ANTONIO OCARANZA / EVO Y LOS MIEDOS MEXICANOS

COLUMNA INVITADA

Las reacciones en México al asilo que el gobierno de López Obrador otorgó a Evo Morales tienen más que ver con una conversación interna que con la situación en Bolivia. Evo Morales desvela los temores del gobierno y la oposición y su presencia es aprovechada para reiterar sus narrativas y alimentar sus argumentos sobre el porvenir de México.

El ofrecimiento de asilo a Evo Morales es de las pocas decisiones de política exterior que el Presidente López Obrador abiertamente ha reconocido como suya. En otros casos, como la negociación de acciones contra la migración para a evitar aranceles a exportaciones mexicanas, se ha limitado a aprobar las opciones que su gabinete le propone. Pero en este caso, López Obrador se siente muy cercano a Evo y está convencido que Movimiento al Socialismo de Bolivia y la Cuarta Transformación mexicana se encuentran en la misma frecuencia.

Para AMLO, la caída de Evo tiene dos mensajes:

1.- Evo y la fragilidad de las reformas: López Obrador se identifica con la lucha de Evo Morales en favor de los desposeídos, de políticas públicas para la base de la pirámide, de la eliminación de privilegios o del empoderamiento de los excluidos, los pueblos originarios, los marginados. La presencia de Evo en México permite difundir los avances económicos de Bolivia y la efectividad de sus políticas para reducir la desigualdad y promover el desarrollo económico, que en México han sido poco conocidas.

2.- Doblegar a adversarios: la caída de Evo renueva el deseo de AMLO de debilitar a los poderes fácticos y la necesidad de avanzar rápidamente en las reformas de la 4T para que sean irreversibles. La semana pasada repitió que ya está cerca de completar las reformas más importantes para que sean irreversibles en caso de que los “conservadores” recuperen el poder. Evo muestra que los opositores siempre están al acecho y hay que doblegarlos contundentemente.

Para los adversarios, la caída de Evo ayuda a reforzar dos aspectos relevantes de su narrativa anti López Obrador.

1.- La reelección: es inevitable desconfiar de líderes de izquierda que declaran que no buscarán su reelección. El dicho tiene poco que ver con las verdaderas motivaciones de quienes consideran que para que sus proyectos fructifiquen necesitan perpetuarse en el poder. La ambición por reelegirse, aún a costa de la Constitución que promovió, y la obsesión por continuar promoviendo las reformas económicas y sociales explican la caída de Evo, no la intervención de la oposición o de las fuerzas armadas.

2.- El control de instituciones: los fallos del Tribunal Constitucional de Bolivia permitieron a Evo presentarse a dos reelecciones contraviniendo la Constitución. El debate sobre la limitación al período del Presidente de Instituto Nacional Electoral (INE) o la elección cuestionada de la Presidenta de la CNDH reavivan en México el argumento de que para los líderes de izquierda que buscan reelegirse es más importante controlar instituciones que la letra de la ley.

Gobierno y adversarios coinciden en un punto, la movilización social. Lo que permitirá a AMLO avanzar en sus reformas y lo que evitará que AMLO y su movimiento continúen en el poder, es el apoyo de la sociedad. Quien tenga capacidad de canalizar el descontento, dominar las calles y neutralizar las acciones de las fuerzas armadas tendrá la posibilidad de conquistar el poder.

Que un país olvidado y desdeñado por los mexicanos hoy resulte el terreno en el que gobierno y adversarios crucen lanzas solo puede explicarse porque detona sus más profundos miedos sobre México. Para el gobierno es un llamado a ampliar apoyos y consolidar proyectos; para los adversarios una esperanza de que el ejercicio del poder y los errores debiliten al gobierno y permitan derrotarlo.

En ese sentido, por el momento, a gobierno y oposición conviene tener a Evo en México.

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