Carlos Álvarez

COLUMNA INVITADA

Tigre de papel

El gobierno de México es un tigre de papel. Parece poderoso, pero no lo es. Tan temeroso, pide a gritos inaudibles que el acoso internacional (y el interno) pare contra de ellos: los cínicos y mentirosos que manejan el sistema político. Líderes sin imaginación que no encuentran la salida al laberinto de sus malas acciones. Tienen miedo, tienen mucho miedo. Temor a que sus privilegios se acaben, a que sus fortunas ilegales y mal habidas les sean decomisadas. Temor a que sus tronos y palacios de mirreyes sean clausurados. A que sus casas blancas de millones de dólares se conviertan en museos, igual que el Castillo de Chapultepec  que se destinó como residencia oficial del emperador Maximiliano I.

Estos líderes a los que el poder les fue heredado bajo fraudes electorales (con caídas de sistemas de votación, con compra de votos, con chanchullos y dádivas como las tarjetas Monex), a estos líderes les tiemblan las manos, su dolor de cabeza es el pueblo organizado, que como pequeñas gotas de lluvia van integrándose poco a poco a un aguacero que lavará la cara del poder, el rostro sucio de la impunidad, de la corrupción, del dolor que han dejado a las víctimas inocentes, a los desaparecidos, a los asesinados, a los torturados, a los presos políticos, a todos los “daños colaterales” de su viciado terror.

Entre más repitamos que este sistema y estos liderazgos deben de largarse, entre más repliquemos nuestras dudas sobre su extrema riqueza que desde luego proviene del peculado, entre más pruebas aportemos contra su podrida corrupción, más y más nos voltearán a ver desde el exterior, en un mundo en el que ya no estamos solos. En un planeta que se ha convertido en un solo ente, globalizado, con redes que nos permiten comunicarnos al instante, con sociedades que avanzan juntas, de la mano, para poder romper los ciclos históricos que de forma dictatorial quieren imponer su imparcial y unitaria voluntad.

Esta dictadura nuestra, ya no tan perfecta como dijo antes un Premio Nobel, sigue fomentando el servilismo, la opresión, la crueldad, la censura. Quieren que los auténticos medios de comunicación, los que aún podemos ser libres, nos callemos para no decirle al mundo una verdad que aflora la piel mexicana. Quieren acabar con programas de televisión, de radio, con la prensa escrita y con la prensa por Internet que los consigna, que los señala, que los exhibe, que los muestra como los emperadores desnudos que son. Ellos, con sus cómplices que están detrás de un micrófono, con sus ilustradores en nómina, con sus escribanos que se sientan en su mesa, a comer de sus banquetes pagados con nuestros impuestos, ellos, quieren imponer a los demás su anestesia cotidiana, su falsedad ventajosa.

Esta dictadura imperfecta, la priista, panista, perredista, practica la censura y usa el chantaje, la intimidación, el soborno, para controlar el flujo de información. Por esto, para saber quiénes somos, y mostrar el mundo que nos rodea, debemos seguir presionando. El tiempo es la sustancia, nuestra herramienta, nuestro mejor aliado. Ellos apuestan a que nos desesperemos, a que caigamos en la rutina, a que nos cansemos. El tiempo se bifurca perfectamente hacia innumerables futuros, uno de ellos es en el que podamos vivir en una democracia, en la que la mayoría elijamos de forma libre y tomemos nuestras decisiones, sin miedo. Ya es hora.

A este gobierno, a este tigre de papel se le han acabado las opciones. Una represión interna es el límite. Así ha amagado el Ejército, que en lugar de serle leal al pueblo, le es leal al podrido sistema. Por otra parte, y no menos grave, el gobierno de Peña Nieto ha encabezado un montaje mediático contra todos sus enemigos. Ya basta de engañar, ya basta de mentiras. A ellos, y a los medios que los apoyan, entre los cuales hay unos que se creen intelectuales y conocedores de todo, les debemos enviar el mensaje de que los estamos observando y sabemos la otra verdad, la nuestra.

Este tigre de papel no debe ser incendiado y reducido a cenizas, porque eso no le conviene a nadie. No. Este tigre de papel debe de hacerse bolita, y tirarse al basurero de la historia. Ya es hora, ya es tiempo de ser valiente y de que el miedo cambie de bando. No podemos seguir eternamente de rodillas. Votemos todos este próximo 1 de julio.

“Entre las cosas hay una / De la que no se arrepiente / Nadie en la tierra. Esa cosa / Es haber sido valiente”, Borges.

*Periodista, corresponsal para el semanario Zeta de Tijuana y el periódico Noroeste de Culiacán. Ex editor de opinión y jefe de información de SinEmbargo.

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