Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO FUNDACIONAL

En lo que hoy es la zona de la ciudad de Santiago de Querétaro no había asentamientos prehispánicos. Los que llegaron a existir en las cercanías se ubicaban en lo que hoy es La Cañada y la zona de El Pueblito, concretamente en lo que en la actualidad es Santa Bárbara, que contó con cinco mil pobladores, siendo la zona habitada más populosa de ese tiempo prehispánico. Antes del contacto con los europeos, la zona geográfica que luego fue el pueblo de indios de Querétaro, fue tierra de chichimecos, indicando las crónicas prehispánicas que en el cerro de El Zimatario (coyote macho) estaba la frontera entre los reinos azteca y purépecha, desde 1444, en tiempos de Moctezuma I “El Flechador del Cielo”. El pueblo de Querétaro no existía antes de la llegada del hombre blanco; el poblamiento de Santiago de Querétaro fue después de un asentamiento nuevo por traslado del lugar primitivo llamado Tlachco o Andamaxei (La Cañada)-concretamente en lo que hoy es el fraccionamiento Milenio III- donde habitaban en cuevas chichimecas, lugar en el que se avecindó Conni y sus familiares otomíes provenientes de Xilotepec. Dice Juan Ricardo Jiménez que allí permanecieron sin contacto con españoles cuando menos cinco años. Podemos suponer que el primer Querétaro se fundó sobre La Cañada allá en el primer tercio del siglo XVI, románticamente 1531. La segunda fundación tuvo lugar en el cerro de Los Molinos de Carretas en 1537, lugar al que hoy denominamos Loma Dorada, y que en el siglo dieciséis fue ocupado por los súbditos de Fernando de Tapia al no caber en las cuevas de La Cañada por haber crecido las familias provenientes de Jilotepec y Nopala. La tercera y definitiva fundación de Querétaro se dio en lo que hoy son el templo y convento de San Francisco, a partir de 1550.

No hubo batalla fundacional como la inventada por los cronistas franciscanos del siglo XVIII, quienes con sus maravillosas crónicas buscaban dos objetivos: a) Evitar la destrucción del convento y templo de La Cruz por haberse construido éstos sin el permiso del Regio Patronato, relatando los milagros de la Santa Cruz allí custodiada y resaltando la importancia de los padres crucíferos franciscanos en la fundación del pueblo de Querétaro; b) Colaborar con los descendientes de Nicolás de San Luis Montañéz en aumentar los méritos de este cacique para así lograr mayores beneficios de la Corona española.

En el proceso de civilización de esta zona geográfica no hubo conquista para instalar el dominio español, antes bien, hubo una aceptación pacífica del nuevo gobierno real y de la religión católica, además del doloroso reconocimiento de tributar a favor de la Corona hispana. En la Sierra Gorda sí hubo lucha por la conquista de ese territorio.

Los primeros frailes que predicaron y evangelizaron en esta zona de la ciudad de Santiago de Querétaro fueron los franciscanos de la custodia de Michoacán y no los del señorío de México, asentados en la Alcaldía Mayor de Huichapan-Xilotepec. Conforme a este argumento, puedo decir que no hay evidencia de que el guardián del convento franciscano de Jilotepec, Alonso de Rangel, haya estado en Querétaro, y tampoco lo relativo a fray Jacobo de Dacia, cuya temporalidad y espacio en Nueva España no coincide con la primera evangelización de Querétaro. El que esté la estatua de Jacobo Daciano en la plaza de los Fundadores en el barrio de La Cruz es por una sugerencia romántica del profesor Eduardo Loarca Castillo a su primo el gobernador Rafael Camacho Guzmán con motivo de los 450 años de la fundación queretana.

Los primeros españoles que arribaron a la región queretana en plan de exploración y posesión provenían eran de la tropa de Nuño de Guzmán, gobernador de Guadalajara, y fueron éstos sus primeros encomenderos provenientes de Acámbaro, que estaba sujeto a la Perla de Occidente.

El primer europeo al que se sometió Conni fue al encomendero proveniente de Acámbaro, Hernán Pérez de Bocanegra, quien llegó a La Cañada para convencer a Conni de someterse a la Corona española. Ahí recibió aquél su bautizo y cambió su nombre prístino por el de Fernando de Tapia. ¿Pero por qué amo tanto a Acámbaro y le doy tanta importancia? Pues porque es la madre y padre de Querétaro; fue fundada esta risueña ciudad en 1526, perteneciente al reino de Michoacán, desde Guadalajara. De Acámbaro salió el primer español que pisó lo que hoy es Querétaro: Hernando Pérez Bocanegra. Acámbaro es la madre de Querétaro en cuanto a que de allí partieron los primeros españoles a rendir al pueblo chichimeca de La Cañada y también los primeros frailes que evangelizaron Santiago de Querétaro, concretamente los franciscanos políglotas de su convento primitivo, además de imponernos el nombre de Queréndaro (lugar de piedras o peñas), que los españoles corrompieron en “Querétaro”. Acámbaro es la puerta de la historia de El Bajío, y su cultura de Chupícuaro (el cielo azul) se remontan a casi ocho cientos años antes de Cristo, su fundación indígena es del año1225 al año de 1270, y ya como pueblo español su fundación tuvo lugar en 1526, por estrategia económica y de defensa a lo largo del camino que hoy va de Querétaro a Chapala, cinco años antes que Querétaro, por Nicolás de San Luis Montañez. En el acta de 1535 en que se oficializa la fundación acambarense firma como testigo de ese acto jurídico nada más ni nada menos que Fernando de Tapia, alias Conni, el mal llamado Conín, quien había ayudado a Nicolás en las primeras incursiones por el antiguo Acámbaro desde 1522. García Ugarte nos pone en un predicamento sobre la fundación de Querétaro en 1531 cuando afirma que Conni fue bautizado por recomendación de Hernán Pérez de Bocanegra y Córdoba entre 1541 y 1545, y que apenas hasta 1538 recibió don Hernán Pérez de Bocanegra la encomienda de Acámbaro.

