Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO QUE SOÑÉ

Decidí subir la cumbre de El Cimatario una vez más, como lo hice desde 1977 con mis amigos de secundaria Alfonso Núñez Hernández, Alfredo Breña Gómez, Juan de la Vega Macías, Armando Valdés Rodríguez, Gustavo González, Rogelio Solís Ramírez, Víctor Elio Roca y Carlos Cázares Núñez. Ahora voy solo, en 2018, a mis 54 años de edad, cuando es difícil que alguien de tu época te acompañe por falta de tiempo, de saludo o simplemente por no tener condición física.

Mi idea no era ir de ida y vuelta como en otros tiempos sino quedarme en la cumbre del Coloso del Sur una noche, contemplando las estrellas y la luna, así como la metropolitana mancha de luz de Santiago de Querétaro, con el objeto de conectarme con el Creador y olvidarme del trajín diario en mi estrangulada ciudad. El primer problema era cómo pernoctar en mi Eterno Centinela si desde hace muchos años está prohibido acampar en el área del parque natural nacional y no se diga en el Cimacuático. Me acordé que los ejidatarios al sur de El Cimatario han roto la malla ciclónica para que sus animales beban agua de los bordos construidos en la falda que mira hacia Huimilpan y me dije: “ya chingué”. Esperé que pardeara la tarde de un viernes cualquiera, dejé estacionada mi camioneta “Peregrina” en el aparcamiento del Cimacuático y al anochecer entré furtivamente al seno cerril dispuesto a llegar hasta las antenas.

En el camino rumbo a la cumbre no dejé de pensar en aquella medio novia que me acompañó a finales de los años setenta a cazar un zorrillo, cuyo hígado hervido curaría mis males asmáticos. ¡Porquería de receta, pero era necesarísima para curar mi mal! Al atrapar al animalito mi rural pareja y yo bajamos de prisa el cerro rumbo a mi camionetita Datsun 1970, esperando no encontrar a un guardia forestal, pero con tan mala suerte que antes de llegar a la caseta divisamos a uno. En ese momento le dije a mi medio novia que lo escondiera entre los pliegues de su vaporosa falda (a mí siempre me gustaron las rancheritas güeritas de vestido o falda rojos), a lo que ella enojada contestó: ¡No! ¡Ni loca! A lo que yo le pregunté el porqué de su negativa, contestándome en el acto: “porque huele refeo”. Me le quedé viendo sorprendido y solamente, de manera imperativa, le dije: “que se aguante el pinche zorrillo”.

Perdonándome mis amigas lectoras este disparate vulgar pero real, regreso a mi crónica de 2018, contándoles que decidí pernoctar en una de las cuevas artificiales que construyeron los republicanos en 1867 durante el Sitio de Querétaro, decidiendo esto su servidor por ser un inútil para el armado de una casa de campaña.

Estaba yo en lo más profundo de mi meditación con el arcángel Miguel cuando me interrumpe una voz ronca llamándome por mi nombre de guerra: “Divo Peregrino, despierta”. Asustado volteé para todas partes con el objeto de encontrar al emisor de tan espantable voz -parecida a la del eterno ronco Manuel Santana Franco- y cuál fue mi sorpresa al encontrarme con la figura de un guerrero chichimeca, cobrizo, greñudo, de músculos marcados, serio, con cara de roca al estilo Sergio Bailleres, el que se identificó como Alonso Poalcyn, descendiente directo de cuatro generaciones de nobles chichimecos que poblaron este valle cuatro siglos antes de la llegada de Conín y sus invasores.  Me relató que fue él, Alonso Poalcyn, quien interpuso un juicio de residencia en contra del advenedizo Fernando de Tapia (Conín) por haber abusado de su cargo de Gobernador vitalicio indio al repartir tierras, aguas y bosques en favor de sus aliados y parientes foráneos, despojando a los dueños originales de sus bienes, además de rentar o alquilar indios de La Cañada como cargadores en la construcción de las hoy ciudades de San Miguel de Allende y Valladolid actual Morelia. Me precisó que ganó ese litigio ante la Real Audiencia de México y que Fernando de Tapia fue despojado de su cargo vitalicio de gobernador, el cual no lo pudo heredar a su hijo Diego de Tapia. ¡La verdadera queretanidad había triunfado!

