Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO MERCANTIL

El Ayuntamiento de Querétaro envió una iniciativa ante el gobernador Francisco Domínguez Servién para que los mercados tradicionales del municipio capitalino pasen a formar parte del Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Querétaro. Ninguno de los edificios de nuestros mercados está como para pertenecer al Patrimonio Cultural Material, pues el más viejo es el del Mercado Hidalgo que data de 1957, pero lo que se busca es que lo sean las tradiciones, usos y costumbres que esa hermosa e importante función mercantil desarrollan en nuestro tejido social queretano. Esto se me hace muy importante en momentos globalizadores en que todo se quiere privatizar. Con esto, el gobierno de Luis Bernardo Nava Guerrero demuestra que respeta los valores de la aldea local antes que venderlos a la aldea global. ¡Magnífica idea y promesa de campaña!

Qué mejor que el estudio sobre “La Historia del Comercio en el Centro Histórico de Querétaro” del doctor Edgardo Moreno Pérez para estudiar esta actividad tan añeja. Desde el siglo XVI existió el trueque en calle, resabios del tianguis indígena, los manteados árabes, la venta de mercaderías y esclavos española. El trueque, la venta, el negocio, el intercambio de cosas y mercancías; en todos los tiempos ha tenido sus propias características, y reflejan los tipos de sociedades, aspiraciones, dietas, expresiones, valoración y apropiación.

En nuestra ciudad de Santiago de Querétaro se dieron características muy especiales en el intercambio comercial desde el mismo siglo XVI, por haber estado (y estar) en el cruce de caminos de nuestro país. Algunas de las plazas se convirtieron en mercados administrados por la burocracia virreinal y posteriormente por la autoridad civil surgida a partir de la consumación de la Independencia Nacional.

Alrededor de las fuentes por lo regular se colocaban las vendedoras de frutas, verduras y legumbres, de aguas frescas en el verano, atole y tamales en invierno. Afuera de las plazas de gallos, de coliseo, de las casas de juego, de las cantinas y las peluquerías invariablemente se encontraban las vendedoras de gordas, de dulces, de polvorones y hasta de enchiladas. En la Plazuela de San Fernando (actuales Ezequiel Montes y avenida Del 57) se hacía un baratillo, donde los trabajadores de la Real Fábrica de Tabacos se surtían de toda suerte de artículos y viandas, siendo “regulado” para que terminara la vendimia “al meterse el sol”, so pena que alguna de las “cuatro patrullas” de los “Dragones de la Reina”, los expulsaran. Un Bando de septiembre de 1877 especificaba que esta disposición buscaba que el pueblo tuviera más expansión, es decir, que los tianguistas no estorbaran con sus mercancías el paso de la gente durante todo el día. En estos días de verdadero regocijo, se permitía el día 16 de septiembre a las personas que tuvieran puestos públicos los colocaran donde mejor les pareciere, ya en algunas de las plazas o en cualquier otro lugar, sin que por ello tuvieran que hacer pago alguno.

Antecedente del tianguismo, el ambulantaje es en nuestra ciudad producto de las condiciones económicas que derivan de la distribución de la riqueza, sostiene Edgardo Moreno. El comercio informal es un reflejo de nuestra sociedad llamado en tiempos actuales como “Comercio no estructurado”, donde los índices de desempleo se han incrementado debido a diversos factores.

Un mercado es un lugar cubierto dividido en puestos, en el que se venden especialmente productos alimenticios. Hay una gran diferencia con los tianguis: los aztecas les llamaban tianguiztli, que significa plaza del mercado, que por lo general están al descubierto, instalándose un día por semana en algún espacio abierto o en una plaza, de ahí la costumbre de decir, voy a la plaza.

En el Querétaro de los siglos anteriores, es decir, todavía hasta el último tercio del XIX, realmente no había mercados, había espacios o plazas donde se desarrollaban en forma cotidiana el mercadeo de los insumos necesarios para la alimentación que se preparaba en el hogar; había de todo y para todos los bolsillos, los que mucho tenían mucho y bueno comían, los que poco tenían, pues con poco se conformaban, por eso decía mi santa madre “Recaudo hace cocina no doña Catarina”, así en los tianguis muy temprano iban apareciendo los vendedores quienes en el suelo o en improvisados mostradores, y sobre una manta exponían sus mercadería; mantas, jorongos, verduras, frutas, maíz, frijol, verdolagas, aguamiel, pulque, piloncillo, gusanos de maguey, carnes, aves y cuadrúpedos, escobas, molcajetes, y todo producto de las industrias caseras. Entre aquel desorden, caminaban compradores, vendedores y perros famélicos, según la sabrosa crónica de Edgardo Moreno.

En los siglos XVIII Y XIX se instalaban los vendedores en la Plaza de Arriba (hoy Plaza de Armas o Jardín Independencia), en la Plaza de Abajo o Plaza del Recreo (hoy Jardín Zenea) y en el llamado mercado de San Antonio (hoy Jardín Corregidora). El primer tianguis o centro de comercio queretano fue el de la Plaza de San Francisco a partir de 1551 y el primer mercado en el sentido estricto de la palabra fue el de San Antonio, por disposición del gobernador Francisco de Paula y Mesa.

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