos y el proceso de conquista. Los pueblos vecinos de los mexicas, a quienes éstos esclavizaban, los odiaban por tener que entregar tributo y sacrificar a sus dioses y la práctica de la antropofagia es un hecho del que poco se habla cuando se ha idealizado románticamente a las culturas mesoamericanas
Muchos pueblos antes que los mexicas fueron conquistados, asimilados y desaparecidos por este efecto. En la misma España del tiempo de Cortés, la dominación árabe ya había dejado su impronta en una convivencia intercultural referente a una tolerancia entre cristianos judíos y mudéjares de ocho siglos. Es un hecho que los mexicas eran conquistadores de etnias y territorios de una manera diferente a las de los españoles pero su influencia fue enorme y de ello lo prueban los nombres nahuas de muchos pueblos del centro de México. Dicho sea al paso, el idioma náhuatl fue considerado lengua oficial en el periodo de la administración cortesiana. Para 1524 Cortés hablaba fluidamente el náhuatl, el cual había aprendido bajo las indicaciones de Marina, su lengua, como él mismo le nombrara, y en la convivencia de casi dos años, con Moctezuma, además, cuando llegó a administrar la ciudad de México, una de sus primeras disposiciones fue la preservación del idioma náhuatl. En ello le iba el interés que tenía por enterarse de las posesiones y riquezas del imperio que acababan de someter. El mayor interés de los españoles en ese momento era conocer dónde se encontraban las fuentes de donde provenía el oro que adornaba algunos de sus aderezos que habían recibido como presentes, primero y luego llegaron a exigir.
Ejemplos históricos de alianzas los hay como siglos antes Alejandro Magno había hecho alianzas con los pueblos que fue visitando hasta la actual India, con sólo casarse con alguna princesa o hija de un sátrapa o sultán; los aztecas recién llegados al Lago de Texcoco, buscaron alianzas con sus vecinos con enlaces nupciales, así Cortés también hizo alianzas y varios de sus soldados se unieron a mujeres indígenas que ya habían sido bautizadas.
En su fuero interno, Cortés deseaba injertar en las nuevas tierras lo hispano con el objetivo de lograr un fruto mestizo; desde el principio se ubicó en el lado indígena y aprovechó todas las oportunidades para beneficiar el mestizaje, alentando los matrimonios de sus soldados con mujeres indígenas bautizadas. De las siete mujeres que tuvo, dos fueron españolas y no las amó, contrajo matrimonios convenientes. Otras cinco fueron indígenas entre ellas Marina como fue bautizada su lengua intérprete. El historiador francés aventura que al conquistador le llamó la atención que el tlatoani mexica tuviera tantas mujeres. En el estrato social superior de la cultura mexica la poligamia era ampliamente aceptada. En aquel proceso de transculturación Cortés asumió que la convivencia matrimonial podía ser diferente a la del mundo católico. Además buscó el reconocimiento legal y eclesiástico a todos sus hijos cuando envió una solicitud al papa Clemente VII para que se legitimara a sus hijas e hijos mestizos.
En los días de estancia en las nuevas tierras unos hombres, por un lado presas del temor, otro ordenaba barrenar sus once barcos porque no habría marcha atrás y la pequeña población de Antigua en Veracruz, en su silencio, refleja claramente los sentimientos de Cortés de echar raíces en estas tierras. Las venosas raíces de los árboles, en ésta que fue la cuna de los ayuntamientos, donde el español estableció el primer cabildo, han cubierto su primera casa, las raíces han aprisionado los cañones abandonados por ahí, como si sentenciaran que no se habrían de ir. Un espíritu de encantamiento ronda su andar por México, seguramente fascinado por la naturaleza de estos lugares, por los colores de los atuendos, de los plumajes de las aves, de los aromas de las frutas y las flores y los perfumes herbales de los inciensos, que seguramente disfrutaba en sus momentos de escritor y diseñador de un nuevo mundo; desde los ambientes sofocantes de la costa del golfo, hasta los helados vientos, desconocidos para la mayoría de los exploradores mediterráneos, en su paso por la sierra de Puebla, hacia la primera visión de la ciudad de Tenochtitlan y las agradables temperaturas y vegetaciones del Valle de México y de Cuernavaca: los restos de Hernán descansan en nuestra tierra.
