AUGUSTO ISLA / FÁTIMA

GOTA A GOTA

Fátima era una niña de 7 años. Cursaba el primer año de la educación básica en la escuela “Enrique Rébsamen” ubicada en la alcaldía de Xochimilco. Hace unos días , a la salida de la jornada escolar, sin más ni más, la autoridad del plantel se la entrega a una mujer que, al parecer, la pequeña conoce, pues que en los videos difundidos días después, podemos observar que Fátima camina confiada por esas sórdidas calles, tomada de la mano de su plagiaria. El caso es que días más tarde aparece el cadáver de la criatura con señales de tortura y agresión sexual. ¿Cuál habrá sido el móvil de esa atrocidad que ha estremecido la conciencia nacional? Aún no se esclarece. Ni los autores ni la perversión que esconde el horrible crimen. Pero la indignación ha sido tal que llegó al salón de Tesorería de Palacio Nacional. A la pregunta del reportero sobre el suceso, el témpano tabasqueño responde, sin el menor dejo de empatía, que se trata de una descomposición social vinculada “al modelo neoliberal”, como otros tantos feminicidios, herencia del mismo. Una muestra más de su ineptitud analítica, de ese reduccionismo hermenéutico que retrata sus obsesiones, incluyendo su repugnante moralina: “si somos buenos, seremos felices”.

Pero, de ser sinceros, nada tiene que ver con eso que atormenta su alma vengativa, ese culpar al pasado con el que evade sus responsabilidades. Cuando la respuesta debió haberla dirigido a la deficiente aplicación de los protocolos pues con ellos cuenta la SEP, de tal suerte que si los padres no recogen a los niños pasados veinte minutos, la autoridad deberá conducir al menor a un centro especializado sito en la colonia Doctores. Pero se antoja decir que ignorante como es el presidente de la guía protocolaria, pues que sólo está concentrado en acumular el poder burocrático, cuya otra cara es la impotencia, carece de toda capacidad para analizar casos como el de Fátima.

Una demostración de la torpeza mental del tabasqueño es el hecho de que escuelas y, en general espacios públicos son propicios para el rapto de menores. La narrativa fílmica abunda en situaciones como la de Fátima. La última película que vi sobre el tema lleva por título “La mujer en llamas” que nos cuenta cómo una madre, al menor descuido, sufre la desaparición de su hijo menor, a quien, por fortuna, logra rescatar. Pero hay otros muchos en los que las desapariciones pasan a los archivos de casos no resueltos.

Siendo niño, mis padres nos advertían de la existencia de robachicos. Entonces no comprendía el móvil de tal canallada. ¿Padres que no habían podido procrear? ¿Robo de órganos como entendí más tarde? No fue el caso de Fátima, pues según informó la Fiscalía de la Ciudad de México tal situación no había ocurrido.

Pero Fátima, y su sacrificio cruel, amén de ser otra mancha imborrable, como el Culiacanazo, pues de conformidad con las observaciones de los estudiosos, va acompañada de los recortes presupuestales en las escuelas de “tiempo completo” que alivian las complicaciones de padres y madres abrumados por la necesidad de sobrevivir con el pluriempleo. En fin la llamada pomposamente 4T, un desastre.

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