Augusto Isla

GOTA A GOTA

La insolencia

Dafne McPherson era una empleada de la tienda Liverpool en San Juan del Río. Desde el año 2015 permanece en prisión acusada de homicidio calificado. ¿Una injusticia? No lo sabemos bien a bien. Pues pueda tratarse también de un aborto accidental. Homicidio o aborto ocurren en un baño de la tienda. El alegato de ella es que ignoraba su embarazo y que el diagnóstico sobre su aumento de peso debiose a un problema tiroideo. Pero ¿a los ocho meses de gestión no hubo un médico que le diagnosticara correctamente? Todo se antoja inverosímil. ¿Por qué abortar en un baño durante su jornada de trabajo? ¿Por qué cometer un homicidio en tal lugar? Desconozco el expediente. Me enteré del caso en un programa conducido por Ciro Gómez Leyva quien, indignado por la tipificación del delito, denostó a la justicia mexicana, sin ofrecer mayores detalles.

Actualmente, según parece, el asunto está en manos de un juez federal a quien acudió la defensa por vía de un amparo. Ojalá el juzgador valore minuciosamente las pruebas, los peritajes médicos y demás: el entorno de la joven, su estado emocional; en sumas la verdad jurídica. ¿16 años de prisión por un suceso tan ambiguo?

Lo que es de deplorar, más que nada, es el comportamiento del fiscal que declaró que ni una “perra” por mero instinto haría tal cosa, deshacerse de la niña. Veo aquí dos problemas: la criminalización del aborto si ese fuera el caso, pero sobre todo el de la oralidad, mal construida, en tanto que descuida los perfiles de los fiscales y la debida capacitación técnico- jurídica, pero sobre todo ética. El alegato del fiscal en el ‘caso Dafne’, con sus analogías insolentes y vulgares, nos hacen pensar que mucho falta por hacer para que los juicios orales alcancen su verdadera eficacia y demuestren la bondad de un cambio histórico que por ahora queda en entredicho.

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