AUGUSTO ISLA / LA CULTURA (IV)

GOTA A GOTA

Los queretanos solemos estar orgullosos de haber sido la sede de importantes sucesos históricos, aunque no todos están documentados en nuestro archivo de la capital. Y sin embargo, los que ahí resguarda constituyen nuestro patrimonio documental. Por eso fue motivo de alegría que durante la gestión del entonces gobernador Mariano Palacios Alcocer se haya inaugurado el Archivo Histórico en el inmueble de Madero 70, que ya albergaba en aquellos días el gran salón de la Historia magníficamente decorado por el artista yucateco Fernando Castro Pacheco. Lamentable fue que, al paso de los años aquel espacio se convirtiera en una especie de ‘vecindad’; espacio invadido, por así decirlo, por otras dependencias administrativas que, de alguna manera, sabotearon un digno acomodo de sus acervos. Y si a esa circunstancia agregamos la negligencia de algunos de los funcionarios que lo dirigieron, el desorden era manifiesto.

Al menos así lo encontré cuando fui nombrado Director General de Archivos: estantería vieja, basura por doquier, amén de una convivencia inadecuada con la hemeroteca. Poco o nada pude hacer. Acaso depuración de papeles inútiles como formatos para trámites burocráticos de tiempos idos. Me pareció que era necesario digitalizar los documentos y almacenarlos con nuevas tecnologías. Nada fue posible por una u otra razón: ni era prioritario para administración pública y resultaba demasiado costoso a los ojos de la superioridad. Así pues, queda la modernización del archivo histórico como asignatura pendiente, lo cual implica el desalojo del inmueble por parte de dependencias invasoras, aunque esto ya comenzó con la reubicación de la Dirección del Registro Público de la Propiedad. Así mismo, dado el crecimiento del archivo, es necesaria la creación de la Hemeroteca Estatal, ésta sí en proceso de digitalización.

Sería una vergüenza ‘hacernos de la vista gorda’. Son ambos, Archivo y Hemeroteca, nuestro patrimonio cultural, fuente esencial para conocernos. Sin documentos ordenados y accesibles no hay investigación histórica. Y sin ella no sabemos quiénes hemos sido y ni quiénes somos. Solo un pragmatismo pedestre puede darse ‘el lujo’ de abandonar la memoria. Es una pena que otras entidades con menos recursos pongan más interés en estos asuntos que, por ser menos visibles, no dejan de ser de relevancia para el desarrollo cultural de Querétaro.

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