Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO FUNDACIONAL

Van a decir mis cinco lectores y mis muchos malquerientes que cómo jodo e insisto con Acámbaro (como si hubiera dejado novia o quelite), pero ni modo señores, es la madre de Querétaro en cuanto a que de allí partieron los primeros españoles a rendir al pueblo chichimeca de La Cañada y también los primeros frailes que evangelizaron Santiago de Querétaro, concretamente los franciscanos políglotas de su convento primitivo, además de imponernos el nombre de Queréndaro (lugar de piedras o peñas), que los españoles corrompieron en “Querétaro”. Acámbaro es la puerta de la historia de El Bajío, y su cultura de Chupícuaro (el cielo azul, eso significa, nada de chupes, y eran muy pacíficos, a diferencia de los chichimecas queretanos) se remontan a casi ocho cientos años antes de Cristo, su fundación indígena es del año1225 al año de 1270, y ya como pueblo español su fundación tuvo lugar en 1526, por estrategia económica y de defensa a lo largo del camino que hoy va de Querétaro a Chapala, cinco años antes que mi Queretarín, por Nicolás de San Luis Montañez. En el acta de 1535 en que se oficializa la fundación acambarense firma como testigo de ese acto jurídico nada más ni nada menos que Fernando de Tapia, alias Conni, el mal llamado Conín, quien había ayudado a Nicolás en las primeras incursiones por el antiguo Acámbaro desde 1522. García Ugarte nos parte la mandarina sobre la fundación de Querétaro en 1531 cuando afirma que Conni fue bautizado por recomendación de Hernán Pérez de Bocanegra y Córdoba entre 1541 y 1545, y que apenas hasta 1538 recibió don Hernán la encomienda de Acámbaro.

Acámbaro (lugar de magueyes) es pues, piedra fundamental para el nacimiento y desarrollo de Querétaro y base del conocimiento de la doctrina y adoración de la Santa Cruz, aunque el gran cronista vitalicio guanajuatense, el erudito Isauro Rionda Arreguín, exagere diciendo que los otomíes, chichimecas y tarascos acambarenses que fundaron Querétaro dependían del Gobernador de Acámbaro y que hasta 1560 el virrey Luis de Velasco nombró uno que viviera en el pueblo santiaguense de Querétaro. Aquí choca el cronista guanajua con nuestra versión de que dependimos de Xilotepec hasta 1578 en que se fundó el municipio de Querétaro con su alcaldía y ayuntamiento español. También el maestro Rionda se atreve a escribir que Conni, Fernando de Tapia, y su hijo Diego, conquistaron la Sierra Gorda: sabemos que esto fue hasta 1744 con Escandón. Conni acaso llegó a Tolimán en 1532, mientras que su joven tío Nicolás de San Luis Montañés fundó San Juan del Río, Huimilpan, Tequisquiapan y quizás Amealco en lo que hoy estado de Querétaro. Qué bueno que Pérez de Bocanegra se regresó a Acámbaro y no se quedó en Querétaro, porque le dio por el negocio personal de hacerse latifundista y alquilar indios a trabajos forzados en las minas del reino de Michoacán y en Taxco. El muy cretino gozaba de la confianza virreinal y fundó a partir de Acámbaro no solamente Querétaro sino que posteriormente lo hizo con Tarimoro, Apaseo el Alto y el mismísimo San Miguel el Grande (hoy de Allende). La hoy Morelia vería la luz hasta 1543 con la mano de obra de acambarenses, bien hechos, laboriosos y que cobraban por sus servicios apenas para comer. Querétaro aportó mano de obra india para la construcción de templos y conventos en los poblados recientemente fundados de Celaya (1571) y León (1576).

