AUGUSTO ISLA / LA HISTORIA (I)

GOTA A GOTA

Historia y sociología a menudo se encuentran; se enlazan como el pasado y el presente. A veces, también, como dos muchachas que se disputan el novio, riñen por un tema. Con ánimo conciliador, Fernand Braudel escribió: “Sociología e historia constituían una sola y única aventura del espíritu, no el envés y el revés de un mismo paño, sino este paño mismo en el espesor de sus hilos”. Deambulo por los pasillos de ambas.

Durante mis estudios de posgrado en sociología, me aficioné a la historia, la gran señora de las ciencias sociales. Incluso impartí algunos cursos teóricos en la Facultad de Humanidades de la UAEM, en una época en la que mis estudiantes se entregaban con emoción a las fuentes originales; los deslumbraban sus hallazgos, pero los interrogaban poco o nada. Por eso, aquel taller de historiografía era un dale que dale con las preguntas que pide todo buen rastreo de los pasos del hombre en el devenir histórico. Leíamos Combates por la historia de Lucien Febvre, Introducción a la historia de Marc Bloch, algunos textos de Ernest Labrousse y Pierre Vilar. Claro, hablo de la escuela de los Annales: los dos primeros en el centro; los dos últimos en sus fronteras, científicos todos si tal palabra cabe, siempre empleada en la dimensión de las indagaciones sobre la sociedad. Ciencia, sí, como saber que edifica su objeto, sus conceptos y se ciñe a reglas precisas, no tanto para acceder a verdades inapelables como para comprender, para reducir el ancho mar de la incertidumbre.

De entre todos esos historiadores, he preferido invariablemente a Pierre Vilar. Entonces me entusiasmaba El Capital de Marx y la epistemología althusseriana. Y Vilar era quien intentaba una construcción histórica marxista, aunque sin olvidar a sus maestros de los Annales, a ese par de guerrilleros que eran, en los años veinte del siglo pasado, Febvre y Bloch. Nadie como Vilar entendió mejor y aplicó la noción de totalidad, derivada del marxismo. Su idea de la historia total no tenía, empero, resonancias megalomaniacas; era simplemente el esfuerzo por atrapar, por así decirlo, la dinámica de las sociedades por todos sus costados: económico, político, cultural…

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