Al muy estilo de Joker, en donde el protagonista es un villano y nunca aparece el héroe, llegó a los cines Clayface, un filme de horror corporal que aborda la obsesión por la belleza y la venganza, y que inevitablemente nos recuerda a La Sustancia, cinta por la que Demi Moore estuvo a punto de llevarse el Oscar.
Clayface es un personaje conocido por ser uno de los villanos de Batman, con la capacidad de modificar su cuerpo de arcilla y adoptar prácticamente cualquier forma. Su figura ya ha sido abordada en series animadas, algunas cargadas de acción y otras hasta con un tono cómico, pero ahora el director James Watkins le da un enfoque siniestro.
Aquí no hay superhéroes. Batman nunca aparece y tampoco hay guiños que nos hagan pensar que en cualquier momento llegará a salvar el día, para nada es una película para menores. La historia deja poco espacio para la tranquilidad; no pasan muchos minutos antes de que la tensión se eleve y la cinta no te deje respirar a gusto. Más de uno querrá taparse los ojos y olvidarse por un momento de sus palomitas.
Sin spoilers, Clayface sigue la historia de Matt Hagen (Tom Rhys Harries), un joven actor de moda con un futuro prometedor, hasta que un error le cuesta el rostro y, con ello, su vida. El mundo sencillamente le da la espalda. En su obsesión por recuperar lo perdido, será capaz de adentrarse en terrenos oscuros, sin imaginar que el precio podría ser mucho más alto que su propia apariencia.
Tom Rhys Harries demuestra su capacidad para mutar, al muy estilo del propio Clayface, y ofrece una actuación cargada de melancolía y tristeza. Sentimientos que, poco a poco, terminan por convertirse en el odio necesario para construir a un gran villano: Un hombre atrapado en su propia mente, convencido de que hace lo correcto.
Cuando el rostro lo es todo
En Clayface es que el horror no se queda en las transformaciones físicas ni en las imágenes que seguramente harán que más de uno aparte la mirada de la pantalla. Detrás de la arcilla, la sangre y las deformaciones hay algo mucho más cercano a nosotros: El miedo y la soledad.
Porque, al final, ¿cuánto estamos dispuestos a sacrificar para recuperar aquello que creemos que nos hace valiosos? Matt Hagen quiere volver a ser el hombre que todos admiraban, pero en esa búsqueda se enfrenta a algo más complicado que una cara desfigurada.
¿Veremos a Clayface en otra entrega cinematográfica combatiendo, ahora sí, con algún superhéroe? Espero que sí, la mesa está servida y por lo pronto su taquilla se enfila a ser suficientemente buena para asegurar su regreso.






