Augusto Isla

GOTA A GOTA

El laicismo

La construcción de la república ha sido lenta y difícil. Suponía la separación de los poderes religiosos y políticos, de modo que se restituyera a cada uno si independencia recíproca. La separación consuma el ideal laico que rechaza la voluntad de dominio de la religión y, por supuesto, sus derivaciones clericales, en tanto que el clericalismo rebasa la comunidad de los fieles e invade el poder temporal.

De ninguna manera se trata, pues, de rechazar la religión, sino de abrir la puerta a otras formas de la espiritualidad que habitan en las comarcas del arte, la ciencia, la filosofía, ahí donde estas prácticas viven más libremente. La libertad que entraña el laicismo funda un nuevo sujeto ético que emancipa la conciencia y consagra, por así decirlo, la igualdad ciudadana.

En el universo laico caduca el modelo de la realización única, ese monopolio de la verdad que asfixia toda diferencia. La libertad emanada del laicismo se despliega como una exigencia de la lucidez, más que como un regalo de la razón. Y es, en este sentido, portadora de un pensamiento crítico.

El laicismo no proclama, de manera alguna, el ateísmo. Solo confina las creencias religiosas a la intimidad de cada persona. Más aún el creyente y el ateo están más cerca de lo que suele pensarse. El creyente puede y debe respetar al otro, al ateo como lijo de Dios. Y el ateo, como ser humano, como humanidad compartida, debe respetar al otro, como condición de fraternidad.

En eso reside el valor de la democracia, en esa pluralidad que nos permite vivir en armonía plural. Y es al Estado a quien corresponde tutelar los derechos de cada cual, a vivir como decida, sin tener que ceñirse a un paradigma de individualidad, familia o comunidad. Aquellos que enarbolan una sola forma de familia ignoran que son esclavos de sus propios prejuicios.

Goethe decía que ‘Quien en nombre de la libertad renuncia a ser lo que tiene que ser, es un suicida en pie, la libertad, como la vida, solo la merece quien sabe conquistarla todos los días’. La gente de piel morena la de raíz africana, la que ha resuelto cambiar de género, la que ha formado una familia monoparental, la que ha optado por ser sexualmente diferente; Todos han conquistado su libertad a ser como son. Nuestro Amado Nervo afirmaba con acierto: “La libertad suele ir vestida de harapos; pero aun así es muy bella, más bella que todas las libreas de oro y plata”.

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