Alejandro Angulo

ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE

Participación ciudadana en la transformación del paisaje natural urbano

Estamos ante la presencia de un hito en cuanto a la transformación del paisaje natural urbano en Querétaro, lo implica por un lado conocer las expectativas y actitudes de la población, así como el agrado que despierta el paisaje, pues es un componente básico en el diseño de las estrategias ambientales que conducen a una gestión sostenible del territorio. Un territorio planificado, con una valoración positiva por parte de la población, consensuada en cuanto al estilo de desarrollo, con un mínimo nivel de implicación individual y colectiva en la gestión cotidiana del mismo, puede conseguir las cuotas de sostenibilidad suficientes y necesarias.

El valor de la información ambiental como instrumento de sensibilización social de los valores paisajísticos, es una de las muchas tareas que se han considerado prioritarias para la conservación del territorio. No es posible pretender transformar y proteger un paisaje sin informar, sensibilizar e involucrar a la población en su conservación. Como, a su vez, es poco convincente informar y transmitir a la población acerca de su importancia, sin contar con los instrumentos de gestión de índole legal, técnico y, sobre todo, con un presupuesto y personal explícitamente dedicado a las actividades consignadas para su conservación.

Por ello, es necesario efectuar una reflexión para identificar los mejores procedimientos y técnicas para comunicar, transmitir y profundizar en el valor de los bienes y servicios ambientales de los paisajes, lo cual ayudará a aumentar su conocimiento, interés y aprecio, logrando con ello su mejor conservación. Así tenemos que la participación es el proceso mediante el cual los ciudadanos asumen el compromiso de trabajar por la solución de problemas públicos y privados, utilizando los mecanismos de participación ciudadana existentes y ejerciendo los derechos reconocidos en la Ley, que contribuyen al desarrollo humano y ambiental sostenible. Este proceso se puede hacer en coordinación con diferentes entidades públicas, el sector productivo, organizaciones no gubernamentales, comunidades y el sector académico.

La participación en los asuntos públicos es un derecho fundamental de la ciudadanía. A partir de ahí, es un proceso por el cual las personas “toman parte” en las resolución de los problemas comunes, y “dan forma” a otro escenario, aportando la propia creatividad, los diferentes puntos de vista, los conocimientos, habilidades o recursos, compartiendo finalmente la responsabilidad en la toma de decisiones.

Se requiere un manejo pulcro y transparente de la información que es suministrada durante el proceso y de la que es recibida a lo largo del mismo. Por lo tanto, la participación ciudadana permite implicar a los ciudadanos en los asuntos públicos aportando su criterio y experiencia en el planeamiento y desarrollo de los mismos, y permite a las instituciones un acercamiento mayor hacia la ciudadanía como fórmula para garantizar una adecuada satisfacción de sus necesidades y expectativas. A continuación se destacan los aspectos más relevantes que aporta la participación pública en la gestión ambiental.

  • Favorece el sentido de pertenencia y de responsabilidad, y la identificación de las personas con su medio.
  • Enriquece las decisiones, al conocer el punto de vista, las preocupaciones, valores, prioridades y sugerencias de los ciudadanos, repercutiendo en un mejor diagnóstico del territorio.
  • Aprovechar el conocimiento local y la experiencia de la ciudadanía ofreciendo la oportunidad a alcanzar mejores propuestas.
  • Incrementa la confianza de las personas con la administración, lo cual puede prevenir conflictos.
  • Aumenta la capacidad por parte de la ciudadanía de vigilar.

La participación ciudadana, como hemos visto, es un elemento clave para mejorar la viabilidad de las políticas y actuaciones en materia paisajística y medioambiental; pero también adicionalmente permite alcanzar los siguientes objetivos:

  • Disminuir tensiones de diferentes tipos.
  • Llegar a acuerdos que respeten la cosmovisión y cultura locales.
  • Cambio de actitudes cotidianas y por tanto de mentalidad. Los cambios de actitudes y valores no pueden conseguirse exclusivamente sólo mediante medidas legislativas, fiscales, políticas, ni campañas informativas y educativas, sino que requiere de la implicación de la ciudadanía en el diseño, decisión, consecución y vigilancia de los planes, programas y acciones que se decidan llevar a cabo. Más que el respeto a una legalidad, se debe buscar una nueva legitimidad de la acción pública que se beneficie además del carácter bidireccional de las prácticas de la participación.
  • Comprender lo global mediante la implicación local. Es cierto que la implicación de la ciudadanía en los problemas ambientales sólo puede llevarse a cabo en aquellos asuntos que le afectan directamente (locales) o excepcionalmente en aquellos asuntos de gran repercusión, normalmente motivados por algún tipo de catástrofe. Sin embargo, en ocasiones esta dedicación local impide la visión global y de futuro.
  • Mejorar las tradicionales relaciones de enfrentamiento entre ciudadanos y administración. La implicación de la población en parte de la gestión pública, a través de los procesos de participación, favorece que ésta entienda mucho mejor las complejidades y dificultades de la toma de decisiones de las administraciones públicas, valorando de otra forma la acción política y éstas a su vez conseguirán una mayor cercanía que provocará una mejor comprensión de la realidad a través del conocimiento en proximidad de la ciudadanía y podrán aplicar de manera más eficiente y acertada las medidas a llevar a cabo, incluyendo de forma destacada la mejora de la transferencia de información de la administración al ciudadano.
  • Alcanzar soluciones socialmente aceptables. La implicación de la ciudadanía en los diferentes procesos, además de aportar la visión de los mismos, provoca a su vez una comprensión más profunda de los problemas, de las diferentes soluciones que pueden llevarse a cabo y de los diferentes matices que los problemas suelen conllevar. Este hecho provoca que aquellas personas que participan en dichos procesos, comprendan ciertos acuerdos y soluciones, que de forma aparente o intuitivamente podrían parecer contraproducentes. Asimismo, este tipo de personas actúan de altavoz dentro de su comunidad más próxima, para la difusión y análisis de dichas soluciones. En este sentido, la participación puede dar como resultado el alcanzar soluciones socialmente más aceptables.
  • Transparencia. La participación en las diferentes etapas de un proyecto y/o proceso de gestión ambiental y la implicación de la ciudadanía en los mismos, provoca que estos procesos se realicen necesariamente en un clima de transparencia que aumenta la confianza de la población.
  • Mayor argumentación. Mediante la participación, existe una mayor argumentación de las decisiones políticas que se llevan a cabo ya sea por el sencillo y mero hecho de que se tienen que explicar en los foros ciudadanos o porque además son debatidos y contrastados.
  • Mantenimiento y vigilancia. La participación ciudadana es indispensable para el desarrollo de un eficaz sistema de vigilancia y mantenimiento. Son los habitantes y ciudadanos los primeros que van a detectar irregularidades, fallos, inconvenientes, desperfectos, etc. que podrán ellos mismos solucionar mediante los mecanismos que estén previstos, así como alertar a los responsables adecuados.

En definitiva, la implantación de mecanismos de participación ciudadana en la transformación del paisaje natural urbano provoca el aumento de las oportunidades para alcanzar los objetivos deseados en la gestión de la sostenibilidad. Esto es debido a que se mejora la detección de los problemas y soluciones, se crea un sentido de apropiación por parte de los agentes sociales que provoca su implicación, motivación y cuidado en el proceso, aumenta la sensibilización a los problemas sociales y ambientales y por tanto a la modificación de sus conductas, asegura la transparencia y comprensión de la gestión pública, lo que además consolida la imagen de las administraciones implicadas.

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