Al término de los procesos de la posesión y dominio de la ciudad de México-Tenochtitlan Cortés comenzó la construcción de una ciudad de ensueño, pero sus enemigos, envidiosos de sus hazañas iniciaron un juicio de residencia repleto de verdades y mentiras a modo de desacreditarlo. Las preocupaciones del emperador eran tantas que nunca atendió a Cortés como sus proezas merecían. Todo lo sabía por terceros; el joven emperador nunca entendió la grandeza de lo que Cortés había hecho en su favor pues con el oro de la Nueva España (unos 2 200 kilos) se había comprado su corona de emperador aniquilando las ambiciones de Francisco I rey de Francia. Pese a todas las denuncias en contra de Cortés, sus enemigos no encontraron nada en su pasado para acusarle de conducta contra los indios.
Lo que Cortés heredó a sus hijos históricos fueron: un hermoso idioma ya configurado plenamente: una religiosidad en la que se combinó de manera sobresaliente el fanatismo, producto del cisma religioso europeo y la devoción cotidiana de los pueblos mesoamericanos a sus dioses. Hasta nuestros días las comunidades siguen teniendo diversas advocaciones a las cuales rinden más oración y devociones como a la virgencita morena, que a Dios Padre; un padre ausente, denominador común de la América colonial, no de la conquista.
Cuando Cortés se apercibió de que algún día tendría que regresar a España para responder al proceso que se le seguía, se aseguró de que Marina quedara protegida y la casó con Jaramillo con quien tuvo más hijos. En realidad ya no la necesitaba; Cortés aprendió la lengua náhuatl en todos esos años de convivencia. Su relación con Moctezuma le permitió saber más de lo que nosotros mismos sabemos. Miralles apunta que en la prisión del tlatoani, Cortés encontró gran aprecio en aquella convivencia: le había enseñado a jugar a las cartas, conversaban largamente y sobre todo, el tlatoani tuvo una relación como nunca había tenido con alguien: cara a cara, sin que tuvieran que inclinarse ante sus ojos.
En su estancia en España, mientras se llevaba a cabo su juicio, Cortés intentó sin éxito, poner al servicio del rey su experiencia y colmillo para pelear en batalla, el fracaso fue evidente en la batalla de Argel. Ante la pérdida de su inmensa flota de guerra, Carlos, el emperador se retira ante los ojos atónitos de Cortés quien con 600 hombres había acabado con el imperio mexica.
Sus primeras acciones como gobernante de México, capitán general y justicia mayor fueron la protección de la lengua náhuatl como lengua franca, la educación de los niños indígenas y mestizos; la conversión religiosa, para lo cual hizo traer a la orden franciscana para la evangelización. En el rubro de la economía Cortés se dio tiempo para desarrollar la agricultura con el cultivo de la vid y huertas de olivo para la producción de vinos y aceites, cuestión que no se permitió en los años de la Colonia, así como las plantaciones de caña de azúcar que ya se había adaptado en Cuba y que trajo a la región de Cuernavaca en donde estuvo retirado temporalmente. Todas estas medidas quedaron en el abandono ante el acoso de quienes buscaban despojarle de sus tierras y títulos, en España y aquí. Esos temores de pérdida de lo ya ganado lo hicieron buscar nuevas tierras de apropiación en el noroeste de México donde descubrió el mar que lleva su nombre.
Muchos detalles desconocidos se encuentran aún en su historia, como su protección hacia los indios, lo que no compartían muchos de sus enemigos. A su muerte, su hijos fueron despojados de gran parte de sus herencias recibidas legalmente por el emperador. Las envidias de poderosos como el virrey Antonio de Mendoza le persiguieron hasta España a donde regresó para morir lejos de esta tierra a la que sin duda, Cortés amó por todo lo que representaba: toda una vida de luchas y sueños utópicos. En la imaginación de los mexicanos persiste una imagen de un conquistador depredador y rapaz, sin mirar que los seres humanos estamos hechos de una materia en la que se conjuntan lo bueno y lo malo y que todas las culturas, sin excepción, tienen esos componentes. Cortés defendió la postura humanista de que al ser bautizados los naturales de estas tierras, eran súbditos iguales ante Dios y el rey. Así lo sentenciaba Isabel la Católica en un pasaje en el que Colón, –que sí tiene monumentos, cosa que no sucede con don Hernando- le ofrece como esclavos a los indios capturados: “¿Qué poderes ha recibido de mí el almirante, para dar a nadie mis vasallos?”. Siempre hay quien cumple con Dios y con el mundo y otros que sólo con sus ambiciones cumplen.
Duverger, Ch. (2019) Vida de Hernán Cortés. La espada. Taurus. México.
Miralles, J. (2001) Hernán Cortés. Inventor de México. Tusquets. México.
Vilar, P. (1978) Historia de España. Editorial Crítica. Barcelona.





