Alejandro Angulo

ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE

Los retos de la ciudad: Querétaro (2ª de 2 partes)

En esta segunda parte, abordaré la cuestión de la gobernanza en la ciudad, ya que las formas que se dieron en las pasadas dos décadas, han dejado de funcionar y sobre todo de ser mecanismos idóneos a la nueva realidad que reclaman los ciudadanos.

¿Qué gobernanza requiere la Ciudad?

En esta medida, hay que repensar que los Consejos Ciudadanos y los Foros de Consulta Ciudadanos ni expresan una representatividad legitimada, ni son suficientes para que los ciudadanos participen en la toma de decisiones, pero tampoco, sirven hoy para fiscalizar a los gobernantes e impedir decisiones contrarias al bien común.

Por ello, hoy pensar en la gobernanza de la ciudad implica abrir los cauces reales de participación, de la formulación con propuestas en las políticas públicas, en la toma de decisiones efectiva, de fungir como auditores sociales en los programas, proyectos y ejercicio del presupuesto. Una ciudad actual, moderna, compacta, con calidad de vida y sustentabilidad requiere como condición un sistema de gobernanza democrática, incluyente, abierta, informada, y sobre todo de respeto y de cara al ciudadano. La premisa consiste en que la ciudad es de todos, no de los gobernantes, ni sólo de los grupos económicos, ni tampoco sólo para hacer muchos negocios, por el contrario, en la ciudad habitamos ciudadanos con diversidad de gustos, opiniones, necesidades, intereses, pero aún más, con el sentido de hacer de la ciudad un lugar habitable. Consideremos simplemente que de acuerdo a las proyecciones del Consejo Estatal de Población (Coespo), que señalan que para el 2021 habrá 2 millones 175 mil 89 habitantes en el estado, de los cuales un millón 318 mil personas radicarán en la Zona Metropolitana. 

Son variadas las formas de participación para crear una nueva gobernanza, por ejemplo, en la discusión y controversias sobre los cambios al ordenamiento ecológico del municipio capital, se hubiera superado, sí en el seno del Comité, estuviera considerada la participación ciudadana con voz y voto, si hay mismo al interior de la administración municipal existiera un órgano ciudadano de Contraloría Social que observara las decisiones y a los funcionarios y si además se hubiera implementado la figura de consulta vecinal (que ya existe en la Ley de Participación ciudadana), si la autoridad estatal ambiental ya hubiera resuelto la denuncia ciudadana emitiendo las recomendaciones sobre el caso, y sí se hubiera tomado en cuenta la propuesta ciudadana para el Reglamento del Comité, de prohibir cambios en zonas de alto valor ambiental y sí la información solicitada se hubiera entregado a tiempo. En última instancia, sí se pusiera a consideración de los ciudadanos bajo el esquema de Referéndum (que hubiera sido viable antes de privatizar el servicio de limpia, medida que todos los ciudadanos rechazamos).

Hay que partir de que la Participación Social es la intervención de los ciudadanos en la toma de decisiones respecto al manejo de recursos, programas y actividades que impactan en el desarrollo de la comunidad. La Participación Social es un legítimo derecho de los ciudadanos y no una concesión de las instituciones.

La participación es el proceso de involucramiento de los individuos en el compromiso, la responsabilidad y la toma decisiones para el logro de objetivos comunes. Este proceso es dinámico, complejo y articulado, que implica diferentes momentos y niveles.

Resulta importante mostrar la siguiente tipología de participación para entender la evolución de la misma.

La utilidad de una clasificación como ésta para la ciudadanía es que, con este conocimiento, posibilita valorar qué tipo de participación se les ofrece y, quizá, demandar niveles de participación genuina.

Nivel de la no-participación

Peldaño 1: Manipulación. Representa la distorsión de la participación como herramienta de quienes detentan el poder. Se trata de engañar a la población en un supuesto proceso de participación en el que no se les informa correctamente y tampoco se les consulta de forma adecuada.

