Alejandro Angulo

ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE

Algunas lecciones en el Caso del Eje Zaragoza

En México cargamos un retraso en planeación urbana y más aún en lo que se refiere a las zonas metropolitanas que tienen una complejidad mayor. Así las cosas, al hablar de la planeación urbana de acuerdo a los especialistas del tema como el Dr. Ignacio Kunz o el urbanista Enrique Pérez Torres, nos estamos refiriendo a la intervención sistemática con visión de futuro, legitimidad política y técnica para construir soluciones para el conjunto de los problemas que aquejan a una ciudad que implica la toma de decisiones con racionalidad. En el caso de Querétaro, y en particular sobre la propuesta del Eje Estructurante de Zaragoza, hemos sido testigos en la última semana de una radiografía que muestra desequilibrios entre la planeación y la participación ciudadana. Y señalo lo anterior, pues frente a un proyecto rector del Sistema de Ejes Estructurantes que plantea una ordenación de la movilidad en la urbe de la capital y zona metropolitana, se ha levantado un clamor social que se resume en “No a la tala de Árboles”. Que en principio muestra, por un lado, el interés de la ciudadanía al menos en un tema que son los árboles. Pero el desequilibrio deviene en varios aspectos:

Por una parte, en la dimensión temporal que se refiere a la discusión pública entre autoridades y actores diversos, pues hoy la discusión no se centra en “el qué”, sino en “el cómo”, es decir, que el macroproyecto del sistema de ejes estructurantes que sería “el qué”, ya sucedió en el tiempo anterior, desde su presentación hace al menos dos años, en que fue informado, propuesto, expuesto y discutido, como una solución para favorecer la movilidad en el transporte público; reducir el tráfico y el tiempo de traslado; y sobre todo la reducción de emisiones de CO2  en más de 100 mil toneladas al año, del principal sector responsable de ellas, el transporte.  Mientras que “el cómo”, está en el presente, representado hoy en el eje de Zaragoza.

Por otro lado, el desequilibrio también se muestra, en la escala, es decir, que mientras la autoridad informa públicamente sobre un Eje que forma parte del Sistema, los ciudadanos, protestan en la escala micro, o sea, con respecto a qué pasará con los espacios de estacionamiento en la vía pública que afectarán a tal o cual comercio, y mejor aún, sobre la permanencia en el camellón de árboles ficus que fueron plantados. Ambos son dos escalas distintas y ello produce el des-oído, la ausencia de comunicación, y lo más importante la construcción de consensos. Y aquí es donde surge irremediablemente el asunto del “interés común o público”, ¿cuál de las dos visiones debe prevalecer en aras del interés común?, y nos referimos al interés de los habitantes de Querétaro, no sólo de algunos actores. La solución se antoja casi imposible cuando son diferentes las escalas de la planeación, micro y macro.

En la planeación urbana, importan tanto la escala temporal como la espacial, para lograr una gobernanza urbana, que inicia con la información acerca del proyecto, para propiciar el diálogo entre los distintos actores que seguramente expondrán su punto de vista, para continuar, enseguida en “el cómo” sería aconsejable llevar a cabo el proyecto, integrando propuestas técnicas, intereses locales de los actores y salvando la principal restricción planteada por grupos de ciudadanos: “No a la tala de árboles”. Sin duda, el caso del Eje de Zaragoza, plantea ciertos retos como la inclusión de actores, la articulación de las escalas, la solvencia técnica de las distintas propuestas y algo muy importante, que privilegie el interés común o superior para evitar el cruce del interés particular.

En éste sentido, los actores en su conjunto, tienen ante sí, el reto de construir un espacio público, para la construcción de una visión común y compartida de la sociedad, en la que es posible oírnos todos.

Mientras, el proyecto está sobre la mesa de la discusión pública, desde el pasado miércoles,  que se expuso en el Foro Informativo, que se adelantó a incorporar propuestas de grupos ambientalistas y ciudadanos, al concebir un proyecto sin remoción de árboles, por el contrario, incorporarlos en el mismo diseño técnico de las estaciones; al solventar dicha propuesta, para que especialistas certificados realicen el trabajo cuidadoso; al realizar los estudios pertinentes para contar con las autorizaciones respectivas; y crear un espacio social de diálogo constructivo, con los diversos actores. Ahora, es el turno de los distintos actores para procesar la información y pasar de la acción legitima contestataria, al de la construcción de consensos con visión de futuro y en aras del interés común.

La construcción de una gobernanza urbana está en camino, y pondrá a prueba la madurez de los actores para dirimir un futuro para los próximos 10 años, en que aún seguirá creciendo la ciudad, su zona metropolitana y más problemas urbanos a resolver.

Me parece que la historia ha colocado a Querétaro en el momento justo, para producir una solución de vanguardia como aporte en la planeación urbana y la participación ciudadana, lo cual dependerá de las capacidades de diálogo, propuesta técnica y visión compartida de todos los actores sean estos grupos de ciudadanos, ambientalistas, comerciantes, usuarios del transporte, iniciativa privada y por supuesto, en forma integral, de las dependencias de la administración pública estatal, el municipio capital y de los otros municipios que integran la zona metropolitana, que también les atañe por su impacto en la movilidad.

Lo que sí es seguro, son las lecciones que en el lapso de 15 días hemos aprendido: que la descalificación de unos a otros no es el camino correcto; que el inicio en todo proceso de participación es el suministro de la información del proyecto; que se ha hecho patente el clamor ciudadano por el árbol; que hay voluntad de las instituciones de incorporar técnicamente criterios ambientales en el proyecto y; que ambos actores, gobierno y sociedad, muestran disposición a dialogar.

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