Quedé pasmado con tanta información que el personaje me estaba dando, por lo que con temor le pedí la razón de su presencia en ese lugar y a esa hora, por lo que rápido me contestó: “quiero que les lleves el siguiente mensaje a los candidatos a presidente municipal de Querétaro porque estoy muy preocupado del futuro de mi tierra, a la cual reconozco cada día menos. De Iván no hablo por su partidillo familiar, tampoco de Antonio Cabrera que es anodino y no propone nada. De Gustavo Buenrostro diré que es un queretano de sepa que sufrió por sus ideales políticos desde que un “burro” lo corrió injustamente de la Facultad de Derecho. Pero me preocupan los que sí pueden ganar, porque en ellos está el futuro de mi entrañable ciudad y esto no es un juego, es cosa seria, aunque etimológicamente seamos un “juego de pelota”. Adolfo Ríos es un buen hombre pero inexperto, sin preparación, no conoce a fondo la problemática del Querétaro real, su arraigo es casi nulo. Una cosa es ser popular y otra es tener la capacidad para coordinar tantas cosas que requiere este municipio capitalino. Francisco Pérez Rojas es ingeniero civil y abogado, ha estado en la política desde 1998 en que estuvo de financiero en el PRI, proviene de las mejores familias y su abuelo Antonio Pérez Alcocer es una de las mentes más privilegiadas que ha dado esta tierra; sin duda Pancho tiene punch, pero las siglas que lo cobijan no lo ayudan mucho, pero tiene posibilidades. Otro excelente es Luis Gabriel Osejo Camargo, de familia muy arraigada en la ciudad, periodista e hijo de periodista, destacado estudiante y con visos de intelectual. Inventó en Querétaro el quehacer político en las redes sociales y la noticia virtual, siendo además muy buen analista y magnífico empresario que no necesita robar al llegar a un puesto público. Luis Bernardo Nava Guerrero nació en esta ciudad, aunque su papi sea de Michoacán y su madre de Hidalgo, pero con profundo arraigo y cariño por lo queretano. Son ellos verdaderos panistas, de los que pasaron carencias, que fueron perseguidos en su momento, de los que andaban en un vocho blanco haciendo talacha, no como muchos advenedizos neopanistas que solamente disfrutan lo que otros hicieron. Nava tiene experiencia y capacidad, tiene estructura y es el favorito para ganar. Lógico que es al que todos le pegan por ser el puntero y tener capital político en su haber. Como fue el encargado del área de oportunidad más grande en el gobierno actual –el servicio de transporte público-, pues está en una vitrina transparente. Tiene bastantes probabilidades de ser el ganador porque en Querétaro al PAN le basta juntarse con asociaciones de padres de familia, la derecha, grupos católicos y empresarios para ganar, además de que su voto duro ha crecido.

Así que mi querido Divo, te ruego los busques y les digas que convirtamos a Santiago de Querétaro en una ciudad más humana donde sus habitantes no solamente sobrevivan sino que vivan con seguridad, movilidad, empleos bien remunerados y servicios públicos básicos eficaces y eficientes en un clima de paz y respeto a los Derechos Humanos.

No se haga obra pública ni se tomen decisiones en materia de servicios públicos sin la consulta a la población a través de novedosos sistemas de participación social. Reinstaurar los Consejos de Participación Ciudadana para que la sociedad civil sea quien haga el Plan Municipal de Desarrollo y le dé seguimiento y exija su cumplimiento. La mejor solución a los problemas de la comunidad viene de quien los vive a diario”.

Con cara de ídolo mal tallado estilo inca continuó con su mensaje: “que el presidente municipal no esté apoltronado en sus oficinas del Centro Cívico recibiendo solamente a unos cuantos: estará en la calle haciendo frente a los problemas, tomando decisiones expeditas pero consensadas y responsables de manera cotidiana. Los viajes al extranjero se supriman casi al cero.

Hagan sesiones de Cabildo abiertas, es decir, sesiones donde los vecinos del municipio puedan intervenir con voz a la hora que se tome una decisión trascendental para su hábitat.

Desconcentren y descentralicen obras públicas y servicios hacia las delegaciones municipales, convirtiéndolas en reales instancias de gobierno y no solamente en ventanillas de recepción de documentos. Las delegaciones municipales deben contar con presupuesto propio y la capacidad de decisión y ejecución. El nombramiento de delegados municipales se haga con el consenso de los pobladores y los que así sean designados deberán cumplir con una residencia efectiva mínima de tres años en la correspondiente demarcación territorial, para que nunca más lleguen a ocupar dicho cargo personas que no conocen la problemática diaria ni mucho menos su solución. Los delegados que designen con el consenso popular trabajarán de día y de noche en su demarcación porque allí deberán vivir y dormir”. (Continuará).

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