AUGUSTO ISLA / LA SORPRESA

GOTA A GOTA

Cuando creíamos que AMLO se saldría con la suya, que iniciaría ya el mezquino proyecto aeroportuario de Santa Lucía provocando una promiscua connivencia de la esfera militar y la civil; cuando dábamos por hecho que hundiría en las aguas el proyecto ya avanzado de Texcoco (NAICM), aparece un bendito colectivo denominado “No más derroches”. Y promueve más de un centenar de amparos. Y he aquí que consigue la suspensión de las obras. ¡Una maravilla! Una demostración de que aún el poder judicial se resiste a los dictados del todopoderoso tabasqueño, dueño y verdugo de México.

No es caprichosa la resolución jurisdiccional. Solo exige, en el caso de Santa Lucía, que se acrediten los estudios de impacto ambiental y la seguridad aérea; y en el de Texcoco las razones de la destrucción y dilapidación de cientos de millones de dólares. ¿No es esto razonable? Por supuesto que sí. Sin embargo, el iracundo mandamás, al par que sus huestes, cubre al colectivo, al que yo me sumaría encantado, de insultos. Los llama “corruptos”, “cretinos”, y amenaza con revelar sus nombres e intereses. Que lo haga. Nada encontrará que no sea el deber ciudadano de oponer resistencia a los caprichos y los prejuicios del Mesías que ve en Texcoco el símbolo de una era, la neoliberal, que él ha decretado como fenecida. Y por otro lado Santa Lucía, un destello de su genialidad.

Si remotamente, se logra salvar al proyecto de Texcoco, la necedad de cancelarlo quedará como una anécdota de la mala voluntad de un personaje perecedero. Y brillará como un emblema de la Ciudad de México. Por su valor práctico y su belleza arquitectónica. Como el Palacio de Bellas Artes. O como la Torre Eiffel en París. O como la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Las obras permanecen, los hombres pasamos. Somos polvo de olvido. También el envejecido tabasqueño que acaso se considera eterno. Tal vez consiga la reelección. Pero nada ni nadie es para siempre. Y México está vivo. Allí están esos jueces valientes como prueba. Allí también las voces de la sociedad civil organizada, que, libres, han dicho “no”.

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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes. Sí a la vida y a la libertad de expresión. No más derroches.

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