ANDRÉS GARRIDO DEL TORAL / EL QUERÉTARO DEPREDADOR

QUERETALIA

Al inicio de los tiempos, cuando el homo sapiens empezó a habitar el planeta Tierra y se alejaron los mares de estas latitudes, el Creador del Mundo entregó al género humano lo que más tarde iba a ser llamado por los hispanos como el Valle de Querétaro, a 1920 metros sobre el nivel del mar, con un clima templado, allí donde comienza el Bajío Oriental rumbo a los vecinos Guanajuato y Michoacán, en un paraíso que todo lo cubría el agua, existiendo un gran lago que abarcaba desde la Cuesta China (entrada de Querétaro) hasta la zona lacustre del Occidente de México (Pátzcuaro, Ziragüén, Yuriria, Chapala, etcétera), cosa que ha quedado comprobada con estudios geológicos de la Facultad de Ingeniería de la U.A.Q. que demostraron la existencia de restos de embarcaciones pequeñas de madera, puntas de lanza y flecha y remos a menos de veinte metros de profundidad en la zona metropolitana de Santiago de Querétaro y El Pueblito.

Cuando desaparece ese gran vaso hidráulico queda en el valle queretano una laguna, a la que los primeros chichimecas y otomíes habitantes de  la zona llamaron ingenuamente “Laguna de los Patos”, misma que abarcaba una superficie acuática que besaba las faldas de El Cimatario, el cerro de Los Molinos de Carretas, el cerro de Patehé y el cerrillo de Sangremal, hasta perderse por la zona citadina que hoy conocemos como El Carrizal, allí donde forman un rectángulo las calles de El Carrizal, Ezequiel Montes, Zaragoza, Constituyentes y Tecnológico. La laguna fue llamada con este apelativo porque los indígenas originarios y recién venidos a la zona, en el siglo XVI, cazaban patos, mismos que habitaban el espejo de agua en gran cantidad, además de que dicho vaso también era rico en peces, lo que propiciaba la actividad pesquera y no solamente en sus orillas, sino que los nativos y recién inmigrados construyeron embarcaciones para pescar en aguas más profundas. Imaginemos así el risueño y verde jade paisaje del valle queretano en el siglo XVI, en sus primeros cincuenta años, cuando la zona que hoy son los fraccionamientos y colonias de Carretas, Bosques del Acueducto, Palmas, Pathé, Jardines de Querétaro, Panamericano, Mercurio, Arquitos, Quintas de El Marqués, El Marqués, Valle Alameda, El Laurel, La Cimatario, La Estrella, Aragón, Casa Blanca, Las Misiones y Villas del Sur estaba cubierta por el agua, lo mismo que la actual Alameda Hidalgo.

Al norte de la Laguna de los Patos pasaba un arroyito que se convirtió en el “Río Blanco” (Río Querétaro) hasta 1613, en que “reventó” el manantial del cerro de El Zamorano y aquella humilde acequia dio lugar a un río joven de aguas cristalinas y al nacimiento y aprovechamiento de la Acequia Madre, misma que regaría las huertas y casas del futuro pueblo de indios de Querétaro.

Cuentan las historias y leyendas de los primeros años del pueblo de indios de Querétaro que allá por 1550 –año en que se comienza a trazar la hoy ciudad de Santiago de Querétaro a partir de lo que hoy es el templo y ex convento de San Francisco- hubo la necesidad de repartir terrenos y solares para los indígenas chichimecas y otomíes que colaboraron en la pacificación de Querétaro en favor de la Iglesia Católica y la Corona Española, por lo que se vieron en la necesidad de mirar hacia la “Laguna de los Patos” y pensar cómo desecarla, para incluir esa zona lacustre en el reparto de privilegios a los fundadores.

Esa gran torpeza ecológica de desecar la laguna en cita la atribuyen los historiadores al Gobernador de Indios de Querétaro –y fundador del poblado- Fernando de Tapia, alias “Conni”, a su hijo Diego de Tapia y al que trazó el pueblo de indios, el arquitecto y criado Juan Sánchez de Alanís, mismos que si bien, dejaron morir la laguna, no pudieron con la fuerza del agua y sus leyes gravitacionales que reconocen su camino a pesar de la terquedad del ser humano, convirtiéndose esa gran superficie en terreno cenagoso, muy apto para la agricultura y la ganadería, pero propenso a las inundaciones cada vez que llueve en la Cuenca de Querétaro y no nada más en la ciudad del mismo nombre. No creo que alguien en el pleno de sus cabales me contradiga en cuanto a esa barbaridad ecológica de los De Tapia y de Juan Sánchez de Alanís que hoy deja inundadas las colonias y fraccionamientos del oriente y sur capitalinos como son: Carretas, Bosques del Acueducto, Palmas, Pathé, Jardines de Querétaro, Panamericano, Mercurio, Arquitos, Quintas de El Marqués, El Marqués, Valle Alameda, El Laurel, La Cimatario, La Estrella, Aragón, Casa Blanca, Las Misiones y Villas del Sur.

En resumen, los terrenos en los que se asentaría allá por 1547 el Mesón de Las Carretas, fueron primero parte de la superficie de la “Laguna de los Patos”, misma que al ser desecada por los indios principales hizo que se convirtieran en zona cenagosa muy propicia para el ganado pero sobre todo para la agricultura.

Comentarios

Comentarios