AUGUSTO ISLA / ROSARIO

GOTA A GOTA

En las décadas de los 60’s y 70’s, el maoísmo reactivó la euforia revolucionaria. Mientras los chinos sufrían al funesto Mao Tse Tung, en Occidente reverenciaban su movimiento. Y no eran los obreros el sujeto del cambio sino los universitarios sus promotores. Esos aires envenenados llegaron también a México. Una jovencita, estudiante de la escuela de Economía en la UNAM, destacaba entonces por su discurso bien articulado. Se llamaba Rosario Robles Berlanga. Junto con su compañero sentimental, Julio Moguel, militaba en esa izquierda radical con la ilusión de construir un México nuevo, libre de explotación. Pero algo moderó aquella pulsión comunista: su encuentro con Cuauhtémoc Cárdenas en 1987. Así, Robles se integró al universo del poder oficial. Y se dejó arrastrar por la ambición. Cárdenas fue la pértiga que la impulsó: llegó a ser la jefa de gobierno del entonces Distrito Federal con el sello partidario del PRD. Y a ella correspondió apoyar, para su relevo, al tabasqueño que hoy preside el gobierno de la república. Rosario simpatizaba con López Obrador a quien veía como un hombre de ideas muy claras con una propuesta de izquierda moderna. Pero Rosario no salió del todo limpia: se le cuestionó por la administración discrecional de los recursos públicos en el área de comunicación y asesorías. Sin embargo, el salto del PRD a su colaboración con el gobierno del PRI lo daría en la administración de Enrique Peña Nieto que le encomendó encabezar varias secretarías, destacando la de Desarrollo Social. El historial escandaloso de Robles ha sido largo. Y todo el mundo lo sabe, por así decirlo. El más reciente: la llamada ‘estafa maestra’ que describe la desaparición ‘misteriosa’ de 5 mil millones de pesos. ¿Está ella sola en este descomunal desvío de recursos públicos? Por supuesto que no. Están involucradas varias dependencias y universidades públicas. Pero a pesar de esta maraña, es ella la vinculada a proceso. Hoy en día, Robles se encuentra en prisión preventiva como medida cautelar, decidida por un juez, Felipe de Jesús Delgadillo Padierna. ¿Quién lo diría? Caminos torcidos los de la política. Como lo apunta el refrán ‘Santo que resbala, en demonio no para’. La joven ilusa de ayer, hoy la funcionaria tras las rejas.

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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes. Sí a la vida y a la libertad de expresión. No más derroches.

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