Peldaño 2: Terapia. Quienes administran esta forma de participación «asumen que la falta de poder es sinónimo de enfemerdad mental» y, bajo ese supuesto, crean un entorno dónde la ciudadanía se desahogue o se les trate pero sin atender a su expresión.

Nivel del formulismo

Peldaño 3: Información. Se establece un canal unidireccional en el que se facilita información de sus intenciones pero sin dar opción a la réplica. Informar a la ciudadanía de sus derechos, responsabilidades y opciones puede ser el primer y más importante paso para legitimar su participación. Sin embargo, si se trata de un canal unidireccional, en el que no hay lugar a la negociación, la participación no se completa.

Peldaño 4: Consulta. Se crea un entorno de expresión de la ciudadanía y atención a la misma, aunque sin el compromiso de tratar, tener en cuenta e incorporar sus opiniones a las decisiones finales.

Peldaño 5: Aplacador. Se aceptan algunas propuestas de la ciudadanía que sirvan como muestra de las intenciones de quienes ostentan el poder, pero sin permitirles ser partícipes reales de las decisiones globales.

Nivel de la participación:

Peldaño 6: Colaboración. Es un proceso de negociación derivado de las demandas ciudadanas pero conducido por una minoría poderosa en todos sus ámbitos.

Peldaño 7: Delegación de poder. En este peldaño, la ciudadanía cuenta con ámbitos en los que su opinión prevalece sobre la minoría poderosa.

Peldaño 8: Control ciudadano. En el que la ciudadanía participa sin tutelaje alguno del gobierno

En éste sentido, la participación ciudadana debe incidir en:

La toma de decisiones

Eliminar la corrupción

Procurar el bien común

La otra cuestión toral se refiere a la corresponsabilidad, la cual implica algo muy amplio, pero si lo acotamos desde la perspectiva de que la Ciudad es de Todos, para hacer de este espacio urbano un lugar con cualidades de habitabilidad, entonces podemos ver claramente que en los problemas centrales y comunes se debe establecer el principio de corresponsabilidad.

En el campo ambiental hay al menos tres ejes que requieren de la corresponsabilidad, los cuales son:

La disponibilidad de agua. – Esto requiere de la corresponsabilidad para gastar menos agua, para conservar las zonas de recarga de acuíferos, para tratar las aguas residuales y reutilizarlas, y ello implica, como mecanismo, una compensación marginal de al menos $ 1 peso por metro cúbico que recibimos, a fin de que la autoridad cuente con mayor presupuesto para emprender tales acciones y pagar un servicio ambiental a los poseedores o dueños de tierras que son zonas estratégicas para la recarga de los acuíferos, en lugar de venderlas para construir más casas.

La contaminación atmosférica. – Hemos duplicado las emisiones per cápita en más del doble, y ahora corresponden 10 Ton/anuales de CO2. Hasta el momento el único mecanismo e instrumento es la compensación de los propietarios de autos y camiones que cada año compensamos con una cuota, sin embargo, el resto de los actores que emiten CO2 como son las industrias, que obtienen una utilidad por sus procesos productivos, pero que no compensan sus emisiones, por lo que es urgente que también se corresponsabilicen.

La conservación de zonas con vegetación. – Este eje es por demás necesario, pues la ciudad necesita de éstas áreas para proveer de oxígeno, captura de CO2, limpieza de partículas contaminantes, paisaje, entretenimiento, control de riesgos sobre todo de inundaciones y erosión, biodiversidad y al final de cuentas, una calidad de vida.

A los gobiernos les cuesta mucho aceptar la pertinencia de la corresponsabilidad, porque creen que es un impacto negativo de su imagen, pero lejos de ello está la verdad, pues si se materializa la corresponsabilidad y se aplican los recursos en ello mismo, la ciudadanía lo aceptará con gran beneplácito. Es el acto donde se concretiza el bien común.

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