Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO DOMINICAL 

EL ARRAIGO DE LOS SUSPIRANTES A LA POLÍTICA

Desde que afortunadamente las candidaturas de ningún partido se definen desde el centro del país, el arraigo de los candidatos entre los queretanos ha cobrado una gran importancia y es un valiosísimo indicador –aparte de otros- para saber quién va a ganar una elección. Decía el maestro Francisco Antonio Peña Mejía que ante tanto oportunista ave de paso había que llevarlos vendados a un paraje de la Sierra Gorda y allí dejarlos para ver si sabían regresar. Entonces, este ínclito servidor de ustedes se ha dado a la ingrata tarea de proponer algunos indicadores queretanísimos para saber si su candidato cuenta con más o menos arraigo para merecer su preferencia a la hora de emitir el voto. El 70% de los potenciales votantes son queretanos –incluyendo a los hijos de los que hace 19 o 18 años llegaron a Querétaro- pero advierto que los requisitos exigibles por nuestra Constitución Local no son muy rígidos para advertir el arraigo, ya que para el caso de gobernador basta con tener cinco años de residencia si no se ha nacido en la Entidad.

¿Habrán nuestros candidatos estudiado en la primaria Benito Juárez, Vicente Riva Palacio, Colegio Salesiano o en el Instituto Queretano o la preprimaria en el Juan Escutia o en el Rosita S. de Chanes?

¿Habrán conocido que había educación secundaria en la U.A.Q. y recibido clases en el Patio Barroco, Patio de los Naranjos o Patio de San Francisco Javier? ¿Conocerían acaso a inolvidables maestros como Fernando Díaz Ramírez, J. Guadalupe Ramírez Álvarez, José Arana Morán, Luis M. Vega, Agapito Pozo Balbás, Enrique Rabell Trejo, Antonio Pérez Alcocer, Alfonso Negrete Ríos, Hugo Gutiérrez Vega, Alberto Macedo Rivas, Fernando Loyola, María Luisa Medina de Montes, Federico Montes Collantes, “El Vate”, Manuelito Lozada, Eduardo Loarca Castillo, Cirilo Conejo Roldán o Carlos García Michaus?

¿ Habrán contemplado a la maquinaria pesada arrasar con las casas enfrente de Santa Rosa de Viterbo y las que estaban en las actuales Ezequiel Montes Sur y Corregidora Norte y el cambio del mercado Pedro Escobedo al actual Mariano Escobedo? ¿ Comerían acaso un taco allí con don Pepe Ríos servidos por Carlitos y mi compadre Morriña y comido en la original ostionería Tampico? ¿Habrán platicado con Julián el Gutierritos en el bar “La Perla” o degustado coca colas chiquitas y tacos de cabeza frente a lo que eran las oficinas de Telégrafos Nacionales en 16 de Septiembre y Allende? ¿Habrán jugado volibol o básquetbol en la cancha del antiguo convento de Santa Clara o en la de Capuchinas o echado un fajineroso en el Cerro de las Campanas o en el mirador del Aeropuerto? ¿Conocerían siquiera por fuera La Ópera, El KCHT, La Feria de las Flores, Qué Vas que Entro, El Luchador, El Montecasino, El Cortijo de Don Juan Peñaloza, La Perla, Los Candados, El Puerto de Mazatlán, El Águila de Oro, El Super de Querétaro, El Conde, La Luz del Día, Sedería Franco Muñoz, El Gran Hotel, La Flor de Querétaro, La Ciudad de México, la antigua Central Camionera para ir por un six o la Estación del FFCC? ¿Se habrán cortado el pelo, barba y bigote en San Pablo con don Enrique Gómez y rasgado una guitarra frente a un balcón florido una noche de febrero?

¿Conocerían en el jardín Obregón la charla bullanguera de los amigos detrás de una muchacha o habrán visto matineé en el cine Alameda, películas del Santo y Blue Demond en el Reforma, cintas cachondas en el Plaza o culturales en el cine Hércules con los  mineros de San Joaquín delante de ti tapándote con su sombrerote y sentados arriba de la butaca sin acomodar? ¿Habrán escuchado los relojes de repetición de Santa Rosa de Viterbo o Catedral y contemplado sus lechuzas o habrán oído el sonar del agua del Río Querétaro en noches tranquilas? ¿Habrán asistido a un baile en los patios de la Universidad, en el Salón Querétaro, en el Casino Español o en El Jacal? ¿Se habrán curado una cruda en los baños turcos y de vapor a un lado de San Agustín o explorado la cueva del Cerro de Las Campanas o Pathé? ¿Habrán dado confesión y recibido un jalón de orejas de los virtuosos padres Salvador Septién, Concha, Quesada, Eusebio Mendoza, Alfonso Toríz Cobián, Carrillo o Ruiz?

