El pleito entre trabajadores del IMSS y su dirigencia sindical salió del consultorio gremial y terminó en la sala de urgencias de la política nacional. Las protestas por salarios y las denuncias de falta de insumos exhiben algo más profundo que una disputa entre representantes y representados. A mi juicio, el costo político alcanza directamente al gobierno federal: garantizar recursos suficientes y una administración eficaz también es gobernar. No basta pedir calma cuando quienes atienden denuncian carencias y quienes enferman necesitan respuestas. La prometida Dinamarca vuelve a aparecer, aunque solamente como destino del discurso. Aquí seguimos esperando que aterrice en hospitales y farmacias. El sindicato podrá negociar su conflicto; el gobierno tiene pendiente explicar por qué la salud presume tantos avances mientras sus propios trabajadores reclaman herramientas para hacer su trabajo.
BOLA 1
La visita de Ronald Johnson a Querétaro dejó una primera piedra y varias piedritas en el zapato presidencial. Claudia Sheinbaum cuestionó a Mauricio Kuri por la aparente falta de coordinación federal; después, la confirmación del aviso a Cancillería obligó a precisar el reclamo. La discusión pasó de quién estaba enterado a qué autorizaciones requería el proyecto. No son asuntos idénticos, pero políticamente quedó la impresión de que el regaño salió antes de revisar completo el expediente. A mi juicio, insistir en los procedimientos también permitió amortiguar el tropiezo sin reconocer una equivocación absoluta. Kuri, mientras tanto, parece entender que guardar silencio puede rendir más que responder: cuando los documentos entran a escena, conviene dejar que hablen y reservarse el siguiente movimiento.
BOLA 2
Luis Bernardo Nava quiso mover el tablero y terminó acercándose a la orilla. Cuestionó supuestas filtraciones de encuestas y propuso que la UAQ realizara la medición; la dirigencia rechazó cambiar el método y sus competidores respaldaron al PAN. El reclamo produjo más aislamiento que adhesiones. Su salida del gabinete, el acto multitudinario y ahora este desafío dibujan, a mi juicio, una apuesta creciente sin una salida política visible. Pedir transparencia es legítimo; hacerlo sin construir respaldos puede convertir una exigencia atendible en una derrota estratégica. No significa que esté automáticamente fuera, pero sí que redujo su margen de negociación. En política conviene tener plan B: quien apuesta todo a la candidatura corre el riesgo de quedarse sin premio y también sin interlocutores.
STRIKE 2
Luis Bernardo Nava ensayó el papel del hijo desobediente, pero el libreto de Felipe Calderón no garantiza el mismo desenlace. Sus desafíos parecen haber estrechado sus opciones y despejado el camino de Felifer Macías, quien se perfila para encabezar al PAN. Vendrían la coordinación y, después, la candidatura formal; mientras tanto, debería construir estrategia y cerrar heridas internas. Del otro lado, Santiago Nieto enfrenta una paradoja: arrancar antes no asegura llegar mejor. Si continúa consumiendo su ventaja temporal en reunir a los guindas, habrá cambiado semanas de posicionamiento por semanas de negociación. Mi lectura: Felifer puede aprovechar el desgaste ajeno, pero al convertirlo en respaldo propio. El nombre del juego es sumar votos.
BOLA 3
Comienza la integración del roster azul y guinda. En mi pronóstico, Agustín Dorantes apuntaría hacia la capital; si deja el escaño, abriría paso a su suplente, Enrique Vega. Chepe Guerrero y Rodrigo Monsalvo buscarían repetir en Corregidora y El Marqués. Así, el PAN podría acomodar aspiraciones y conservar equilibrios, aunque todavía faltan decisiones formales. Del lado guinda, mi lectura es que abundan aspirantes y escasea una conducción capaz de ordenar intereses. La diferencia estaría en el mando: mientras los azules perfilan alineación, los guindas siguen disputándose las posiciones. Para competir hace falta algo más que camisetas: alguien que consiga dirigir al equipo.
STRIKE 3… PONCHADO
La fotografía de los cinco aspirantes originales permite leer un mensaje: el PAN busca cerrar filas alrededor de Felifer. Las sonrisas sugieren que hubo negociación; sus términos siguen sin conocerse. Es razonable pensar en espacios para los grupos, aunque atribuir puestos concretos exige confirmación. Marco Del Prete podría encontrar acomodo en una diputación local; sobre Nava circula la versión de que llegaría al Congreso para coordinar la bancada panista. De concretarse, conservaría presencia y margen de maniobra rumbo a 2030. Mi lectura: Nadie quería salir de la foto ni quedarse sin futuro. Falta comprobar si esta unidad resistirá el reparto definitivo: posar juntos toma segundos; compartir el poder exige más paciencia, disciplina y capacidad para cumplir lo pactado entre todos.




