Augusto Isla

GOTA A GOTA

La simulación

Era previsible que de la “consulta” sobre el aeropuerto de Texcoco resultara ganadora la opción de Santa Lucía. Se trató de una simulación ajena a la democracia, aunque el tabasqueño, con su perversa visión de las palabras, así la haya calificado. Fue más bien una pregunta a sus adeptos: ¿cumplo lo prometido en mi campaña de cancelar ese proyecto aberrante? Y las masas dijeron ‘sí’. Esto se colige de la comparación entre un proyecto en marcha y un garabato escrito en una servilleta por el ‘genial’ José María Riobóo, de la sobrerrepresentación del sur del país y de la Ciudad de México, territorios dominados por MORENA, de las preguntas sesgadas, de la burlona ‘votación’ doble o triple, de las urnas resguardadas sin control en la cueva del tabasqueño; consulta pues, dirigida a una minoría (1% de la población) y, por ende muy distante de una democracia participativa que debería ser universal y transparente.

En este sentido no fue legal ni tampoco ilegal. Simplemente un ejercicio político que le confirió al tabasqueño la legitimidad de sus fobias contra la ‘mafia del poder’ por parte de sus huestes. Una excrecencia monstruosa de la desigualdad, la corrupción… consolidación de lo que ha sido el líder de MORENA: una personalidad anómica, diría Emile Durkheim, es decir, alguien descarriado capaz de derrumbar las normas; desde aquel grito, que me evoca la pintura de Munch, pasando por la toma de la avenida Reforma; del “Al diablo con las instituciones”, hasta el “Me canso ganso”, ahora a punto de alojarse en Palacio Nacional: lenguaje provocador y plebeyo del fraudulento personaje que tendrá que asumir las consecuencias de rescindir contratos multimillonarios, indemnizar a 46 mil trabajadores, debilitar la confianza en México.

Lamento todo esto, incluyendo la sordera frente a los dictámenes de expertos en aeronáutica, la falta de consideración con las familias que perderán sus ingresos, la ingenuidad de quienes acudieron a las urnas confiando en que tal vez “en una de éstas” habría respeto al esfuerzo de tanta gente, a las ventajas que ofrece un gran proyecto modernizador.

El tabasqueño ganador debe estar feliz. Su deseo se ha cumplido. Pero la descomposición del rostro de la democracia es una tragedia para México. Un síntoma de los tiempos venideros, que no son nada halagüeños.

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