¿Habrán visto dormir a la gordera doña Tina en las calles de Madero o escuchado las estaciones Radio Alegría y Radio Dóllar originales y obtenido un premio en el programa Preguntas en el Aire del gran Héctor Cortés Cabrera? Dicen que son muy gallos y ¿acaso sabrían de Pachín Niembro o del Periquillo Alfonso Pozas Herrera, del Guaymas Miguel Álvarez, del Poli Ortega, de Silvano Téllez, de Jorge Trejo, Justino González, Chiva Zepeda, Néstor Flores, Kamamoto Jiménez, Chamaco Villa, Chino Gustavo García, Víctor Muñoz, Félix Pérez el Chanfle, Armando Ramos, Fernando Vega González, Austreberto Álvarez Bardales y compañía? ¿Habrán visto a Óscar Urquiza ascender con los Estudiantes de Querétaro de tercera a segunda división o a los Atletas Campesinos de segunda a primera o militado en los Lobos?

¿Habrán asistido a la plaza de toros Colón, a la arena Bolaños Cacho o pasado por la zonaja de La Merced? ¿Conocerían a doña Poncha, Piccola Giovanna, Baltazar Murillo, al Flint, Felipe Mendoza el Patines, David Andrade Serratos el Lobito, Miguel Ángel Méndez el Venado o sufrido un robo del Ardilla o del Chiburrias?

¿Se habrán agarrado a madrazos (no tortura) con Jorge Hernández Palma, Álvaro Arreola Valdés, Luis Juárez, Pirrín Vega, Alfredo y Chimino Mendoza Cañete, Agustín Avilés el Rasputín, Adolfo Ríos Mancilla el Chiquilín (síganme prestando su atención, no dejen de leerme), Fabián Sánchez o con el Gilligan?

¿En La Cañada habrán probado las nieves o los tacos de Pedro o enamorado en sus huertas o nadado en el río o visitado los Socavones o platicado con don Toño Loarca Gutiérrez o con el viejo Ramírez Álvarez? ¿En Huimilpan habrán tomado tequila con el padre Agustín Saavedra, habrán ido de día de campo a la presa de San Pedro o acampado en las Lagunas de Servín? ¿ En El Pueblito habrán probado un aguacate o caldo de buey, subido el cerrito de la mal llamada pirámide, nadado en El Batán o caminado de la ex hacienda de Vanegas hasta el Ejido Modelo? ¿En Pedro Escobedo habrán platicado con don Juan Landeros, Manuelito Silva, Julio Aguilar Luján o la profesora Herlinda García con un humeante atole y tamales o visitado Ajuchitlancito, Sanfandila (con todo y casas nuevas) o probado las riquísimas pero carísimas delicias del mar de El Capitán o el delicioso menudo de los panistas de El Saúz?

¿En Amealco se habrán tomado un pulque en la zona indígena, enamorado a una del Toral en el Terrero San Miguel Tlaxcaltepec, comido un pan negro o un champiñón al natural, acampado en sus bosques o montado en la exhacienda de La Muralla? ¿En Tequisquiapan se habrán dado un baño maría en las aguas termales o pasado frío en la cordillera o echado un palestino en la estación Bernal o cantado en el río o nadado con el Pelón Memo Trejo Anaya campeón nacional de natación? ¿En Colón habrán escalado El Zamorano, jugado un partido de fútbol a 3000 metros de altura en Trigos, cantado con el güero Gutiérrez en La Mangana, pescado en la presa de La Soledad, platicado con el señor Puebla y su apreciable familia, rezado en el santuario de Soriano o tomado nieves que saben a refaccionaria y ferretería?

¿En Ezequiel Montes habrán comido pata y chicharrones de res, visitado Las Rosas, asistido a un jaripeo, conocido la iglesia de San Miguel Tetillas, escalado la Peña de Bernal, rezado en la capillita de las Ánimas, observado en El Jagüey a mujeres hermosas, apostado a las cartas o emborrachado con mi compadre Sergio Vega Montes? ¿En mi vieja Cadereyta habrán conversado con Pepe Pérez Trejo frente a el Pilancón y las Fuentes, recitado al cerro del Mintehé, escalado La Magdalena, tomado un “haztependejo” (bebida regional aguardentosa), apreciado sus exhaciendas –sobre todo Santa Bárbara-, paseado en el carrito y el burro del Fuchas, platicado sabrosamente con el contador Chava Pérez Trejo ante un vaso de vino tinto, comido en los tacos del Dode, o chismeado con doña Anita Olvera de Díaz?

En la misma Cadereyta ¿habrán ido a los bosques de Esperanza o de la Mora, subido en un atardecer a ver ponerse el sol en Toluquilla, comido con Bulmaro y Ruperto Leal en Vizarrón, cantado alguna tonadilla en el viejo auditorio municipal o en el kiosko frente a la parroquia de San Pedro y San Pablo, caminado por el antiquísimo barrio de San Gaspar, jugado una carta con Armando Olvera o un partido de fútbol contra los “güeros” de Boyé, ganado un concurso de tomarse tres caguamas calientes al hilo contra albañiles barrigones en las fiestas de El Refugio, oído a “La Banda Grande” de Boxhasní tocar “la cabrona”, almorzado en el antiguo Baratillo, parlar italiano con el Popo Martínez, rivalizado por el pulque con un tlacuache alcohólico o con Jaime Martínez, vivido en la Casa del Útero con mi hermana Otilia Díaz Olvera, apurado una coronita de Emiliano Muñoz o un cabrito en su sangre e interpretado “Viajera” con don Hitler Velázquez?

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