Después del cáncer de mama la reconstrucción, emocional, familiar y económica también consume, desgasta y marca una nueva etapa para sobrevivientes de este enemigo que acecha a las mujeres y que no distingue raza, nacionalidad ni ingresos.
Si bien hay instituciones y organismos públicos y privados que brindan atención integral para superar cada una de las etapas, lo cierto es que en un abrir y cerrar de ojos la vida de una mujer cambia por completo. A pesar de los avances médicos, de las investigaciones en torno al genoma humano y a la farmacología, el cáncer de mama deja secuelas que poco se abordan o se entienden.
De acuerdo con Jesús Arturo Moyers Arévalo, especialista de la Federación Mexicana de Colegios de Obstetricia y Ginecología, A.C. tras ganar la batalla, vienen nuevos retos cuyo lapso puede durar entre cinco y diez años. Para la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) el desembolso anual podría oscilar entre los 100 mil y 150 mil pesos, dependiendo de la gravedad y etapa en la que fue diagnosticado y tratado el cáncer, mientras que un análisis de BBVA advierte que la atención integral podría alcanzar los 3 millones 200 mil pesos y ocupa los primeros sitios dentro del ranking de enfermedades más costosas en atención médica, seguida del cáncer de próstata y el cervicouterino.
A decir del también especialista en ginecología, climaterio y menopausia, la paciente requiere atención integral donde intervienen las y los expertos en oncología, psicología, ginecología, rehabilitación, cirugía plástica e incluso, un sexólogo y tanatólogo.
Y es que el reencuentro con el espejo y con la nueva realidad la mayoría de las veces, lapida las emociones, aseguró Natividad Hernández quien fue diagnosticada con cáncer de mama etapa cuatro, una de las más agresivas.
“Fui con la doctora porque comenzó a salirme un líquido café por el pezón; yo creo que pensó que ya me iba a morir porque me dijo: ya no se puede ir, esto es muy grave. Me hicieron la mastografía, los rayos X y me enviaron desde aquí hasta el Centro Médico. Allá el oncólogo me dijo que me tenían que quitar el seno izquierdo. Yo dije quíteme lo que me tenga que quitar, si eso me va a salvar la vida quítemelo. Lo más maravilloso es que Dios me dio mucha fortaleza para enfrentarlo, la noticia no fue nada fácil. Yo dije: si Dios quiere que muera, ahí voy a quedar pero salí y logré salir adelante.
“Estoy consciente de que ya no tengo una parte de mi cuerpo pero no me da pesar porque para muchos pacientes eso es muy fuerte. Yo veía cómo salían las personas en llanto y siempre les decía: yo ya pasé por eso, no se preocupen y Dios es maravilloso y aquí ando. Deprimirse no deja nada bueno, al contrario, la enfermedad empeora. Mejor mi hija estaba al llanto. Mucha gente con más de 10 años no supera la enfermedad o entender que falta una parte de tu cuerpo y sí es muy, muy difícil verte al espejo”.
Naty, como le llaman de cariño, fue dada de alta ocho años después de la extirpación del tumor y la mastectomía. El costo económico fue alto pero con el apoyo familiar y de sus jefes, logró costearlo. Después, recurrió a organizaciones civiles donde encontró una prótesis mamaria ante la falta de recursos y riesgos de una cirugía reconstructiva.
“Quedan secuelas, a mi por ejemplo, me cortaron muchos nervios y perdí la sensibilidad en la parte izquierda, el brazo te queda por mucho tiempo como de cartón”, recordó Naty.
Reconstrucción
Tras un desastre, viene la etapa de reconstrucción, indica Alfredo Sosa. Abigail, su esposa, no logró ganar la guerra al cáncer, pero vivió cada paso y cada momento a su lado.
“El cáncer de mama te puede destruir como pareja sí y como familia, es un golpe muy duro. Yo creo que nunca estás preparado para algo así, ni emocionalmente ni económicamente ni nada y lo que queda es estar al lado de tu esposa, de tu pareja, darle tranquilidad. A mi Abi le quitaron ambas mamas y creímos que la había librado. Fue una época muy difícil como pareja porque le cambió el humor, era otra, pero la entendía. Yo hasta enflaqué, es duro, muy duro.
“Luego evalúas los daños, pero con agradecimiento por haberla librado, después siento que hay como una etapa de reorganización, así lo veo yo, y luego de reedificación de todo, de tu vida en pareja, de tu vida familiar, de todo ¿por qué? ¿Por qué el cáncer está presente siempre. Ese miedo de que regrese. A nosotros regresó, volvió a sentirse muy mal y pues el cáncer hizo metástasis y se la llevó. Es difícil de superar. A mi hija la traigo a raya para que esté pendiente”, señala el arquitecto.
