Augusto Isla

GOTA A GOTA

Roma

Cleo lava el patio de la casa, levanta las heces del perro, asea la cocina, dialoga con su compañera en lengua mixteca, arrulla a los niños de su patrona, juega con el más fantasioso de ellos. Es la nana. La muchacha del servicio, indígena procedente de Oaxaca. Es la heroína de la película “Roma” de Alfonso Cuarón. Canto de amor, de gratitud a quien supo escucharlo. Un recuerdo tierno de su niñez. Un poema en blanco y negro. Relato de un tiempo ido y, a la vez, doloso presente, porque está aquí en su multiculturalidad, en sus lenguas diversas, en su machismo cruel, en una violencia que va de la familia a la polis siempre dispuesta a castigar al disidente con sus halcones mercenarios, vástagos de familias destrozadas.

De no ser Cleo, su mirada profunda, su casto silencio, “Roma” no sería sino un melodrama clasemediero… Pero Cleo lo redime, le obsequia un lirismo épico. Es la visión de los vencidos, diría Miguel León Portilla. La otra cara de un México complaciente con su pobre destino, en el que las pretensiones de la clase media se topan con la estrechez de los muros, – el viejo Ford que apenas entra en el patio –, en el que la cobardía sabotea la franqueza, el diálogo sincero del ‘ya no te quiero’, pero asumo mis responsabilidades.

No sé si caben las referencias, pero me las permito: el Neorrealismo italiano de Luchino Visconti, de Vitorio de Sica, la narrativa genial de Emilio Fernández, la lente de Gabriel Figueroa y Manuel Álvarez Bravo. La evocación de Alfonso Cuarón, como la plástica de Picasso, síntesis del siglo XX, condensa los destellos visuales de nuestro buen cine. Con un toque personal conmovedor, escrupuloso en la recreación de las atmósferas que entreveran el curso personal de la vida y la política alusiva a la ‘dictadura perfecta’, el duelo de la pérdida – el de Cleo cuya niña nace muerta –, el de la patrona abandonada por el marido y el de la patria huérfana de futuro con inmensos suburbios de miseria. Cine que entreverá también libertad de los caminos del viento – el avión que cruza los cielos – y la servidumbre terrestre.

Roma, cine de autor en el que Cuarón es todo: productor, guionista, director. Y como George Cukor, creador de estrella. Pues Yalitza Aparicio (Cleo) ya lo es, serena y turbulenta como las olas del mar de donde, ella, la súbita estrella fílmica, salva a los niños de morir ahogados .

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