Augusto Isla

GOTA A GOTA

Encubrimiento

Más de dos décadas, la iglesia católica sufrió la presencia del arzobispo primado de México, Norberto Rivera, ahora se va. A los 75 años de edad, como lo dispone el Código Canónico. Y la iglesia respira después de tanto desgaste. Rivera caminó sobre zarzales. En litigio constante. Empeñado en sostener una tradición adversa a la modernidad, gastó sus horas en batallas perdidas: contra el aborto, la adversidad sexual, las uniones de personas del mismo sexo. Cercano a las cúpulas del poder, lejos de su grey. Fue prisionero de su necedad, de una ignorancia cultivada (ignorantia affectata). Empedernido misógino, se afanó por devolver a la mujer a sus hogares para cumplir su papel de esposa y madre abnegada y sumisa. Jamás comprendió los nuevos roles femeninos en una sociedad que la llama – a la mujer, digo- a la participación democrática. Era lacerante su silencio frente al caudal de los feminicidios. Rivera manchó la Iglesia cuyos problemas son hoy en día, al decir de Gary Mill, que nadie rinde cuentas, y en cambio transige con la corrupción endémica y, sobre todo, encubre la pederastia.
Durante su gestión en la Arquidiosesis de Méxic o, no solo toleró sino protegió a Marcial Maciel, uno de los grandes criminales de la historia del catolicismo, en complicidad con la indulgencia soterrada de Juan Pablo II. Incluso personas valerosas que conozco intentaron ponerlo en manos de la justicia civil.
En su visita a México, el Papa Francisco fustigó su proceder –aunque hablando en general- cuando declaró que este país no necesita príncipes, sino pastores, cuando puso entredicho una vida atraída por la frivolidad y los lujos. Como consecuencia, tal y como lo señala, Mónica Uribe, experta en estos asuntos, menguó el volumen de feligreses. La ponzoña de su intolerancia envenenó la comunidad católica.
Como el recientemente fallecido Bernard Law, otrora arzobispo de Boston, Rivera favoreció a los sacerdotes pederastas, inmóvil ante la barbarie y el sufrimiento de las víctimas. Escándalos de los que supo el mundo entero. Trágica biografía la de este mexicano que deja su iglesia ahogada en el descrédito. Desafío grande para su sucesor, Carlos Aguiar Retes, mitad político, mitad pastor, discreto amigo de Francisco, y por lo pronto agobiado por la desconfianza sembrada por su antecesor. Acaso una luz después de una larga oscuridad.

Comentarios

Comentarios