Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO MERCANTIL II

Por el año de 1848 un “baratillo” se colocó en el espacio que ocupara la huerta del convento de San Antonio de los dieguinos (actual Jardín de La Corregidora, en avenida Corregidora y la calle 16 de septiembre); eran principalmente “tilicheros” que intercambiaban o vendían fierros, cuchillos, hoces, machetes. Más tarde se hicieron mejoras y se colocó un techo de hierro en forma de pérgola para lo cual fue menester eliminar los colaterales de la Fuente de Neptuno -obra del arquitecto Eduardo Tres Guerras-, construida en 1797. El espacio se organizó en virtud de las disposiciones del Ayuntamiento y se incorporaron los vendedores de ropa, legumbres, frutas y demás enseres.

En las viejas fotos de aquella época se presentan ante nosotros los vecinos deambulando y sacando el agua de la fuente rodeada de “pilones”, además de las señoras que cargaban sus mandados y sin faltar los comerciantes en sus trueques. Al frente funcionaron varios comercios y un baño para caballos.

En 1880 se volvieron a realizar mejoras en ese espacio. En la plaza del mercado San Antonio pronto fue terminada la techumbre con vigas de jaripeo. Fueron reubicados los comerciantes que operaban en la Plaza Independencia (actual Plaza de Armas) a este lugar en ese mismo año. Este mercado fue trasladado hacia el mercado “Pedro Escobedo” en 1909 para realizar las obras de construcción de un jardín con el monumento a “La Corregidora”, en el ambiente de las festividades del “Centenario de la Independencia Nacional”.

Con anterioridad se había constituido una comisión, la cual tenía la misión de organizar los eventos, ceremonias y festivales alusivos a tan señalada fecha. Así pues, en la mañana del 13 de septiembre de 1910 se verificó la inauguración del monumento con la presencia de las fuerzas vivas de la ciudad, invitados especiales y parientes de doña Josefa Ortiz de Domínguez. Fue estrenada una obertura llamada “La Corregidora” además de el “Himno a la Corregidora”, ejecutados por la Banda y el Orfeón de Querétaro.

Jardín Corregidora

En este jardín conocido ahora como de “La Corregidora”, se desarrolló alrededor de la plaza el comercio de sombrererías y jarcierías así como de mecates, lazos, reatas, estropajos, cepillos para diversos usos, sillas de montar, morrales, ayates de ixtle, escobetillas, cestos de diversos tamaños elaborados con vara o mimbre, bolsas, fundas para diversos usos, taburetes, forros para sillas, cintos piteados y víboras donde se guardaban las monedas de plata, accesorios, fuentes, guantes, frenos, espuelas, tarugos, en fin todo lo que los arrieros y campesinos necesitaban para ejecutar labores y faenas en el campo, la cual era una de las actividades predominantes desde principios del siglo XX hasta los años setenta. Era el Querétaro rural al igual que el resto del país.

Las mercancías ofrecidas eran para el alcance de todos los bolsillos necesidades y gustos. Aparejos, mecapales, huaraches de lechuguilla y cuero, productos de henequén, sombreros finos de fieltro, con algodón y seda, los había de palma de paja tipo Panamá, de charro, piteados, con o sin toquilla, bordados a mano de cuatro pedradas, jaranos, texanos, de vuelta y vuelta, de palma delgada y cordobeses para dama. Los peregrinos se abastecían de capotes de cuero y palma, “sirgos” y zapatos mineros. Algunas casas del rumbo servían como bodegas o talleres, había comercios de semillas diversas, además de la Ferretería “Azteca”, la cual en épocas navideñas lucía en sus aparadores juguetes y artículos propios de la temporada, al igual que la pastelería “Magnolia”.

Estuvo también “La Hilandera”, una rebocería que ofrecía productos de todas clases y de diversos lugares. El jardín siempre estaba lleno de personas, era el tránsito obligado para los estudiantes del Colegio Civil y después de la Universidad queretana, además de lugar de citas y espacio de juegos de los niños que vivían por el rumbo. Por muchos años estuvieron los fotógrafos con sus cajones de colores; azules, rojos, amarillos y una gran cantidad de fotos de clientes, las famosas “Fotos de las Aguilitas”, mismas que eran llamadas popularmente así debido a las águilas que circundan el zócalo del monumento a doña Josefa Ortiz de Domínguez y que forzosamente salían en las fotos solicitadas. Estos fotógrafos fueron reubicados posteriormente en La Alameda por el lado de Zaragoza y Colón,  frente a lo que ahora es el Centro Cultural “Manuel Gómez Morín”. Ahora este espacio del Jardín de La Corregidora es un lugar para turistas donde hay restaurantes y bares, en que los “enganchadores” para asistir a uno de esos restaurantes se han vuelto un elemento molesto y nocivo, además del descomunal ruido y malos olores.

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