Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

Les puedo decir que aparte del Centro Histórico de mi ciudad Santiago de Querétaro amo el sur citadino, su Cimatario, su Alameda, sus llanos de Callejas y Casa Blanca, su añoso panteón municipal de 1932, su viejo Estadio Municipal de 1934, su moderno Estadio Corregidora de 1985, su prángana y gris Centro Cultural Gómez Morín y a su bella avenida Constituyentes (1977) que vino a sustituir a mi señera carretera Panamericana. Amo su bella colonia Cimatario que fue la primera de tipo residencial en el Querétaro de finales de los años cincuenta; quiero sus jacarandas y tabachines, de primavera en flor, lila y rojo fuego respectivamente. Muero por un caldo de camarón y una sangría de la verdadera cantina La Roca, aquella de los años setenta en que las mujeres no podían entrar y tenían que ser servidas en su auto: ahora se las llevaría la Guardia Municipal si consumieran en su coche.

Amo el recuerdo del suburbio de lodo, paracaidismo y pobreza de la original Lomas de Casa Blanca, donde “El Chato” Ramos bailó al ritmo de la tortura policial aquella canción de protesta llamada “Casas de cartón”. Añoro la vinatería “Argos” de Corregidora sur, propiedad del licenciado Rogelio Garfias Ruiz, donde había un verdadero surtido de ultramarinos y no sardinas Calmez o atunes Herdez como en los Oxxo de ahora. Me dio pena en 2002 llegar con mi compadre Beto Escárcega a un after asqueroso que se puso en el lugar que fue “Argos” y donde una señora con sus fritangas, adentro del local, le bajaba el cohete a los amanecidos mandándolos a sus respectivas casas oliendo a manteca de otro hogar. Recuerdo a más de algún catrín vestido de impecable traje negro y en auto Grand Marquis, del mismo color, llenarse de olores fritangueros, tragar guajolotes de carnitas y besar –sin lavarse el hocico- a la amante en turno, en medio de la deprimente pista de baile, en la que señoreaba el humo de los cigarrillos y del fogón tercer mundista.

Amo al sur por su luna suburbana, que desde el panteón municipal se ve más grande y encoje mi ánimo cuando en madrugadas de garufa silbaba el viento y parecía que los niños enterrados en la tercera sección del cementerio municipal estuvieran llorando. Extraño las jacarandas de la avenida José María Truchuelo, sobre todo en las noches de julio, cuando la lluvia hacía que las flores lilas se apachurraran contra el empedrado y desprendieran su mágico aroma. Amo el olor a pasto que se desprendía de los llanos de El Cimatario hasta los sembradíos de Callejas y Carretas, donde todo era labranza y ganado, haciendo de mi niñez un silabario. Lo único que ponía freno a mi alegría fue cuando en los años setentas se puso un tiradero municipal de basura en las faldas del Coloso del Sur, por donde ahora está la Central de Abastos, para reubicarlo después, en 1977, en la antigua Cuesta China. De niño me gustaba mucho asomarme desde el campanario de Carmelitas para mirar hacia el sur, a mi Cimatario coyote macho, o a oír y ver los cohetes lanzados los domingos al mediodía anunciando que Gallos Blancos y Silvano Téllez, “Kamamoto” Jiménez o “El Aguacate” Jaime Álvarez, habían clavado un gol en el municipal estadio que en realidad es del estado.

Qué regocijo las noches de sábado para ir a la Comercial Mexicana de Allende y Zaragoza, para escuchar los discos de vinil de The Beatles y oler el plástico de los salvavidas, las pelotas, los trajes de baño y de las albercas inflables, todo lejos del alcance del bolsillo de mis padres. Pero era un gusto ir adivinando desde mi callejuela de Ocampo las luces de neón de la Comer.

Este goce que siento por mi sur no es de ahora, es desde que nací, pero se ha reforzado con el paso de los años, y sobre todo cuando mi sentimiento contra los gringos va en aumento, malditos Estados de Amnesia que prefieren ser gobernados por un patán que por un estadista. El mismo norte queretano no me gusta tanto como sí me gusta el sur. Imaginen un paseo por la avenida de La LUZ O LA DESCOMPOSICIÓN SOCIAL EN SANTA ROSA JÁUREGUI. LES DEJO POESÍA DEL SUR CAONES.

