Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO PARROQUIAL

La importancia de los templos y parroquias en la Nueva España trasciende su carácter estrictamente religioso, aunque su origen deriva de una concepción del sentido de evangelización y conversión de la población indígena, lo cual estaba en el fondo del proceso de conquista y colonización  española, Posteriormente, la parroquia estaría ligada a la práctica permanente del catolicismo y al cumplimiento de los deberes religiosos de todos los habitantes de las poblaciones más allá de su composición racial; era el lugar donde se registraban loa actos más importantes de la vida en el virreinato: nacimiento, matrimonio y muerte. El número de parroquias se relacionaba  con la cantidad de habitantes: a mayor número de habitantes, mayor número de parroquias, con el fin de atender a las necesidades espirituales del vecindario. La parroquia era también el centro de concentración de una aglomeración humana y establecía jerarquía y orden al espacio urbano. En su derredor se organizaban las funciones urbanas, no sólo de tipo religioso sino también de carácter laico.

En el caso de Querétaro, el convento de los franciscanos situado en el corazón del poblado, funcionó desde sus orígenes en el siglo XVI como la única parroquia, con el nombre de parroquia de  Santiago. Con este  carácter la parroquia de Santiago daba servicio espiritual a todos los habitantes de la ciudad, independientemente de su raza o de su condición económica y social. Sin embargo, para principios del siglo XVIII el incremento demográfico y el crecimiento de la mancha urbana, así como la conformación de una estructura económica, social y racial bien definidas, planteó problemas que antes no se habían presentado. La formación de una aristocracia española predominante, identificada con la elite religiosa construida por jesuitas y clérigos seculares, llevó a éstos últimos a solicitar del rey de España un cambio en la administración parroquial.

Hacia 1711 el clero secular propuso al rey la división de la parroquia franciscana en dos: la primera, que daría servicio a españoles y gente ladina, sería entregada al clero secular y se localizaría en el templo de La Congregación; la segunda, destinada exclusivamente a los indios, seguiría administrada por los franciscanos. El rey desechó la proposición del clero de Querétaro; sin embargo, atendiendo a los argumentos esgrimidos por los seculares relacionados con el crecimiento físico de la ciudad y con el incremento de la población, determinó por cédula real del 5 de junio de 1712 la creación de ayudas de parroquias dependientes del convento franciscano.  La orden real llevó al arzobispo de México José Lanciego y Eguiluz a realizar una encuesta entre algunos “vecinos ilustres” de Querétaro para establecer el número de ayudas de parroquias necesarias en la ciudad y en su jurisdicción. Finalmente, en 1714 el arzobispo propuso las siguientes ayudas de parroquia:

•En el pueblo de Huimilpan al sur de la ciudad.

•En el pueblo de Buenavista al norte de la ciudad

•En el pueblo de La Cañada al este de la ciudad.

•En la ciudad en el barrio del Espíritu Santo, cuya jurisdicción abarcaría los barrios de San Antonio, Santa Ana y las haciendas y ranchos cercanos.

•En el barrio de la Otra Banda “San Sebastián”, de indios, donde hay mucha gente de razón, 3 obrajes cuantiosos y dos tenerías”. Esta ayuda estaría situada en la capilla de San Sebastián, en el barrio del mismo nombre.

La división propuesta por el Arzobispo de México fue aprobada por el rey. Sin embargo, el 24 de abril de 1718 el arzobispo escribía nuevamente al rey; se quejaba de que las cinco ayudas de parroquias no habían sido creadas por los franciscanos, por lo que solicitaba sus reales instrucciones. Como consecuencia de las nuevas indicaciones del rey, en 1719 el arzobispo libró despacho al provisional de los franciscanos, Fernando Alonso González, señalándole que en el término  de cuatro meses debían construirse las ayudas señaladas. El provisional acató la orden y procedió a la correspondiente construcción a costa de la provincia franciscana, sin el menor dispendio ni contribución  de los feligreses; no obstante, la ayuda de la negativa del marqués de Buenavista, parece ser que esta ayuda fue sustituida por otras que se situó en el pueblo de San Francisco Galileo, denominado el Pueblito, dado que en 1743 el corregidor Gómez de Acosta la mencionaba junto con las cuatro restantes.

La creación de las ayudas de parroquias en el barrio del Espíritu Santo y en la Otra Banda, por un lado era un reconocimiento de las características urbanas de esas zonas y, por el otro, contribuyó a consolidar los mismos barrios y sus áreas circulantes; la medida permitió también reorganizar la administración religiosa ejercida desde el convento franciscano. Principalmente, en el caso de la Otra Banda, el establecimiento de una ayuda de parroquia “urbana” respondió a la creciente integración de los diferentes barrios que se habían desarrollado desarticuladamente unos de otros, así como a la paulatina unión del conjunto con el resto de la ciudad; sin embargo, la barrera del río fue una permanente limitación a la completa integración de ambas zonas. A la escala de los barrios, las ayudas  de parroquias jugaron la misma función que el convento franciscano a la escala de la ciudad,

En 1756 la ayuda de parroquia existente al norte del río, en la Otra Banda, fue convertida en iglesia parroquial de San Sebastián; con ello esta parroquia se convirtió en el centro de las áreas rurales al norte de la ciudad. Su nuevo estatus religioso llevó a la fabricación de un nuevo templo, en sustitución de la capilla que había funcionado como ayuda de parroquia; con ello quedó de manifiesto la creciente urbanización de la zona, Durante la segunda mitad del siglo XVIII las capillas existentes en los barrios de Santa Ana y la mitad del siglo XVIII las capillas existentes en los barrios de Santa Ana y Divina Pastora, o San Francisquito, fueron convertidas también en ayudas de parroquias, con la construcción de sus respectivos templos en sustitución de las capillas anteriores. Este hecho respondió al crecimiento de la población y a la urbanización paulatina de esas zonas.

En 1759 se dio un nuevo cambio en la administración parroquial cuando el rey de

España determinó la secularización de los curatos. Pr esta medida el convento franciscano de Santiago  dejó de ser, en forma definitiva, el centro parroquial de la ciudad, trasladándose al templo de la Congregación. A partir de entonces la parroquia fue administrada por los clérigos seculares, conservando el nombre de parroquia de Santiago que había tenido desde  sus orígenes. Posteriormente, en noviembre de 1771, fue trasladad al que había sido templo de la Compañía de Jesús, después de la expulsión de los jesuitas en junio de 1767.

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