Acámbaro (lugar de magueyes) es pues, piedra fundamental para el nacimiento y desarrollo de Querétaro y base del conocimiento de la doctrina y adoración de la Santa Cruz, aunque el gran cronista vitalicio guanajuatense, el erudito Isauro Rionda Arreguín, exagere diciendo que los otomíes, chichimecas y tarascos acambarenses que fundaron Querétaro dependían del Gobernador de Acámbaro y que hasta 1560 el virrey Luis de Velasco nombró uno que viviera en el pueblo santiaguense de Querétaro. Aquí choca el cronista guanajuatense con nuestra versión de que dependimos de Xilotepec hasta 1578, en que se fundó el municipio de Querétaro con su alcaldía y ayuntamiento español. También el maestro Rionda se atreve a escribir que Conni, Fernando de Tapia, y su hijo Diego, conquistaron la Sierra Gorda: sabemos que esto fue hasta 1744 con Escandón. Conni acaso llegó a Tolimán en 1532, mientras que su joven tío Nicolás de San Luis Montañés fundó San Juan del Río, Huimilpan, Tequisquiapan y Amealco en lo que hoy estado de Querétaro. Qué bueno que Pérez de Bocanegra se regresó a Acámbaro y no se quedó en Querétaro, porque le dio por el negocio personal de hacerse latifundista y alquilar indios a trabajos forzados en las minas del reino de Michoacán y en Taxco. El muy cretino gozaba de la confianza virreinal y fundó a partir de Acámbaro no solamente Querétaro sino que posteriormente lo hizo con Tarimoro, Apaseo el Alto y el mismísimo San Miguel el Grande (hoy de Allende). La hoy Morelia vería la luz hasta 1543 con la mano de obra de acambarenses, bien hechos, laboriosos y que cobraban por sus servicios apenas para comer. Querétaro aportó mano de obra india para la construcción de templos y conventos en los poblados recientemente fundados de Celaya (1571) y León (1576).

Por cierto que el encomendero Hernán Pérez de Bocanegra, quien entró en tratos con Conni en La Cañada y pacificó la zona, llegó a Nueva España apenas en ese año de 1526 con su primo Luis de León, el mismísimo juez de Residencia que vino a juzgar los excesos de don Hernán Cortés. Eso explica que Pérez de Bocanegra obedeciera al nefasto y muy cruel de Nuño de Guzmán, asesino sanguinario que fue acérrimo enemigo de Cortés.

El pueblo de indios de Querétaro quedó sujeto dependiente de la cabecera de provincia ubicada en Xilotepec en cuanto al gobierno indígena, la que dependía a su vez del Reino de México. El Concejo de Indias fue el órgano de la Corona que decidió tal cuestión, la que duró hasta 1631, a pesar de la oposición de Fernando de Tapia -mismo que murió en 1570-, y de que se creara la Alcaldía Mayor de Querétaro con ayuntamiento español en 1578, teniendo jurisdicción sobre los pueblos de Amealco, Huimilpan, San Juan del Río, Tequisquiapan, La Cañada, San Francisco Tolimanejo (Colón) y Tolimán.

Nicolás de San Luis Montañéz, presunto tío de Fernando de Tapia, sí tuvo que ver con la posesión de pueblos como Amealco, Huimilpan, Acámbaro, los Apaseos y Silao, pero en Querétaro no tuvo mayor importancia, resultando Fernando de Tapia de mayor estatura histórica que aquél por su obra fundacional y civilizatoria, que llevó a cabo en los momentos constitutivos de la nueva sociedad novohispana, siendo un dirigente político que batalló toda su gestión por la independencia política de Querétaro respecto a Jilotepec, sufriendo inclusive la deposición en su cargo de Gobernador de Querétaro por un juicio de residencia que le encauzaron sus enemigos políticos de Xilotepec y caciques de la región de El Pueblito que se sintieron despojados por Conni al repartir éste las mejores tierras propiedad de aquéllos a favor de los otomíes venidos de fuera.

Estas conclusiones tan fuertes no deben causarnos espanto ni debemos borrar nuestras fiestas tradicionales, porque aún con la verdad histórica a flor de piel, las costumbres y tradiciones que nos legaron nuestros ancestros son un patrimonio intangible que debe ser conservado para crear y fortalecer el tejido social tan necesario en estos tiempos de hombres y mujeres de ninguna parte, que requieren de identidad.

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