Augusto Isla

GOTA A GOTA

La mezquindad

Donald Trump prometió a sus votantes – en su mayoría blancos y de bajo perfil educativo, ingenuos y racistas iracundos- que su país volvería a ser grande. Pero solo ha mostrado la mezquindad que habita en sus entrañas, es decir, esa incapacidad para concebir nada con grandeza. Todo lo que emprende lo reduce a la escala de su pequeñez y mediocridad. Por prejuicios, por ignorancia, por tacañería. Se niega a suscribir el Acuerdo de París para combatir el cambio climático; amenaza con retirarse del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica con la falsa creencia de que México ha abusado del intercambio; propone una reforma al programa de salud (El Obamacare) por costoso, se retira de UNESCO ya porque sus políticas acusan un sesgo anti israelita, ya porque otros no pagan sus cuotas. El colmo es su actitud frente a la desgracia de Puerto Rico, devastado por el huracán “María”. Su presencia es tardía, se queja de que los apoyos debilitan su presupuesto y, en señal de su desagrado y su desdén, arroja a la multitud, papel sanitario que, en extrema falta de dignidad, recibe con beneplácito.

Al decir de Marx “el aislamiento nacional y los antagonismos entre los pueblos desaparecen de día en día con el desarrollo de la burguesía…” En pleno desconocimiento de las leyes históricas, Trump anhela retrasar el reloj del tiempo. Si algo caracteriza al imperio que gobierna es el ímpetu de su burguesía. Protegerla solo denota su debilidad. El proteccionismo empequeñece a su país, ignora que la grandeza está en otra parte: en sus letras, en su música en el pensamiento, en la ciencia y tecnología, en el cine cuando es bueno, cuando se eleva a la altura del arte; aunque muchas de estas aportaciones y creaciones sean frutos de afroamericanos, de judíos exiliados, de europeos talentosos. Si los Estados Unidos es grande, de por sí, sin proclamas demagógicos, es porque su territorio es un crisol de culturas, un hogar para la humanidad de excelencia. Hogar que lentamente se cierra gracias al talante rijoso, provinciano, de un arribista vacilante, torpe y peligroso. Pues más que grandeza, cada paso dado, evidencia la insignificancia de un plutócrata avariento.

Estados Unidos es hoy una vergüenza pare el mundo. Bastaría citar un ejemplo: los “salvajes africanos” han comenzado a levantar un “muro verde” conscientes de que algo debemos hacer para conservar este planeta. En el continente más pobre del mundo siembran árboles por doquier, mientras el presidente Trump dilapidar energía y tiempo para construir un muro de metal que salvaguarde la integridad de un país corroído por la xenofobia, las adicciones, la frivolidad del consumismo; en suma, la ausencia del espíritu.

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