Vuelvo al sur

Vuelvo al sur

Como se vuelve siempre al amor

Vuelvo a vos

Con mi deseo, con mi temor

Llevo al sur

Como un destino del corazón

Soy del sur

Como los aires del bandoneón

Sueño el sur

Inmensa luna, cielo al revés

Vuelvo al sur

El tiempo abierto y su después

Quiero al sur

Su buena gente, su dignidad

Siento al sur

Como tu cuerpo en la intimidad

Te quiero, sur.

Te quiero, sur.

Fernando Pino Solanas – Ástor Piazzolla

El sur también existe

Con su ritual de acero

sus grandes chimeneas

sus sabios clandestinos

su canto de sirena

sus cielos de neón

sus ventas navideñas

su culto de Dios Padre

y de las charreteras

con sus llaves del reino

el Norte es el que ordena

pero aquí abajo, abajo

el hambre disponible

recurre al fruto amargo

de lo que otros deciden

mientras el tiempo pasa

y pasan los desfiles

y se hacen otras cosas

que el Norte no prohibe.

Con su esperanza dura

el Sur también existe.

Con sus predicadores

sus gases que envenenan

su escuela de Chicago

sus dueños de la tierra

con sus trapos de lujo

y su pobre osamenta

sus defensas gastadas

sus gastos de defensa.

Con su gesta invasora

el Norte es el que ordena.

Pero aquí abajo, abajo

cada uno en su escondite

hay hombres y mujeres

que saben a qué asirse

aprovechando el sol

y también los eclipses

apartando lo inútil

y usando lo que sirve.

Con su fe veterana

el Sur también existe.

Con su corno francés

y su academia sueca

su salsa americana

y sus llaves inglesas

con todos sus misiles

y sus enciclopedias

su guerra de galaxias

y su saña opulenta

con todos sus laureles

el Norte es el que ordena.

Pero aquí abajo, abajo

cerca de las raíces

es donde la memoria

ningún recuerdo omite

y hay quienes se desmueren

y hay quienes se desviven

y así entre todos logran

lo que era un imposible

que todo el mundo sepa

que el Sur,

que el Sur también existe

Mario Benedetti – Joan Manuel Serrat)

SUR (1948)

Alameda y Corregidora antiguas y todo el cielo,

El Plancarte y más allá la inundación,

tu melena de novia en el recuerdo

y tu nombre flotando en el adiós…

La esquina del herrero, barro y pampa,

tu casa, tu vereda y el zanjón

y un perfume de yuyos y de alfalfa

que me llena de nuevo el corazón.

Sur… paredón y después…

Sur… una luz de almacén…

Ya nunca me verás como me vieras,

recostado en la vidriera

esperándote.

Ya nunca alumbrarán con las estrellas

nuestra marcha sin querellas

por las noches de Calleja.

Las calles y las lunas suburbanas

y mi amor en tu ventana

todo ha muerto, ya lo sé…

Alameda y Colón antiguo, cielo perdido,

Cimatario y, al llegar al terraplén,

tus veinte años temblando de cariño

bajo el beso que entonces te robé.

Nostalgia de las cosas que han pasado,

arena que la vida se llevó,

pesadumbre de barrios que han cambiado

y amargura del sueño que murió.

Letra: Homero Manzi Música: Anibal Troilo

LAS SIRENAS DE TILACO: Mi nuevo libro “Guía histórica del Sitio de Querétaro” quedó de rechupete con 450 páginas y fotos a color, del trabajo artesanal de Ericka del Real, editora del Archivo del Estado, y del señor director de los Talleres Gráficos del Estado, don Álvaro Mondragón. Lo presentaremos el próximo 13 de junio de 2017, a las 19:00 horas, puntuales, en el patio principal del Archivo Histórico sito en Madero 70. Por cortesía de quien lo financió, don Hugo Burgos García, el eficiente Secretario de Turismo del Estado, se regalarán doscientos ejemplares. No sean eggones, está bien pesado, cuesta trabajo cargarlo. Les vendo un puerco sitiado y republicano.

Las bellas Perusquía Alcocer, con Chicovel y el Cronista Divo. FOTO: ARCHIVO
Estudiantina de Querétaro 1882. FOTO: ARCHIVO

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