Andrés Garrido del Toral

DIVO

QUERETALIA

EL QUERÉTARO UNIVERSITARIO

Defino como Autonomía Universitaria la capacidad que tiene una universidad para poder darse sus propias autoridades y normatividad a partir de la Constitución y el marco jurídico implementado por el Estado, en este caso, la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Pues bien, cuando se da el relevo del rector Enrique Rabell Fernández en noviembre de 1979 por no ser bien visto a los ojos del gobernador Rafael Camacho Guzmán porque aquél era amigo de su eterno rival político, Fernando Ortiz Arana, surge poderosamente la candidatura de Mariano Palacios Alcocer a la Rectoría, misma que Palacios no aceptó de momento por deferencia a uno de los eternos candidatos: Guillermo Herbert Álvarez. Cuando las rondas de votación en el Consejo Universitario no bastaron para elegir entre los maestros Herbert y Arreola, los votos se fueron inclinando a la candidatura del joven director de la entonces Escuela de Derecho, quien no tenía la edad para ser rector, ya que contaba con 27 años y la Ley Orgánica exigía 30 años cumplidos.

Mariano Palacios había llegado a la Dirección de la Escuela de Leyes en julio de ese mismo año de 1979, al vencer  a las candidaturas de Ramón González Flores y de Braulio Guerra Malo, a punto de terminar su período de presidente municipal de Querétaro que corrió del 1 de octubre de 1976 al 30 de septiembre de 1979. Braulio Guerra se sumó para siempre al proyecto de MPA y fue ampliamente correspondido.

El joven candidato Palacios Alcocer no conocía ni tenía relación con el gruñón gobernante Camacho Guzmán y no faltaron los consejeros de oficio que le recomendaron buscar al viejo cetemista para que “lo dejara llegar a la Rectoría”. Palacios Alcocer fruncía el entre cejo y contestaba con mucha dignidad: “no puedo ir a buscar al gobernador para que me siente en la Rectoría porque después cómo defendería los derechos de los universitarios”. Los que lo rodeaban aplaudían su valentía y dignidad; los tradicionalista se espantaron porque siempre vieron como normal que un rector llegara con el apoyo o visto bueno del gobernante en turno.

Solamente tuvo el candidato universitario un acercamiento con el entonces secretario general de Gobierno, su antiguo maestro Alberto Macedo Rivas, gran jurista y ex rector de la U.A.Q. en los años sesenta, porque era el caso de que don Alberto era el suegro de uno de los marianistas de toda la vida: el ingeniero Manuel Avendaño Vega. Finalmente llegó Mariano Palacios –con todo y dispensa del Consejo Universitario a su edad de 27 años- y el destino quiso que en mayo de 1980 se enfrentara al gobierno camachista cuando éste utilizó la fuerza policíaca para reprimir injustamente a normalistas y preparatorianos, además de penetrar en el campus de la Prepa Sur para cometer sus arbitrariedades: la U.A.Q. se levantó en huelga y tomó las calles y plazas con el respaldo popular y el recio gobernador tuvo que renunciar a los funcionarios responsables del atentado contra la juventud estudiosa. Vimos con beneplácito la caída de la procuradora y ex reina de la belleza queretana Hilda Martha Ibarra, así como la del director de Seguridad Pública y Tránsito y la del nefasto jefe policiaco Susunaga. Mariano Palacios Alcocer se convertiría en senador de la República y en 1985 sucedería en el gobierno estatal precisamente a Rafael Camacho Guzmán.

Ya luego el doctor Palacios Alcocer se convertiría en el queretano que ha ocupado más puestos importantes en toda la Historia de la entidad al ser diputado federal, embajador de México en Portugal y en El Vaticano, secretario del Trabajo y Previsión Social y presidente del PRI nacional en tres ocasiones. Sin duda, es de las mentes más brillantes que han surgido de la Universidad Autónoma de Querétaro sino que la más
brillante.

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