Augusto Isla

GOTA A GOTA

El autoengaño

Se dice que la hipocresía es pasar por lo que no se es con la finalidad de obtener un beneficio. El hipócrita es un simulador falaz, una forma del engaño; quien cae en esa simulación es lúcido e interesado. ¿Reconocerá Margarita Zavala esta debilidad moral? Ella que acompañó a su esposo en los Pinos durante seis años sin pronunciarse contra el autoritarismo que desde ahí se gestó para nombrar a dos jóvenes petulantes, de cuyos nombres no quiero acordarme, presidentes de ese instituto político, auto considerado el paladín de la democracia. 

Pues ahora Margarita, discreta cómplice de quien gobernó con la ilusión estéril de erradicar el crimen organizado, abandona su militancia panista, ella tan generosa que solo piensa en México, que lo ama con pasión; ella honesta, libre, transparente, que durante dos años pidió, suplicó método, reglas claras que le abrirían las puertas de su candidatura a la presidencia de la Republica, con la convicción de ganarla, porque las encuestas, ese espejismos mediáticos un tanto erráticos, le concedían un triunfo muy probable, dado que en ellas aparecía como la favorecida por la voluntad ciudadana.

Y se va Margarita. Porque rotos sus sueños de abanderar a su partido en la contienda de 2018, tendrá que buscar otros senderos. Ella sola, independiente, segura de que cuenta con miles, millones, de simpatizantes que la tienen en la mira para transformar a México, a lo profundo, aunque su discurso no rebasa las fronteras de una retórica apenas anclada en el lugar común del amor y las buenas intenciones.

“Decisión equivocada”, afirma su dirigente, ese victimario que ha dejado la decisión más importante en manos de otros, de ese frente quebradizo que se romperá en algún momento y pronto. Decisión equivocada que favorecerá al partido gobernante, seguro Ricardo Anaya, el ‘joven maravilla’, más bien convertido hoy en ‘el joven pesadilla’, ese arrogante multimillonario, que al igual que Margarita se pierden en la órbita de las palabras vanas, las acusaciones dichas y redichas; ese ambicioso a destiempo, pues ¿quién a estas alturas, en este país deshecho, podrá confiar en él?, tan engreído, tan abusivo y personalista, que ha malgastado los recursos públicos en promover su imagen en más de un millón y medio de spots, según datos de su víctima, que va llevándose los valores del panismo, hechos pedazos hace un buen tiempo.

‘El joven maravilla’ ha caído en la trampa de su propio narcisismo; se considera un ser excepcional, un ser superior, enfermo de importancia. Un megalómano. Capaz de faltarle al respeto a los demás y conducirse con un desdén absoluto de sus propios límites. En su libro “Narcisismo”, Joseph Burgo afirma: “este tipo de megalomanía, por lo general suele acompañarse de un sentimiento de ser acreedor a algo. Soy mejor que la demás gente y las reglas por las que se rigen no se aplican a mi persona. Tengo el derecho a comportarme como mejor me parezca, sin tener que preocuparme por como esto afecta a otros; debería poder tener todo lo que quiero cuando quiero”.

Sin duda, Anaya es víctima de su megalomanía, tanto como Margarita de su farsa. Para ambos, la cima del poder político, se ha vuelto inaccesible.

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