Antonio Caranza Fernández

COLUMNA INVITADA

Todos contra AMLO y AMLO contra sí mismo

La campaña presidencial en México empieza hoy (viernes) su fase final hacia las elecciones del 1 de julio. En los siguientes 100 días la lucha será de todos los candidatos contra Andrés Manuel López Obrador y de Andrés Manuel contra sí mismo.

López Obrador, de la coalición de izquierda Juntos Haremos Historia, lleva meses con una clara delantera arriba del 30% en las preferencias electorales. En su tercer orden al bat, López Obrador ha sabido apropiarse del deseo de cambio que tiene buena parte del electorado mexicano y ha corregido errores que lo alejaron del triunfo en las elecciones de 2006 y 2012.

Hoy su tono es mesurado y dedica más tiempo a realizar llamados a la paz y el amor que a empujar una agenda de propuestas concretas sobre el futuro de México. Su lucha contra “la mafia en el poder” –como designa a gobierno, instituciones y empresarios que se le oponen–, carece de la intensidad de campañas anteriores y en un espíritu de conciliación ha expresado que no piensa procesar al presidente Enrique Peña Nieto por presuntos actos de corrupción.

López Obrador es el blanco de ataques del resto de los candidatos, Ricardo Anaya de la coalición Por México al Frente, José Antonio Meade de la coalición Todos Por México liderada por el gobernante Partido Institucional Revolucionario y la candidata independiente Margarita Zavala.

Anaya, en el segundo lugar en las preferencias, ha desarrollado una estrategia doble: asociar a Meade al desprestigiado gobierno de Peña Nieto y atacar a López Obrador por proponer un regreso al pasadoy un modelo económico que ha llevado al desastre a países como Venezuela. Es el candidato del cambio con continuidad que ofrece terminar con la corrupción, la violencia y la inseguridad conservando las reformas políticas, económicas e institucionales actuales.

Las circunstancias y sus contrincantes han ubicado a Meade en el extremo de la continuidad. Su preparación sólida e imagen limpia y sencilla harían de Meade el candidato ideal de cualquier partido político. Le simpatiza a la élite financiera y empresarial mexicana con la que se ha vinculado como funcionario público. Tiene a su favor el compromiso del gobierno de ayudarlo de formas muy diversas a llegar al segundo lugar, pero su asociación con un presidente y un partido –el PRI– impopulares ha sido una losa muy pesada para Meade.

Con un electorado harto de privilegios e injusticias, el halago de la clase empresarial y de los banqueros quizá le reste más simpatías de las que le sume. Es vital que en los primeros días de campaña Meade muestre que tiene con qué arrebatar a Anaya el segundo lugar y ser competitivo contra López Obrador.

Margarita Zavala es la única de los candidatos que es independiente. Su candidatura es producto de una profunda escisión en el Partido Acción Nacional al que Zavala renunció cuando fue evidente que el elegido sería Anaya. Como Zavala arranca en el cuarto lugar lo normal sería que atacara a Meade, pero el desprecio que siente por Anaya y el hecho de compartir una base de simpatizantes común quizá la lleven a concentrar sus ataques en Anaya aún a costa de reforzar la impresión de que su participación en los comicios es alentada por el propio gobierno para ayudar a Meade. ¡Vaya carambola!

Mientras Anaya, Meade y Zavala pelean por el segundo lugar, López Obrador se prepara para enfrentar los ataques que gobierno, contrincantes y “mafia en el poder” desatarán contra él y para trasladar su apoyo y carisma a candidatos de su coalición que le permitan controlar el Congreso.

Pero el peor enemigo de AMLO es él mismo. A pesar de su esfuerzo de autocontrol, sus oponentes lo han podido acorralar en batallas que podría haber evitado. Se empeña en discutir temas que son irrelevantes pero que resaltan sus negativos de arrogancia, rigidez y mesianismo y su propensión a ver que todo está mal en el país.

A los empresarios les preocupa su insistencia en frenar la construcción del nuevo aeropuerto internacional de México y desconocer los contratos firmados para la obra, y en revisar la reforma energética y suspender nuevas licitaciones de zonas para la explotación petrolera. También le da por hacer propuestas innecesarias, como someter su mandato a referéndum cada dos años, que sólo alimentan el miedo de amplios sectores de la clase media y alta de que México tome el rumbo de Venezuela.

El guión de los 100 días de campaña parece definido. Anaya, Meade y Zavala luchan por acercarse a López Obrador proyectándose como la mejor opción para continuar el modelo económico sin los riesgos ni saltos al vacío que atribuyen a AMLO. Pero, en última instancia, Anaya, Meade y Zavala tienen la esperanza de que los ataques a López Obrador y sus errores de estrategia lo lleven a su autodestrucción.

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