ANDRÉS GARRIDO DEL TORAL / EL QUERÉTARO ILUSTRE II

QUERETALIA

Cuántas veces nos preguntamos que por qué tal o cuál prócer queretano no ha entrado o está por entrar al Panteón y Recinto de Honor de las Personas Ilustres de Querétaro y no conocemos ni el reglamento o el estado que guardan los expedientes. Este es el tema que voy a desarrollar en esta mi columneja amada.

Para empezar esto no obedece a ocurrencias amistosas, compadriles o de buena fe; hay que hacer un expediente serio, profundo, donde se demuestre que un personaje nacido o no en Querétaro estado o municipio, haya hecho algo importante por la ciudad de Santiago de Querétaro, el municipio de Querétaro, algún otro municipio del estado o por el estado mismo, o por México o el Mundo. Si el candidato a la viabilidad de ilustre no es queretano de origen, como doña Josefa Ortiz de Domínguez o Félix Osores Sotomayor, hay que demostrar que hicieron algo por el municipio de Querétaro, algún otro municipio del estado o por el estado mismo, o por México o el Mundo.

Una vez que ya se tiene el expediente alguna institución o persona importante a nivel local, nacional o internacional deberá firmar la iniciativa ante el Ayuntamiento de Querétaro y convocar el Presidente Municipal al Concejo Consultivo del Panteón y Recinto de Honor de las Personas Ilustres de Querétaro, quien resolverá el no o el sí. En caso que este órgano colectivo dé la viabilidad de la candidatura la Comisión de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Querétaro dictaminará la viabilidad o no del personaje en turno y en caso afirmativo enviará la carpeta ante el pleno del Cuero Edilicio para que éste resuelva en forma definitiva.

En caso de que el Ayuntamiento ratifique la viabilidad honorífica, ésta puede ser de tres maneras:

Depósito de restos óseos -con placa alusiva y alto relieve con la efigie del personaje en cuestión- en un nicho;

Nicho con placa alusiva y alto relieve con efigie del personaje en cuestión sin restos óseos;

Estatua en columna con placa alusiva con o sin restos óseos.

Existen muchas candidaturas de saliva, de prensa o de pensamiento, como la de Francisco Cervantes, Manuel Septién, Antonio Pérez Alcocer, Rosalío Solano o Roberto Ruiz Obregón, pero ninguna con expediente formado y mucho menos con una firma de iniciativa importante.

También existen candidatos naturales a los que no les hemos hecho justicia como son Juan Caballero y Ocio y Ezequiel Montes Ledesma, y que sin duda merecen estatua. Don Ezequiel fue el queretano más importante en la lucha reformista y contra la Intervención Francesa, mientras que Caballero y Ocio fue el que hizo o rehízo de su propio peculio la gran mayoría de templos y conventos de la ciudad de Santiago de Querétaro, además de ser bienhechor de innumerables jovencitas novicias a las que daba tres mil pesos en oro para una dote y que se casaran o para pagar su ingreso a un convento. Los restos de don Ezequiel Montes se perdieron en la renovación del Panteón de San Fernando en CDMX hecha en 1921 por el presidente Obregón, pero los de Caballero y ocio están bien guardaditos en su templo que hizo a la Congregación de Guadalupe en Querétaro, después de que los republicanos destruyeron la capilla de Santa Loreto en que estaban enterrados. Esta capillita ubicada en las afueras de San Francisco, justo donde hoy está el Gran Hotel, la construyó Caballero y Ocio en honor a su madre.

Antes de que surgiera la figura política y académica de Mariano Palacios Alcocer, la carrera parlamentaria de Fernando Ortiz Arana y la trayectoria judicial de don Agapito Pozo Balbás, ningún queretano le llegaba a la trayectoria pública de don Ezequiel Montes Ledesma, oriundo de mi Cadereyta del alma.

Don Fernando Díaz Ramírez será el nuevo huésped en una de las cinco columnas que le restan al Panteón de los Ilustres, esperando que las restantes sean para los mencionados Caballero y Ocio y Montes Ledesma.

Los demás no se preocupen, nos quedan más de cuarenta nichos y sería difícil que el INAH permitiera más columnas que no correspondan al diseño original del Mausoleo de 1988.

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