Moyers Arévalo explicó que para las pacientes, haber padecido cáncer de mama obliga a realizar un cambio de vida en todos los aspectos. Precisó que la mayoría requieren medicamentos post operatorios y apegarse a una terapia hormonal diferente a la que se aplica en la menopausia, las cual comentó, impacta incluso en su sexualidad.
“Este tipo de medicamentos les provoca mucha resequedad vaginal, síntomas como bochornos, como si fuera una menopausia en cierto sentido, conlleva a que muchas estén muy agradecidas por tener una oportunidad pero el uso de estos fármacos que suele durar entre cinco y siete años sí va a tener un impacto en el día a día. Hay un impacto en su sexualidad”.
Subrayó que a esto se suma el miedo recurrente al regreso del cáncer, de convertir a un oncólogo como médico de cabecera y del costo y desgaste que implica someterse a estudios que duran más de cinco años. A veces, agregó, la parte económica se puede resolver gracias a los sistemas de salud y seguros médicos que brindan la cobertura, pero recuperar la vida cotidiana, la actividad laboral y social dijo, es el mayor de los retos.
“Emocionalmente hay una dualidad porque está el agradecimiento porque se resolvió su problema pero hay otras consecuencias como el impacto en la feminidad, un porcentaje importante tiene que retirarse sus mamas, entonces, el golpe en el espejo, encontrarse y ver esto, es un proceso de duelo y transición que muchas de ellas suelen atravesar”.
Si bien la NOM-041 para la prevención, tratamiento, control y vigilancia del CaMa establece la obligación de informar y ofrecer a la paciente la reconstrucción mamaria como un componente terapéutico disponible; se estima que solo dos de cada 15 logran acceder a este tipo de cirugías.
Querétaro en la lucha
El Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud federal, revela que hasta el 5 de octubre de este año, México acumula 20 mil 212 casos de CaMa, de los cuales 19 mil 943 corresponden a mujeres y 269 a hombres.
Mientras en 2025, la entidad reportó 446 casos de tumor maligno de mama, en lo que va del 2026, se contabilizan 432 casos; 427 son de mujeres y cinco de hombres. Del total, 18 se sumaron en tan solo una semana. En relación a las muertes por CaMa, al mes de octubre se han registrado 27 decesos.
Diego Alberto Gutiérrez Hernández, especialista del Hospital General No. 1 de Querétaro, señaló que el sobrepeso, la obesidad, tabaquismo, alcoholismo, así como factores genéticos y antecedentes por línea directa, algunas mutaciones genéticas, lesiones mamarias, radioterapias en tórax previas, menarca temprana o menstruación a partir de los ocho o nueve años, menopausia tardía, ausencia de hijos o primer embarazo después de los 30 años y exposición hormonal prolongada constituyen los principales factores de riesgo.
“El problema con el cáncer de mama es que es asintomático, pero hay signos que nos ayudan a detectar a tiempo con la autoexploración como bolitas, venas, hundimientos, piel tipo celulitis, pezón retraído, erosiones de la piel, fluidos, enrojecimiento, endurecimiento y asimetría. Además de las mastografías”, indicó.
Enfatizó que lamentablemente el 60 por ciento de las mujeres acude al especialista de manera tardía, lo que deriva en tratamientos más agresivos como quimioterapias, radioterapias, mastectomías y terapias hormonales. Agregó, que al revisar los datos estadísticos se detectó que a pesar de los avances científicos y farmacológicos, desde 2020 no se registra reducción de nuevos casos de CaMa.
En el caso de los hombres, puntualizó que no están exentos, y si bien representan el 0.3% de casos, hay riesgos. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), intervienen mutaciones genéticas, antecedentes familiares, haber recibido radioterapia de tórax, fármacos con estrógeno, cáncer de próstata, Síndrome de Klinefelter donde se disparan los niveles de estrógeno y se reducen los andrógenos y se presenta un cromosoma X adicional; padecimientos hepáticos, sobrepeso u obesidad.
En ambos casos, la prevención y la detección temprana pueden salvar la vida; más tarde el cáncer puede extirparse, pero sus consecuencias no siempre se van con una cirugía. Para miles de mujeres, sobrevivir es apenas el comienzo de otra batalla: la de reconstruir la vida que quedó después del quirófano.