El museo de Acámbaro tiene más piezas prehispánicas que todos los museos de nuestro estado juntos, para que vean la riqueza de su pasado. No es casual que el mejor museo del mundo, el de Louvre en París, resguarde una figura femenina en barro, de Chupícuaro, la que nos sigue asombrando. El Municipio acambarense, con su poco presupuesto, edita año con año una gran cantidad de libros en español e inglés explicando su historia y su cultura, desde estudios primarios para niños y adolescentes, hasta para especialistas de doctorado. Me da pena ajena que estén envueltos en dos grandes proyectos: “El Gran Libro de Acámbaro” y la “Biblioteca Acámbaro”, especializada en estudios locales únicamente. ¿Qué en Querétaro no podemos hacer algo así de largo alcance sin pensar en períodos sexenales o trienales y los odiosos cambios de titulares de la política y la cultura? Ahora que me he jubilado de mi adorada U.A.Q. ofrezco mis servicios para impulsar proyectos parecidos caones.

Lo relevante de Chupícuaro para Mesoamérica es su cerámica, sus figurillas de barro empastilladas y sus complejos enterramientos con un avanzado estado de momificación. Su influencia alcanzó todo el occidente y altiplano mexicanos, y aquí en el estado, principalmente San Juan del Río, el de las Palomas Queridas. Por la construcción de la presa Solís (la más grande e importante del centro de la República mexicana) el viejo pueblo quedó hundido en las aguas, pero en tiempo de secas aún se pueden observar sus ruinas. Grandiosidad de una cultura que creció a orillas de la fertilidad del Río Lerma, el mismo que atraviesa Amealco, que dependía del rey purépecha.

Por cierto que el encomendero Hernán Pérez de Bocanegra, quien entró en tratos con Conni en La Cañada y pacificó la zona, llegó a Nueva España apenas en ese año de 1526 con su primo Luis de León, el mismísimo juez de Residencia que vino a juzgar los excesos de don Hernán Cortés. Eso explica que Pérez de Bocanegra obedeciera al nefasto hideputa de Nuño de Guzmán, asesino sanguinario que fue acérrimo enemigo de Cortés. Dicen las consejas que Cortés sí estuvo en Acámbaro en 1522 cuando se entrevistó con el rey Calzonzi; así mismo este placero armero y cronista oficial y oficioso les develó que Maximiliano de Habsburgo estuvo del 18 al 22 de octubre de 1864 en esta bendita tierra del maguey y el barro.

LA CASA DE LOS PERROS: En la esquina que hoy conforman la calle de Cuauhtémoc y avenida Universidad, frente al puente de la Revolución, al inicio de la Otra Banda, existió hasta finales de los años sesenta del siglo XX una humilde pero limpia pulquería denominada “Chupícuaro”, propiedad de los padres de mi compadre Jorge Trejo Zamorano, “El Morriña”, famoso ex jugador de Gallos Blancos y Club Pachuca, que al igual que sus padres no comprendían el significado de esa culta palabra (cielo azul) sino que por folklore la usaron al recordarles algo de chupe o chupes. El chiste era atraer clientes: los señores eran nativos de El Sitio, San Juan del Río, y fueron socorridos por su paisano Saturnino Osornio en tiempos aciagos. Desapareció dicha pulcata y dio lugar a otros antros menos dignos como el KCHT y otras porquerías donde curaban el nautle con todo y niño (mojón humano envuelto en pañal de tela). Me cuentan mis informantes que más de un político de época se ofreció a ser proveedor de esos “niños”, ya que la cajeteaban mucho. Les vendo un puerco envuelto en aquello en que están pensando.

LAS SIRENAS DE TILACO: Las fiestas decembrinas no nada más deben ir dirigidas a los turistas, a los que les gusta la rumba, el antro, el chupe, drogas y lo orgiástico; también deben tener su lado místico o religioso para hacer tejido social, así lo aconseja a nuestras autoridades locales y municipales el virtuoso Vicario diocesano Martín Lara Becerril, porque el desarrollo de la comunidad no nada más tiene qué ver con lo económico: es el mejoramiento integral de las personas en esta caótica aldea. Comparto con él su punto de vista. No todo es turismo, prau pau y francachela. Les vendo un puerco profano y vestido de bañista, como chilango o gringo jubilado.

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