Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO NACO

¿Les parece insultante el título de esta columneja? Pues no mis queridos chiquitines, mi Querétaro del alma también tiene aspectos corrientes que es necesario corregir, sobre todo que muchos de esos detalles atacan las normas del buen vivir y convivir. Me temo que la mayoría de lo que aquí tocaré se refiere al tráfico y a la estrangulada movilidad. ¡Nos urge como sociedad un Manual de Carreño palabrero y prángana!
Qué nacos los que aplauden en el palenque ferial a un tal “Potrillo” que además de impuntual se presentó ebrio y que es famoso por sus excesos sexuales y de sustancias tóxicas, que si bien ya cantó y grabó en Viena y en el Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México fue deleznable su comportamiento en este diciembre de 2017 en la feria queretana. ¡Qué fácil es arrancar los aplausos de un público ebrio! Lo difícil es hacerlo en un teatro con público sobrio y serio. Qué nacos los automovilistas y camioneros que invaden los carriles confinados para los autobuses nuevos y que además no respetan las boyas y espacios peatonales, y las señoras que se estacionan en segunda y hasta tercera filas para dejar a sus escuincles hasta la mismísima aula escolar. Qué corrientes los motociclistas que te rebasan por la derecha y van echos la ingada entre los coches. Qué nacos los ciclistas que se suben a las banquetas y a los andaderos y les valen mádere los peatones, sobre todo viejecitos y niños. Qué ignorantes los que dicen “andadores” en lugar de andaderos a las zonas peatonales. Andadores son los que por allí deambulan.
Qué nacos los que se estacionan arriba de las ciclovías y en los lugares para los minusválidos o frente a las entradas y salidas de una casa habitación; igual de nacos los que se pasan los altos atrás de una ambulancia o cualquier vehículo de emergencia, o que en el carril de vuelta en “U” sobre la avenida 5 de Febrero entorpecen el tráfico para esperar la vuelta a la derecha, a pesar de los sufridos agentes de movilidad a los que no respetan los muy hijos de la lingada. Retenacos los que agandallan en la 5 de Febrero para subir al tercer piso y entrar al boulevar Bernardo Quintana, sin hacer la larga fila, lo mismo frente al zoológico Wameroo para alcanzar la carretera federal 57. Nacos los choferes del transporte público que no se bañan y van con su música a todo volumen, y precisamente ésta no es de Bach o Mozart. Nacos los que fuman en lugares cerrados y más si hay menores de edad presentes, al igual que los que usan cachucha o sombrero en ese tipo de lugares: nadie les enseñó que “el capello” es para lugares abiertos. Igual o peor de nacos los que en el cine o en misa o en concierto de música elegante no ponen en silencio el teléfono móvil y hasta se atreven a contestarlo y a hablar en voz alta.
Harto corrientes también los que hablan interjecciones (alias malas palabras) delante de una damita, sobre todo si no la conocen o no le tienen confianza; nacos los agentes de tránsito que no se bajan a ver al presunto infractor hasta su carro sino que esperan sentadotes en su patrulla a que el viejecito o la damita lleguen hasta ellos. Naquísimos los que aplauden en los conciertos de música clásica cuando no deben hacerlo, al igual que los que llegan tarde a una sala de música o cine, incomodando a los puntuales. Nacos sin perdón los impuntuales, sobre todo los políticos. Naquísimos los dizque líderes que literalmente arrastran acarreados a aburridos actos políticos, en que los pobres manifestantes ni saben quién o para qué fueron, simplemente su hambre de una beca o subsidio gubernamental los lleva a ser comparsas, incluyendo niñitos.
Nacos a quienes les regalas un libro y no leen ni siquiera el índice, lo mismo a quienes les mandas un saludo y no lo contestan. Nacos los trajes arrugados de Milano del personal masculino bancario que te tratan con la punta del pie y los trajes negros de los insoportables guaruras de nuestros próceres locales, al igual que sus cuellos estilo Mao (líder chino que tenía asma). Nacos los del grupito de what Sapp y Face Book que mandan burda pornografía y chistes repetidos y zonzos. Nacos los meseros llevados y corrientes que hasta drogas ofrecen en tugurios por las calles de Zaragoza, Arteaga, Pino Suárez etcétera. Naquitos los que se creen elegantes porque invitan a sus secretarias y golfas a lugares como la Hacienda de Don Ramón, tacos “La Guelaguetza”, “Fin de Siglo” y “La Barriada”, oyendo “Amor Eterno” y hasta la tararean con ojos de borrego a medio morir.
Nacos de guardar aquellos a los que les prestas el micrófono un minuto y no tienen para cuando acabar, además de que como nada tienen que decir vuelven a mencionar a todos los miembros de la línea de honor o presídium; también son nacos esos pobres noctámbulos que consumen tacos de nauseabunda alcantarilla en la esquina de Gonzalo Río Arronte con avenida Corregidora sur, echando el dueño todas sus sobras al caño al llegar el amanecer; en esa misma cuadra, qué naco todo el contexto del Centro Cultural “Manuel Gómez Morín”, negocios de compostura de vehículos, raspados ambulantes, zapateras baratas, basura por todas partes, polvo, el color gris verde del centro cultural y su falta de computadoras para los palabreros pránganas. Sucios y nacos las parejas de calenturientos (no enamorados) que en taquerías y marisquerías se están besando de lengüita después de comer alimentos condimentados con ajo y cebolla y no son capaces de lavarse el hocico antes; nacos super stars aquellos que traen su vehículo en condiciones deplorables, despintado y sucio, modelo atrasadísimo, con placas del edomex o de la CDMX de los años setenta u ochenta con una calcomanía de Morena o del odioso América. Les vendo un puerco elegante y pulcro.
Quién viera a Elenita tan seria, recatada, liberal y valiente escritora. También fue joven y dueña de una fina ironía, y a edad temprana se relacionó con gente importante de la intelectualidad mexicana. Es por ello que quiero transcribir sus encuentros en el elevador del diario Novedades con mi admirada compositora yucateca de “Sombras, cuando tú te hayas ido”, Rosario Sansores, y con otra señorona desconocida para ella: mi amada Alma Reed. Que disfruten mis cinco lectores esta interesante crónica que les ofrece el Peregrino de Amor.
“En los cincuentas y sesentas, en el elevador del periódico Novedades, subía a la redacción de The News –diario estadounidense adherido a Novedades- una mujer que solía canturrear del primer al tercer piso, cerraba los ojos y apenas si los abría cuando teníamos que bajar las dos.
Usaba vestidos anticuados, con encajes y holanes, y cuando vestía de negro se veía muy guapa, porque tenía una cara blanca, pálida, y el negro la hacía todavía más distinguida. Algunas mañanas subí entre ella y Rosario Sansores que rivalizaban en un duelo de sombreros cubiertos de velos, flores y pájaros disecados. Siento no haberle dirigido la palabra, porque sobre sus labios flotaba una sonrisa, pero como siempre estaba cantando, no me atreví a interrumpirla. Ahora que sé cuán importante es Alma Reed y me asombra que Novedades no le prestara mayor atención. Nunca oí que se comentaran sus artículos ni que se dijera que fue buena periodista. Nunca Fernando Benítez, que era el director del suplemento México en la Cultura, encargó un reportaje sobre ella. Le daban un poco el mismo trato despreciativo que a Rosario Sansores, a quien tachaban de cursi. Rosario Sansores (oriunda de Yucatán) había venido a instaurar en México la crónica de Sociales. Nadie mencionaba su poema “Sombras” que se convirtió en una canción de la trova yucateca. Como Sansores, Alma Reed no formaba parte del establishment intelectual mexicano; las únicas mujeres que tenían acceso eran Frida Kahlo y Elena Garro y Sor Juana Inés de la Cruz. Ahora, en el siglo XXI, me entero que subí y bajé el ascensor varias veces durante años con un personaje fabuloso. En la escuela Windsor nos hacían cantar dos canciones: “Caminante del Mayab” de Guty Cárdenas, y “La Peregrina” de Luis Rosado Vega con música de Ricardo Palmerín, y a lo largo de los años escuché el verso de “Peregrina de ojos claros y divinos” que no pude asociar con Alma Reed. Ella era extranjera y yo le atribuía la canción a todas las viajeras que vienen a México. Pero ahora veo que la única que lo merece verdaderamente es Alma Reed, enamorada del gobernador de Yucatán Felipe Carrillo Puerto, el “dragón rojo” del sureste mexicano.
Alma Reed formó parte de un grupo de intrépidas norteamericanas que llegaron a México en pos de la Revolución y aquí se dedicaron a estudiar y difundir la cultura mexicana.

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